El secreto de Duncan

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Capítulo 14.

—Pues… —cuando voy a responder mi teléfono suena de nuevo por lo que reviso a ver de quien se trata, viendo que es Ava doy un ligero suspiro de alivio—, solo es mi amiga Ava.

 

Ava: ¿Qué has averiguado de mi futuro esposo?

 

Kirstyn: Nada ¿tendría que estar averiguando algo?

 

Ava: Obviamente, necesito saberlo todo.

 

— ¿Ese es el nombre de la pelinegra que estaba sentada a tu lado? —pregunta el agente con genuino interés.

—Sí, así se llama. ¿Y tú cual eres? ¿El agente Reyes o Soulier?

 —Soulier, Deckard Soulier —responde sonriendo y debo darle crédito a Ava, este pelirrojo es muy guapo.

 

Ava: Kirstyn esto es algo serio, mi felicidad depende de ti.

 

Ava: Si me ayudas te convierto en mi dama de honor y en la madrina de todos mis hijos.

 

Ava: ¿vas a ayudarme?

 

Ava: Kirstyn… ¿me estas ignorando?

 

Kirstyn: Ava Penélope Palmer, necesito que te calmes y te quedes tranquila, veré lo que puedo hacer.

 

Ava: Esta bien, pero no tenías que usar mi segundo nombre, sabes que lo odio.

 

Eso me hace reír, pues si hay algo que Ava odia es que se refieran a ella por su segundo nombre. Mientras caminamos a donde sea que me lleva, comienzo a hacerle algunas preguntas al agente Soulier por lo que descubro que tiene 26 años, ha vivido toda su vida en esta ciudad, es soltero y al parecer está bastante interesado en mi mejor amiga.

Finalmente llegamos a una pequeña oficina ubicada cerca de la oficina del decano y avisándole a Ava donde me encuentro entro por la puerta. La cara risueña del agente Soulier de inmediato se transforma en una máscara de seriedad y señalando a una silla ubicada frente al agente Torres, me indica que me siente.

Me acerco a la silla y un tanto nerviosa comienzo a detallar todo a mí alrededor. Las paredes blancas se encuentran totalmente desprovistas de cuadros y el único mobiliario que hay es el escritorio que se encuentra en todo el centro de la sala con dos sillas ubicadas frente a frente, una donde está sentado el agente Torres y otra donde esperan que yo me siente.

Tomo asiento y veo como los agentes Reyes y Soulier se quedan de pie a ambos lados de mi silla, se forma un silencio algo extraño por algunos minutos hasta que el hombre mayor dice:

—Buenas tardes, yo soy el agente Torres ¿usted es Kirstyn O’Shea?

—Si —respondo dubitativa — ¿Por qué lo pregunta?

—Estamos realizando algunas averiguaciones con respecto al asesinato de Paul Brown y necesito que conteste algunas preguntas.

— ¿Por qué me está interrogando a mí? ¿No debería hablar con amigos y familiares?

—Eso ya lo hicimos, así que por favor solo conteste las preguntas.

—Está bien —digo con seriedad y comienzo a reunir todas mis dotes de mentirosa.

— ¿Usted conocía a Paul Brown?

—No señor —al menos eso no es una mentira —, él estudiaba en otra facultad y yo no soy muy sociable.

Como constancia de ello están los casi nulos amigos que tengo en mi propia facultad.

— ¿Dónde estaba la noche en que Paul Brown fue asesinado?

—Estaba en una fiesta con mi amiga Ava —de nuevo no estoy mintiendo… completamente.

— ¿La fiesta realizada a pocas cuadras de la escena del crimen?

—Si.

— ¿Hasta qué hora estuvo en dicha fiesta?

—No lo recuerdo.

— ¿No vio nada sospechoso?

—No —respondo sonando increíblemente convincente.

— ¿Usted es la asistente del profesor Duncan Blackbourne?

—Si —terreno peligroso— ¿Por qué?

— ¿Sabe usted quien era Clarisse Blackbourne?

—No, pero supongo por el apellido que es familia del profesor Blackbourne —digo sonando bastante convincente.

—Era su hermana menor, ella tuvo un altercado con el señor Brown que resulto con ella quitándose la vida.

— ¿En serio? —pregunto asombrada y estoy bastante sorprendida por lo bien que estoy actuando.

—Así es, por lo que sabemos que Duncan Blackbourne tenía varias razones para cometer el crimen ¿no ha actuado de manera extraña últimamente?

—No que yo sepa, pero solo llevo conociéndolo por 1 mes aproximadamente.

— ¿Y en ese tiempo no ha dicho nada de Paul? —pregunta el agente Torres.

Pues prácticamente todos los días lo insulta y agradece el hecho de haberlo asesinado.

—No —me limito a responder—. ¿Eso es todo?

—Por ahora, cualquier cosa que sepas por favor no dudes en decírmela —dice el agente Torres entregándome una tarjeta—, Deckard, por favor acompaña a la señorita a su salón de clases.

Me levanto de la silla y me apresuro a salir de esa improvisada sala de interrogatorios, al segundo de salir me recuesto en la pared y cerrando los ojos respiro profundamente, jamás pensé que irme temprano de una fiesta haría que me convirtiera en la cómplice de un asesino que tiene que mentirle a la policía.



Liz Tovar

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En el texto hay: misterio, asesinato

Editado: 11.07.2018

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