El Silencio De Las Flores ©

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Dalia por fin se queda dormida, Lila permanece observándola por largo rato, sintiendo un revoltijo de lástima en su interior. Su pequeña niña debería comportarse como cualquier otra jovencita de su edad, si no hubiese nacido con "el problema", probablemente su vida seria muy distinta, de hecho, las vidas de todos a su alrededor, habrían sido mucho mejores.

Un ruido en seco interrumpe su largo letargo.

—¿Quién anda ahí? —dice caminando temerosa hacia el pasillo.

Después de lo que sucedió la última vez, tener miedo es poco.

—Lo... Lo siento —la muchacha se agacha a recoger el retrato que acaba de tirar al suelo.

—¿Por qué estás aquí? —dice Lila con una furia, pocas veces vista en ella.

—Yo... Yo... Soy Amelía Granda, soy la hija de Rocío Granda.

—Sé quien eres, te pregunté que haces aquí.

Amelía clava la vista en el suelo, y trata de ocultar el rostro, entre la mata de su cabello.

—¿Eso es un golpe? —Lila trata de hurgar en el esquivo rostro de la joven.

No... Bueno, si, pero me lo hice de forma accidental.

—Tienes que irte ahora, si mi madre te ve aquí, va a pensar mal, seguramente viniste con el oficial Damnum, bueno, dile que no puede traer mujeres a esta casa.

—Su madre me permitió quedarme aquí.

—¿Mi madre sabe que estas en la casa?.

—Si, ella me dio permiso de quedarme aquí.

—¿Con Damnum?.

—Él se quedara en otra habitación.

—¿Qué sucedió contigo?.

La mediana sabe, que solo algo muy grave podría llevar a Gardenia a aceptar a la hija de Rocío Granda en su casa.

—¡Deja en paz a la muchacha, Lila! —la anciana se acerca cojeando, desde el final del pasillo —Y tú, ve a la habitación y encierrtae ahi con seguro —le dice a Amelía.

La menor la obedece enseguida, y se escabulle nerviosa detrás de la sombra de Lila.

—¿Por qué esa muchacha está aquí?.

—¡Esto es una posada!, eso es exactamente lo que estamos haciendo, le estamos dando POSADA a esa muchacha.

—Ella no puede quedarse aquí, mamá.

—¿Por qué, no?, no me digas que esos rumores sobre ella y Rameau te están afectando —dice la vieja, de forma maliciosa.

—Eso no tiene nada que ver conmigo —responde nerviosa —Es sólo que no me parece adecuado tenerla aquí, la gente podría malpensar.

—La gente va a malpensar de todas maneras, deberías ser un poco más comprensiva con ella... Ustedes incluso tienen el mismo nombre.

Lila apretó los labios de forma apresurada, tal y como suele hacerlo en situaciones tensas, como esta.

—E-Ella se llama Camelia, no Amelía... No tengo nada en común con esa muchacha —escupió.

—Tienen más en común de lo que crees... Por favor, sólo dejala en paz, no ha sido un buen día para ella.

*********

Bastante tiempo atrás, un joven policía llegó a la única posada del pueblo que no tenía "malos antecedentes", la dueña era una mujer de mediana edad, de huesos anchos y espalda fuerte, solía mirar a todos con desprecio, todas las personas, le parecían ratas inmorales. Ese no era el ambiente que quería para ella, ni para su hermosa hija.

Su marido era un hombre que casi le doblaba la edad, él jamás hablaba con nadie, nadie sabía de donde había salido, si había nacido en Palazzo o si se había mudado de algún lugar cercano.

Los rumores decían que era proveniente de Ripper, porque tenía acento sofisticado, pero jamás nadie confirmó ese dato.

La mañana en la que el policía se a personó al lugar, el piso seguía enlodado por la lluvia de los cincuenta días. Los acres de zanahoria y papas, se habían perdido, y eso causaba que la mujer esté más malhumorada que de costumbre.

—¿Quién diablos eres tú? —le preguntó al muchacho, sin importarle el uniforme que llevaba puesto.

Yo... Yo... Soy policía... Mi madre me pidió que dejara mi casa, y me recomendaron venir aquí.

—¡No hay cupo! —dijo ella, a pesar de que el lugar no había tenido un inquilino en años.

—Por favor... No tengo a donde más ir, la otra posada no me gusta.

Eso animó un poco a la amargada mujer, pues era más que conocida, su rivalidad con la dueña de la "otra posada.

—Soy muy estricta con mis inquilinos —sentenció.

Lo sé señora, por eso he venido aquí, me gusta mucho el orden y el respeto.

—¿Así?.

—Si, por eso decidí ser policía.

—Claro... Bueno, adelante, voy a mostrarte tú habitación... Solo si tienes el dinero para pagar tres meses de adelanto.

—¿Tres meses?.

—Si, esa es la garantía, si decides irte antes de ese tiempo, tu dinero será devuelto. ¿Hay algún problema?.



R. A Bisso

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En el texto hay: policial, psicologico

Editado: 12.07.2018

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