El secreto de Duncan

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Memorias de Duncan: 1.

Tenía 6 años la primera vez que vi a mi hermanita Clarisse, mis padres la traían a casa desde el hospital y no podía estar más emocionado pues llevaba mucho tiempo pidiéndole a mis padres un hermanito o hermanita y al fin tenía una, finalmente tendría a alguien con quien jugar y ver televisión ¡Seria increíble!. Al principio todo era súper aburrido pues lo único que Clarisse hacia era comer, dormir y llorar a casi todas horas, más de una vez quise que la devolvieran pues me sentía arrepentido de haber pedido un hermanito.

Todo cambio cuando Clarisse cumplió sus 3 años, ya era lo suficientemente grande como para jugar conmigo y aunque yo tenía 9 años y la mayoría de los juegos que me gustaban ella aun no podía jugarlos por ser tan pequeña, a mí no me importaba jugar otras cosas con tal de pasar tiempo junto a ella.

A medida que fue creciendo, Clarisse fue convirtiéndose en el tesoro de nuestra casa, siendo muy querida tanto por mis padres como por mi pues cada vez más mostraba lo increíble que era y en que gran persona se convertiría, toda ella irradiaba una luz y una dulzura que casi no se encuentra en las personas y que no pasaba desapercibida para nadie, por lo que me prometí que iba a protegerla de todo y de todos y que no dejaría jamás que esa luz se extinguiese.

La tragedia toco nuestra puerta cuando Clarisse tenía 12 años y yo a penas cumplía la mayoría de edad, un conductor ebrio se saltó una luz roja e impacto en el coche de nuestros padres mientras ellos iban a un restaurante a celebrar su aniversario de bodas matándolos en el acto. Estuve a nada de derrumbarme, pero el saber que yo era lo único que Clarisse tenía me hizo ser fuerte y aguantar estoicamente todos los cambios que aparecían casi a diario en nuestras vidas.

Gracias a que ya había cumplido la mayoría de edad, pude quedarme con la custodia de Clarisse y reclamar la herencia. Decidí vender la casa en la que crecimos y comprar un modesto apartamento pues todos los recuerdos que teníamos de esa casa parecían asfixiarnos, con el dinero que sobro más mi fondo universitario, pude comenzar a estudiar psicología que era la carrera que siempre había querido estudiar además de ser la profesión de mi madre. Aunque existieron ocasiones en las que el dinero no era suficiente y me vi obligado a tomar cualquier empleo nocturno que pudiera conseguir, en muchas ocasiones el cansancio no me dejaba ni levantarme de la cama pero al final todo valió la pena pues sabía que todos los sacrificios que hacía eran para darle a Clarisse una mejor calidad de vida.

El día en que finalmente me gradué de la universidad es uno de los momentos que jamás olvidare, sentir que finalmente logre mi objetivo fue indescriptible y ver como el orgullo brotaba de cada poro de Clarisse me hizo sentir invencible, cada pieza estaba siendo colocada en su lugar y eso me tenía sonriéndole a la vida. Rápidamente comencé a trabajar como psicólogo y cada vez me iba más y más bien, las cosas mejoraban para nosotros y pronto fue el turno de Clarisse de asistir a la universidad.

Cuando la carta de admisión notifico que había sido admitida con una beca completa en la facultad de medicina no pude evitar emocionarme, me sentía increíblemente orgulloso de la niña que había crecido bajo mi cuidado y ambos no pudimos evitar derramar unas lágrimas sabiendo lo orgullosos que estarían nuestros padres.

Como predije, la universidad le sentó increíble a Clarisse, hizo muchas amigas y aunque a veces podía ver como la carrera la agobiaba un poco, siempre tenía una sonrisa en su cara, clara señal de que la disfrutaba como nunca.

Algo que siempre le agradecí a Clarisse, fue su completa falta de interés en el género masculino pues a pesar de que desde que entro en la secundaria comenzó a despertar interés, jamás salía con nadie pues decía que nadie le gustaba lo suficiente y no quería distraerse con cosas sin importancia.

Hasta ese día, ese fatídico día cuando durante la cena comenzó a hablarme sobre un chico de la facultad de derecho que había conocido y con quien había comenzado a charlar. Su nombre era Paul, era el hijo del rector y aunque era un poco mayor, según ella era perfecto.

Yo le creí como siempre, y cuando finalmente descubrí que Paul Brown era todo menos perfecto, ya era demasiado tarde…

 



Liz Tovar

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En el texto hay: misterio, asesinato

Editado: 11.07.2018

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