El secreto de Duncan

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Capítulo 5.

—Qué bueno que nuestra primera clase es con papacito Blackbourne, no soportaría ver al profesor Rodríguez a esta hora —dice Ava mientras ingresamos a la facultad de psicología para asistir a nuestras clases del día.

—Amiga, nadie puede soportar al profesor Rodríguez a ninguna hora —respondo estremeciéndome pues dicho profesor es realmente espeluznante.

—En eso tienes razón, pero bueno, ya basta de hablar de profesores espeluznantes, repasemos el plan de ataque de hoy.

—Deja de decir tonterías, no habrá ningún plan de ataque pues no atacare al profesor Blackbourne de ninguna manera.

— ¿Y perder todo el trabajo que hice? cariño, eso ni pensarlo.

—No voy a hacer nada, así que no es necesario que planees cosas.

Y es que esta mañana fui levantada por el sonido de Ava revolviendo todo mi closet hasta que encontró lo que a su parecer era el conjunto perfecto para mi primer día como la asistente de Duncan Blackbourne. Después de vestirme con los pantalones negros más ajustados que tenía, una camisa tipo halter turquesa y unos botines de tacón grises; comenzó a ondular mi cabello rubio y a maquillarme como si fuera a asistir a un desfile de modas en lugar de un día común de clases. Luego en el auto comenzó a darme sus “infalibles consejos para conquistar” y paso casi todo el resto del trayecto fantaseando sobre una posible relación entre el profesor y yo, estuve tentada en más de una ocasión a decirle en qué circunstancias conocí al profesor por primera vez, pero cada vez que estaba a punto de hacerlo, venía a mi mente la manera en la que me había amenazado la última vez que nos vimos y eso era suficiente para impedir que dijera algo al respecto.

Al entrar en el aula del profesor Blackbourne pude constatar como todas las chicas que se encontraban en el salón me miraban con diferentes grados de repulsión y algunas incluso con odio, por lo que mi respuesta fue mirarlas con una sonrisa de suficiencia. Aunque ser la asistente del profesor Blackbourne no es en realidad algo que quisiera hacer, bien podía regodearme de ello y hacer sentir mal a las que si querían serlo.

Al desviar la mirada hacia el profesor Blackbourne lo encontré mirándome con una sonrisa divertida por lo que nerviosamente me apresure a sentarme en mi mesa y enterrar mi rostro en el cuaderno, sabía que tenía que hacer todo lo posible para que este no cumpliera con su amenaza.

La clase paso de una manera sorpresivamente rápida y puedo decir que hasta la disfrute, pues el profesor Blackbourne no me miro ni una sola vez y sin el nerviosismo que me causaba su mirada cuando esta se posaba en mi pude prestar atención a todo lo que decía y tomar mis apuntes mejor que nunca. Una vez finalizada la clase los demás estudiantes comenzaron a salir del salón así que me acerque lentamente al escritorio del profesor para preguntarle sobre mi trabajo como su asistente y sin siquiera levantar la mirada pues estaba ocupado con unos papeles me respondió que por el momento no era necesaria y que tenía que presentarme sin falta en esta aula después de mi última clase.

Por suerte, o por desgracia dependiendo de por donde lo mire hoy era el día de la semana en que tenía menos clases por lo que más pronto de lo que en realidad quería me encuentro despidiéndome de Ava después de prometerle contarle todos los detalles cuando llegara a casa. Me encamino al salón número 6 y escuchando el sonido de las personas adentro, me siento en una de las sillas que se encuentran frente a la puerta mientras me pongo a leer mi libro esperando a que la clase termine. Cuando ha pasado aproximadamente media hora, la puerta se abre y los estudiantes comienzan a salir de ella mientras hablan y se ríen, una vez que todos salen me levanto de la silla y me acerco a la puerta tocándola ligeramente.

— ¿Quién es? —pregunta el profesor Blackbourne en algún lugar del salón.

—Profesor Blackbourne soy Kirstyn O’Shea, su asistente por el semestre, usted dijo que viniera al terminar mis clases —respondo entrando al salón.

—Se lo que dije pequeña fisgona, de hecho te estaba esperando, acaba de terminar mi última clase del día —dice saliendo de una puerta que a mi parecer lleva a su despacho—. Y por favor no me digas más profesor Blackbourne que me hace sentir viejo, Duncan está bien.

—Claro profe… Duncan —respondo un poco temblorosa— ¿Qué necesita que haga?

—Puedes comenzar por ayudarme a corregir los ensayos que les pedí a los de primer semestre.

Asiento tomando la pequeña pila de papeles que me extiende y sentándome frente a su escritorio comienzo a corregirlos, el tiempo se me pasa súper rápido y siendo sincera el ponerme a corregir ensayos es algo que me gusta mucho pues siendo una gran amante de los libros, la ortografía y la gramática son cosas muy importantes para mí por lo que me vuelvo muy estricta y cualquier error me lo tomo de manera muy  personal considerándolos una ofensa aunque suene muy exagerado.



Liz Tovar

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En el texto hay: misterio, asesinato

Editado: 11.07.2018

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