El Secreto de Perséfone

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Capítulo IV

Rachel no tuvo tiempo de sorprenderse cuando ingresaron al hermoso barco, pues en un parpadear pareció que toda la tripulación de Aaron estaba encima de ella y Harry.

— Ok todos, ¿podrían guardar silencio? —vociferó el capitán, todos obedecieron al instante—. Ellos son Rachel y Harry, no los miren como bichos raros pues esto ya se ha vuelto rutina. Johnson, dales un pequeño recorrido del barco, ¡y los demás vuelvan a lo que sea que estaban haciendo!

Johnson, el hombre con quien Harry había compartido el barco, se adelantó unos pasos e hizo señas para que lo siguieran. Él era como diez veces más grande y ancho que Harry y Aaron, todo su cuerpo parecía estar compuesto de músculos tremendamente grandes, recubiertos por tatuajes.

— Bienvenidos a La Poderosa. No hay mucho que ver excepto las cocinas, la cubierta principal, la biblioteca, el salón de armas y su pequeño camarote. ¡Vamos allá!

Rachel sonrió por el entusiasmo palpable en su voz y se situó a su lado para intentar entablar una conversación. Lo cierto era que toda esa situación le parecía tan increíble y fascinante que no podía evitar formular todas las preguntas que bullían por escapar de sus labios.

— ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

— Oh, ¿me hablas a mí? —Johnson tuvo que agachar la cabeza para mirarla a los ojos. Rachel, confundida por la pregunta frunció el ceño, pero aun así asintió—. ¡Oh, perfecto! Las otras Rachels no solían hablarme, creo que les causaba algo de miedo, ¡me alegra que no seas como ellas!

» Verás, Aaron y yo nos conocemos desde niños, nos criamos alrededor de los mismos muros. Cuando él quiso irse lo apoyé, pero le dije que no iría solo. Hemos estado haciendo esto quizás por unos diez años.

— ¿Diez años navegando y robando? —preguntó incrédula—. Debes haber visto mucho.

Johnson estrechó su mirada —. He visto a la muerte a los ojos más veces de las que podría recordar, así que sí, he visto mucho.

Se embarcaron en una charla bastante duradera donde él le contaba sobre todos los lugares a los que habían ido y relataba muchas de las aventuras que habían vivido. Cada vez que un miembro de la tripulación se cruzaba en su camino, él los señalaba y le contaba a Rachel sus historias.

Cuando la única chica que había visto, la que había chillado que la puerta de la habitación de su padre estaba bloqueada, se apareció en su campo de visión Rachel no pudo evitar preguntar quién era. La chica agitaba glamurosamente su grueso cabello negro y daba órdenes sin mucha necesidad de levantar la voz.

Su verde mirada se posó en Rachel y frunció el ceño. Parecía como si el odio más puro destilara de sus mordaces ojos.

— Ella es la Oficial Morgan, la mujer más letal que he conocido en mi vida entera, no por nada se convirtió en Oficial y en la otra mano de Aaron. Incluso salieron un tiempo, pero todo acabó rápido y muy mal. De cualquier forma, nunca aceptes ninguna bebida que te ofrezca; algunos dicen que las primeras Rachels murieron envenenadas por los celos de Morgan, aunque no hemos podido comprobarlo aún.

Rachel tragó duró. Morgan le recordaba a las abejas reina de su antigua secundaria, aquellas con las cuales no podías ni cruzarte porque se encargaban de arruinar la poca autoestima que te quedaba. Aunque aquello era el mundo real, era mejor evitar problemas.

Johnson les enseñó el resto de la cubierta y cuando llegaron a la biblioteca apenas pudieron hojearla pues el hombre se excusó, alegando que necesitaba dormir un poco, así que los llevó al pequeño camarote que iba a compartir con Harry, dispuesto con un mínimo baño, dos camas, una mesita y una ventana.

Cuando se quedaron solos, Rachel se lanzó en la primera cama que vio y se quitó la mochila que había llevado consigo. Se había asegurado de meter cosas que le parecían indispensables como algunos cambios de ropa interior, algunas nimiedades para picar y unas pocas medicinas que encontró, quién sabía qué tipo de enfermedades se podían coger en altamar.

Harry se acostó a su lado y fijó su vista en el techo de madera.

— Esto es tan extraño —murmuró.

Rachel, como pudo, lo abrazó.

— Gracias por venir conmigo.

— Rachel y Harry —habló con tono infantil y sonrió—, viviendo aventuras de nuevo.

Se refería a cuando eran niños y vivían aventuras como tocar los timbres de las casas y salir corriendo o robaban comida de las despensas que tenían prohibidas porque comer muchos dulces les hacía daño.



Pandemonis

Editado: 19.01.2019

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