El secreto de Duncan

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Memorias de Duncan: 3.

Los días que siguieron a la muerte de Clarisse pasaron de forma borrosa, me sentía a la deriva y nada parecía hacerme sentir mejor. Parecía que mi vida estuviese en pausa esperando algo —o a alguien— que me sacara del abismo donde estaba.

Sabía que Clarisse odiaría verme de esta forma, deprimido y estancado por lo que hoy finalmente decidí dejar un poco de lado mi dolor y acudir a la entrevista de trabajo en la universidad donde Clarisse estudiaba pues sé que ella realmente quería que yo diera clases allí.

El padre de Paul, el decano de la universidad fue bastante comprensivo aplazando varias veces la entrevista de trabajo, claro que todo fue movido por la culpa que sentía al ser uno de los responsables de lo que le paso a mi hermanita.

Mientras caminaba de forma vacilante por los pasillos, fui recibido por la típica escena universitaria que ni me moleste en detallar en profundidad pues quería terminar con esto rápidamente.

A medida que me acercaba a la oficina del decano, escuche unas risas provenientes de un grupo de chicos. Comencé a pasar de manera despreocupada a su lado, cuando una voz de manera maliciosa pregunto algo que me dejo paralizado en medio del pasillo.

— ¿Entonces lo que paso con esa chica Clarisse es cierto?

—Define cierto —responde la inconfundible voz de Paul Brown riendo —. Es posible que ella y yo tuviéramos algo que no funciono y ella triste por eso haya decidido matarse. No puedo culparla, imagino que estar sin mí debe ser horrible.

— ¿Y el video? —Pregunto de pronto un chico— ¿Tú eres el que la estaba grabando?

—No debo responder a esa clase de preguntas, pero son libres de sacar las conclusiones que quieran— responde Paul jactándose mientras guiña un ojo.

— ¿Era buena en la cama? —pregunto otro chico ganándose varios choques de puños de los que supongo son sus amigos.

—Para nada —dice Paul con una mueca de asco—, era una completa virgen cuando la conocí, una lástima la verdad, era hasta bonita.

Todos los chicos estallan en carcajadas lo que hace que Paul sonría con suficiencia, al muy cretino le encanta ser el centro de atención.

— ¿Qué hay sobre las otras chicas? —Pregunta el mismo idiota que quería saber sobre las habilidades sexuales de mi hermana—. Clarisse no fue la única con un video, y creo recordar que todas las chicas que fueron grabadas teniendo sexo y que sus videos se publicaron, en algún momento salieron contigo.

— ¿Qué te puedo decir? —Dice Paul mientras se encoge de hombros—, tal vez hay una epidemia de chicas dulces y tiernas que en realidad no son tal dulces y tiernas.

¡Ese completo idiota!

No puedo creerlo, como se atreve a hablar de Clarisse de esa manera después de haberla herido y orillarla a tomar la decisión que tomo. Así como también de las otras chicas, ellas no tienen la culpa de haberse enamorado de semejante basura humana.

Enojado comienzo a caminar hasta mi destino, y después de una entrevista algo incomoda donde lo único que el decano hacia era excusar el comportamiento de Paul y disculparse por lo que le paso a mi hermana. Salgo de la oficina con un nuevo empleo y una resolución.

Si antes estaba enojado, ahora me encuentro jodidamente furioso. Ese bastardo idiota de Paul Brown merece sufrir, y si nadie va a darle su merecido, yo gustosamente tomo el trabajo...



Liz Tovar

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En el texto hay: misterio, asesinato

Editado: 11.07.2018

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