El secreto del Alfa

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Capítulo XII: El vampiro

Capitulo XII

–Hasta hace cien años los vampiros y los hombres lobo convivían en armonía, todo era gracias al Alfa de Cuxem, que en ese tiempo era el abuelo de Richard, y el rey de los vampiros Erick Vladimir. –Inició mi padre a explicar–Todo el mundo lo conocía como Vladimir.

Nací en una comunidad de hombres lobo muy cerca del territorio de los vampiros así que era inevitable no cruzarnos con ellos, una noche el rey de los vampiros toco a la puerta de mi casa, muy a penas se podía sostener de pie y su ropa estaba manchada de sangre, a tu abuela y a tu madre siempre les gusto ayudar a la gente por lo que esa vez no fue la excepción. Curamos a Vladimir que en cuanto se recostó cayo desmayado.

–Los rumores comenzaron a la mañana siguiente– interfirió mi madre al ver que a mi padre se le estaba complicando continuar– El Alfa Gustav estaba muerto, una noche antes de su muerte Gustav y Vladimir habían peleado fuertemente sobre la pareja del vampiro, varios hombres lobo fueron testigos del conflicto y la culpa recayó sobre el rey de los vampiros quien huyo en cuando se dio a conocer la noticia.

<<Los guerreros fueron en su caza, Robert, cegado por el enojo, lo hirió gravemente, no sé cómo le hizo Vladimir para llegar a la casa por su propio pie pero sobrevivió. <<

 – ¿Qué paso después? – pregunte curiosa.

–Vlad tenía un hermano, Joshua– continúo Fred con cierto pesar– Aprovecho el descuido de su hermano y puso al pueblo en contra de Vlad, lo único que sabemos es que Vlad desapareció y el conflicto entre lobos y vampiros resurgió.

Sabía que algo más ocultaban mis padres, lo notaba en su semblante y en la forma en la que se miraban pero sinceramente tenía que procesar toda esta información y parece que mis padres ya no soltarían nada más, supongo que tendré que recurrir a mis sueños, si es que tienen algo de verdad.

Aprovechamos que andábamos en el pueblo para ir de comprar y además de hacerme un corte de cabello. Louisa me llevo a una de sus tiendas favoritas, dice que era de la mejores en Cuxem y que muchas mujeres importantes iban a comprar ahí.

–Trata de escoger vestidos, Aurora– dijo mi madre cuando entramos a la tienda– Hasta ahora se te han permitido tus pantalones pero normalmente dentro de las cortes se llevan vestidos.

–Pero no me gustan los vestidos–rezongue con mala cara– ¿Es una ley eso de los vestidos?

–Es una costumbre– contesto mi padre con seriedad–Tienes que conocer a tu pueblo y seguir sus costumbres, ahorita no tienes responsabilidades pero pronto estas llegaran.

Bueno pues cuando tenga responsabilidades, cambiare esa absurda regla.

A final de cuentas escogí cinco vestidos, tres eran informales palabras de mi madre no mías, los otros dos son de noche para la cena, después fuimos a la zapatería y me decidí por unos tacones que combinaran con esos vestidos y que fueran cómodos, solo espero no verme más alta que Richard.

– ¡querida Louisa! –saludo la estilista cuando llegamos al local– tiempo sin verte, ¿y quién en ella?

–Hola, Estrella– dijo mi madre con alegría– ella es mi hija, Aurora.

–Mucho gusto– respondí con una sonrisa– vengo a que hagas milagros con esta maraña de cabello.

–Pasen, pasen–respondió Estrella, de inmediato me sentó frente al espejo y saco sus herramientas– tienes el mismo cabello rebelde que tu padre.

–Bueno quiero que me cortes las puntas, respetando el largo y la capas no las quiero tan marcadas–le comente como a cada estilista que me veía– y no se… ¿tal vez unas luces en tono…

– ¡Para tu carro, niña! – Me interrumpió mientras pasada sus manos por mi melena pelirroja– tu déjamelo a mí.

No sé si esto es buena idea.

Esta señora no sé qué hizo con mi melena de leona pero quedo bien, me quito el tinte medio rosa que traía en las puntas, ya no se veía bien sinceramente, me quito todo lo maltratado y quede bella como una princesa, en realidad no hizo gran cosa, creo que me veo más grande sin esas mechas.

Regresamos al castillo, todo estuvo demasiado tranquilo supongo que está acostumbrada al tráfico del mundo Humano, pero aquí era todo muy bonito y la verdad no había mucha diferencia si acaso aquí no hay contaminación… al menos no tanta y eso se debía al pequeño pueblo de hadas que cuidaban mucho el entorno.

Para poder ingresar al castillo teníamos que pasar una reja enorme y parte del jardín, por lo que el auto ingreso hasta dejarnos frente a la puerta, pero nuestra sorpresa fue los quejidos y los gritos de dolor de un hombre.



Imogene_2019

Editado: 20.08.2019

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