El secreto de Duncan

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Capítulo 3.

La clase transcurría de una manera increíblemente lenta y tediosa, lo que no es sorpresa dado que no puedo concentrarme en lo absoluto pues no dejo de imaginar al profesor Blackbourne corriendo a todos los estudiantes excepto a mí y luego matándome o sacando un cuchillo del maletín y comenzar a matarnos a todos, tampoco es de mucha ayuda el hecho de que su mirada prácticamente no se haya apartado de mi desde que la clase dio inicio hace media hora, aun no logro dilucidar que me pone más nerviosa, si su mirada que no deja de estudiarme o la sonrisa maliciosa que se le escapa de vez en cuando. Dejo que mis pensamientos arrastren a mi mente lejos mientras me lamento pues sé que gracias a él esta clase que pensé que sería mi favorita va a convertirse en un tormento.

Al parecer mis divagaciones cumplieron su objetivo de hacerme matar el tiempo pues después de lo que para mí parecieron minutos pero que en realidad fueron horas ya la clase está por finalizar. El profesor Blackbourne comienza a pasar la asistencia mientras me observa de tanto en tanto supongo que esperando descubrir cuál es mi nombre, nombra a algunos de mis compañeros y cuando levantando su mirada su voz dice mi nombre respondo tartamudeando un poco causando que aparezca una sonrisa de superioridad en su rostro mientras baja de nuevo la mirada, sigue nombrando a los demás estudiantes con sus ojos fijos en la hoja y al nombrar a Ava vuelve a levantar la mirada y al ver que estamos sentadas juntas le sonríe a Ava haciendo que ésta le responda con coquetería. Termina de pasar la asistencia y comienza a dar las pautas para la clase siguiente que para mí desgracia es mañana pues esta materia la veremos todos los días.

Al terminar de hablar nos desea a todos un buen día mientras yo comienzo a recoger mis cosas y levantarme con premura para salir lo más rápidamente que pueda de aquí, cuando estoy a medio camino entre la puerta de salida y mi asiento un carraspeo llama mi atención haciendo que dirija mi mirada hasta la fuente del sonido que no es otro que el profesor que pausadamente dice:

—Señorita O’Shea preciso hablar con usted así que necesito que se quede un momento por favor.

— ¿Es muy urgente profesor? —Pregunto mientras tiemblo internamente debido a los nervios—, es que justo ahora tengo otra clase.

—Es algo sumamente importante, pero descuide si está muy preocupada puedo darle a su amiga la señorita Palmer una nota excusándola para que se la entregue al profesor —dice mientras se acerca a su escritorio escribiendo algo en un papel que luego le da a Ava mientras le dice—. Por favor asegúrese de entregarle esto al profesor para que la señorita O’Shea no se meta en problemas.

—No hay problemas profesor —responde Ava sonriéndole con coquetería mientras deja el salón con su usual contoneo de caderas.

—Tome asiento señorita O’Shea —dice mientras señala una silla frente a su escritorio y se acerca a la puerta del salón. De pronto de oye el chasquido del seguro de la puerta siendo puesto y mis piernas tiemblan incontrolablemente mientras me siento en la silla que me señalo.

— ¿Sabe por qué esta aquí señorita O’Shea? —pregunta mientras se acerca a su escritorio y se apoya en el quedando a pocos centímetros de mí.

—N-no señor —contesto temblando.

—Sé que lo sabes pequeña fisgona, por lo que vamos a ahorrarnos tus negaciones e ir directo al punto —dice caminando a mi alrededor —. ¿Eso que viste anoche? No deberías haberlo visto, pero ya que lo hiciste hay que hacer algo al respecto.

— ¿Q-qué quiere decir?

—Lo que quiero decir es que si no quieres sufrir el mismo destino que el chico vas a mantener esa hermosa boca cerrada ¿está claro? —Contesta mientras coloca sus manos sobre mis hombros y acerca su rostro a mí para susurrar en mi oído—. O si lo prefieres, puedo divertirme un poco con esa amiguita tuya mientras tú nos observas sin poder hacer nada ¿eso te gustaría?

—Esto es solo entre usted y yo, ni se le ocurra meter a Ava en esto —le replico sorprendiéndome por lo firme que soné aun cuando por dentro estoy temblando más que un chihuahua.

—Pues no me hagas hacerlo pequeña, en tanto tú te mantengas en silencio con respecto a lo que sucedió anoche y a esta conversación nada malo va a pasarte ni a ti ni a nadie —dice y apretando aún más sus manos en mis hombros continua—. Pero si se te ocurre tan siquiera comentar algo al respecto voy a saberlo y a enojarme y créeme, el infierno parecerá inofensivo en comparación a lo que te haría si llegara a enfadarme ¿estamos claros?

El tono con el que dijo esto último me asusto tanto que lo único que pude hacer fue asentir frenéticamente.

—Me alegro que hayamos tenido esta charla —dice apartando sus manos de mis hombros y alejándose de mi mientras acaricia mi cabello causándome escalofríos—. Ahora, si alguien te pregunta, quería hablar contigo para decirte que tú serás mi asistente, lo cual es verdad pues necesito tenerte vigilada.

— ¿L-lo dice en serio? —pregunto comenzando a hiperventilar pues la perspectiva de verlo todos los días fuera de clases no me parece para nada atractiva.



Liz Tovar

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En el texto hay: misterio, asesinato

Editado: 11.07.2018

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