El secreto de Duncan

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Memorias de Duncan: 4.

Decidí cumplir con mi objetivo la noche antes de que iniciara el nuevo semestre, estuve vigilando a la basura humana de Paul por semanas y ya cuando me aprendí su rutina supe que era el momento de actuar. Lo seguí hasta una fiesta y vi como actuaba con normalidad, como si no hubiese sido el responsable de arruinarle la vida a varias chicas incluyendo a mi hermanita.

Después de varias horas, el finalmente decidió irse a su casa por lo que se montó en su auto y comenzó a conducir. Justo como lo había previsto su auto se detuvo en la calle que quería por lo que Paul bastante ofuscado se bajó a revisar, abrió el capo y cuando se inclinó para revisar el interior me pose a sus espaldas y tomándolo desprevenido lo arrastre al callejón que ya había escogido para realizar mi cometido.

Antes de llegar a este punto pensé mucho en cómo debería vestirme pues quería pasar desapercibido pero al mismo tiempo quería que Paul me reconociera y supiera que era yo quien iba a acabar con su existencia, quería que fuera mi cara la última que viera antes de morir, por lo que al final decidí vestirme completamente de negro y usar un suéter con capucha que cubra parcialmente mi rostro.

Una vez que tengo a Paul a mi merced aprisionado contra la pared sonrió con satisfacción mientras digo:

—He esperado bastante tiempo para tenerte de esta manera.

— ¿Qué es lo que quieres? Si es dinero puedes tomar todo lo que quieras al igual que mi auto pero por favor no me hagas nada —dice Paul visiblemente asustado.

—No quiero ni tu auto ni tu dinero, solo quiero verte sufrir.

— ¿Por qué querrías eso? No lo entiendo.

—Quiero que sufras. Así como sufrieron Clarisse, Amanda, Madison, Jasmine, Leah y todas las demás chicas a las que lastimaste.

— ¿Quién eres?

—Tu peor pesadilla —le respondo dejando que la poca luz que hay en el lugar ilumine mis rasgos, al reconocer quien soy se pone muy pálido mientras comienza a balbucear—. Ya fue suficiente charla, nos veremos en el infierno.

Entro en una especie de trance y dejo que la ira guie mi mano mientras comienzo enterrar el cuchillo en el cuerpo de Paul. Comienzo a susurrarle el nombre de todas las chicas a las que les mintió, grabo e incluso abuso alternándolos con insultos cada vez más furiosos mientras hundo con más ímpetu el cuchillo en su cuerpo causando que su sangre salpique y manche todo mi suéter.

De pronto escucho un sonido un tanto fuerte y al voltear mi cabeza hasta donde proviene el sonido la capucha que cubría mi cabeza se resbala, sin molestarme en subirla de nuevo observo que la causante de dicho ruido es una pequeña rubia que se encuentra sentada en el suelo mirándome con una mezcla de asombro y terror. Le doy una mirada incrédula pues no esperaba encontrar a nadie en este lugar pero luego de unos segundos esta es transforma en la mirada más siniestra que puedo hacer.

Dirijo mí mirada de nuevo y Paul y asegurándome de que ya está muerto me aparto de él y sin mi apoyo el cuerpo sin vida de la basura humana cae al suelo con un ruido sordo. Volteo a ver a la rubia nuevamente y sonriendo maliciosamente me acerco a ella elevando el cuchillo.

—Pero que tenemos aquí —digo acercándome cada vez más—, una pequeña fisgona.

—Oh por dios —susurra observándome con absoluto terror.

—Cariño no tenías por qué presenciar todo esto, pero ya que lo hiciste no puedo dejar que andes por ahí contándolo, verás tengo una reputación que mantener —digo elevando el cuchillo cada vez más y sé que debo parecer uno de esos personajes de anime bien macabros.

De pronto la pequeña rubia se levanta del suelo y comienza a correr sorprendentemente rápido, metiendo el cuchillo y el suéter en la mochila que llevo conmigo comienzo a correr detrás de ella, pero de pronto llegamos a una calle bastante concurrida por lo que la pierdo de vista. Sin preocuparme por eso, me devuelvo a mi departamento sabiendo que hice un buen trabajo y decido acostarme a dormir pues dentro de pocas horas comienza mi primer día como profesor.

 

 

Al día siguiente llego bastante temprano a la universidad y después de que me explicaran a grandes rasgos ciertas cosas, me encerré en el despacho anexo al salón donde daré las clases a ordenarlo mientras esperaba que se hiciera la hora de comenzar mi primera clase que correspondía con los estudiantes del último semestre. Al comenzar a escuchar ruidos provenientes del salón reviso mi reloj y al ver que era hora de comenzar la clase salgo del despacho y me encamino hasta el escritorio.

— Buenos días alumnos, mi nombre es Duncan Blackbourne y seré su nuevo profesor —sonrió mientras recorro los rostros de los estudiantes con la mirada y al notar que entre ellos se encuentra la pequeña rubia fisgona de anoche no puedo evitar ampliar mi sonrisa.

Casi de inmediato comienzo a dar la clase, sin dejar de mirar en ningún momento a la chica rubia, y de vez en cuando suelto sonrisas maliciosas que pasan desapercibidas para todos menos para ella. Termino de dar la clase y como aún faltan minutos para que se termine la hora decido pasar la asistencia para así saber cómo se llama la chica rubia, al nombrar a Kirstyn O’Shea la rubia responde tartamudeando por lo que sonrió con suficiencia al constatar que ese es su nombre, sigo nombrando a más personas y al llegar a una Ava Palmer la bonita pelinegra que está sentada al lado de la señorita O’Shea responde, deduzco que al estar sentadas juntas son amigas por lo que le sonrió.



Liz Tovar

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En el texto hay: misterio, asesinato

Editado: 11.07.2018

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