El Silencio De Las Flores ©

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Mi niña duerme entre sombras... Verdes y azul, un profundo azul... Mi niña vive en las sombras, llena de luz, llena de luz —Lila acariciaba lentamente el cabello ceniciento de Dalia mientras cantaba.

Dormida se parecía mucho a su padre, por suerte para todos, solo viéndola así podrían notar la similitud.

Gardenia se acercó hasta la puerta de la habitación y llamó a su hija en silencio para no despertar a la menor. La mediana caminó de puntillas hacia su madre.

—¿Vas a algún lado? —le preguntó.

—Aún no lo sé, hay algo extraño esta noche que no me deja dormir.

—¿Algo extraño?.

—Sí, es como si tuviera que estar despierta para esperar a alguien.

—Mamá... Nadie va a venir.

—¡No lo sabes!... Alguien podría querer cobrar venganza por la muerte del extraño.

La campanilla de la puerta empezó a sonar repetidas veces.

El rostro de la mayor palideció hasta llegar a ser tan claro como una hoja de papel.

—¡Yo voy! —dijo Lila.

—¡No! —respondió la anciana —No queremos que pasé lo mismo de la última vez, voy yo, pero encierrate con Dalia y no salgas a menos que yo te lo diga.

—Pero mamá....

—¡Obedece! —dijo escueta —Sabes que todo sale bien cuando me obedeces.

Gardenia Blomst cojeó hasta la puerta, y se aseguró de detener el temblor de sus manos antes de abrir la puerta.

—Estás no son horas de hacer visitas, oficial —dijo sorprendida al ver al nuevo policía en el umbral.

—No es una visita, señora Blomst. Lamento mucho haber venido tan tarde, pero recién pude salir de la estación.

—¿Y que hace aquí? —preguntó con suspicacia.

—Me dijeron que ustedes alquilan habitaciones, yo recién llegué a la ciudad y aún no encuentro hospedaje.

—¡Ya no hacemos eso! —contestó enfurecida, recordando al último inquilino que había recibido.

—Por favor señora Blomst... ¡No tengo a donde más ir! —Damnun fingió desconsuelo.

—No seria una mala idea, mamá —dijo Lila.

—¡Te pedí que no salieras! —recriminó la anciana.

—Buenas noches señora —dijo Ehud —Soy Ehud Damnum, me enviaron desde Ripper para servir como policía destacado aquí.

—¿Usted es policía? —preguntó la mediana —Luce como un adolescente.

El alférez sonrió, aunque en realidad esa comparación le fastidiaba sobremanera.

—Me lo han dicho muchas veces.

—No puede quedarse aquí, señor Damnum —dijo Gardenia sin una pizca de simpatía.

—¿Puedo hablar un momento contigo madre, en privado?.

Las dos mujeres se encerraron en una habitación alejada y dejaron a Ehud fuera de la casa.

—¡Es el hombre que investigará el caso! —gruñó la de más edad.

—¡Dijiste que seria alguien fácil!... Que va a ser más fácil que tenerlo aquí.

—Tenerlo aquí va a ser riesgoso... Él podría averiguar algo.

—¡No lo hará, mamá!.

—¿Tú crees que llegó aquí de casualidad?. ¡Por supuesto que no, Rameau lo envió!.

—Con más razón, si te niegas a recibirlo será sospechoso.

*********

El joven policía estaba terminando de colocar su uniforme en el viejo armario, solo desempacaria eso de momento, claro, y también la casaquilla negra que usaría esta noche.

El repentino cambio de actitud de la anciana le había llamado la atención, pero ya luego pensaría en eso, ahora debía cumplir su objetivo, sentía un poco de lástima, pero sabia que solo de esa manera podría volver a Ripper.

Su celular se había quedado sin batería por la tarde, no encontraba ningún enchufe de luz y necesitaba más que nunca saber la hora.

Salió de la habitación asegurándose de no hacer ruido, busco un reloj por la sala, pero no encontró ninguno, el silencio impoluto de la noche le hizo oír a lo lejos un ligero: "tic, tac, tic, tac", su plan no funcionaria si no tenia horas exactas, siguió el ruido hasta llegar a una habitación al fondo del tercer pasillo de la primera planta, en ella sólo había una cama, con un mosquitero de color blanco cayendo desde el techo, muñecas colocadas en varias repisas por toda la pared, se oía la respiración de alguien, pero a Ehud no le importaba saber quien era la persona, sino saber en donde habían puesto ese reloj.

Estaba en la pequeña mesita de noche, a esa distancia no podía distinguir los números, así que se acerco lo suficiente para darse cuenta que eran las 12:56 de la madrugada, de reojo pudo mirar a la dueña de la habitación, era la muchacha flacucha que había sido interrogada esa tarde, dormida, tenía un leve parecido a alguien, pero no pudo relacionar a quien.

Salió de ahí tan despacio como ingreso, caminó hasta la puerta de salida, pero alguien lo interceptó antes de retirarse.



R. A Bisso

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En el texto hay: policial, psicologico

Editado: 12.07.2018

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