El Silencio De Las Flores ©

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Cada  pieza de aquél juego macabro, estaba en su lugar.
La vieja loca, la hija estúpida, la retardada, el policía de pasado difuso,  la joven violada y por último, el inexplicable Hal Brett, cuya sonrisa ladina ponía incómodos a todos a su alrededor.
El tiempo se había quedado pausado desde su llegada, nadie era capaz de romper el frívolo silencio que se iba acumulando en el rellano de la antigua posada.

—¿Y bien, hay alguna habitación disponible para mí, sí o no? —espetó el bien vestido.

—Esta casa ya no funciona como posada —replicó la Blomst más vieja.

—¿Así?, pero veo que tienen dos inquilinos. No creo que tener un tercero sea un gran inconveniente. ¿O sí, Lila?

La nombrada miró a su madre con nerviosismo mal ocultado, el hombre presente le causaba tanto temor como un fantasma infernal, pues podría haberlo considerado como tal.
Varios años atrás, Julius le ayudó a guardar "ese secreto", sabía que si él abriera la boca, su vida correría riesgo, no por Hal Brett, sino por su madre. Nada en este mundo podía asustar más a Lila que su propia madre.

—Yo... Yo creo que podríamos acomodar alguna habitación, para darle posada al señor Julius —le dijo temerosa a su temperamental madre.

La anciana le fruncio el ceño con desdén, odiaba cuando su hija la cuestionaba frente a otras personas.

—¡Ya dije que no! —negó tajante— Nadie más se quedará bajo este techo.

—Pero mamá...

—¡Pero nada!, está aun es mi casa, y mientras yo siga viva, se hará lo que yo ordene.

En momentos como esos, Lila se lamentaba de aquél error de cálculo que cometió hace tiempo, si no se hubiese enfocado sólo en su padre, si tan sólo hubiese incluido a su madre en ese tétrico plan, hoy en día ella llevaría las riendas de esa casa, y de su vida, tal vez incluso podría vivir con el hombre al que amaba y sería feliz sin oír su conciencia como lo había hecho hasta ahora.

—Bueno, no insisteré, supongo que aún hay habitaciones disponibles con los Granda —sonrió con evidente desagrado— ¿Podría hablar con usted en privado un momento? —dijo dirigiéndose a Lila.

Ella aceptó por temor a la reacción que podría tomar el hombre si ella se negase.

Caminaron bajo la mirada atenta de los tres testigos hasta la salida del recinto.
El vientecillo había cambiado a frío en los últimos minutos.
Se alejaron varios pasos de la puerta, el pasto reseco crujía bajo los pies de la mediana, ella aún podía sentir la mirada de su madre cargada en su nuca.

—¿De... De qué quiere hablar conmigo? —preguntó entre dientes.

—De nada malo, Lila. No estoy aquí para sacarte en cara lo que hiciste, ya no tengo obligación de guardar tú secreto, pero no tengo intención de divulgarlo.

—¿Entonces por qué ha venido hasta aquí?

—Porque tú le diste mi nombre a la policía y ellos me citarán dentro de poco para declarar.

—¿Có.. Cómo sabe eso?

—Porque tengo ciertos contactos ahí, pero no te preocupes. Tú y yo sabemos que yo no asesiné a ese hombre, así que no tengo nada que ocultar. Salvo un par de secretos, por supuesto —río con disimulo— Quise hablar contigo porque me enteré que Rameau había desaparecido. ¿Has sabido algo de él?

—¡Por favor, no hable de él aquí!

—No te preocupes, tú madre no nos oye. ¿Has sabido algo de Erbert? —inquirió.

—No. Desde que salió de vacaciones no he sabido nada de él.

—¿Y crees que alguien pudo hacerle algo?

—¿Hacerle algo?

—Ya sabes, lo mismo que tú le hiciste a tú padre. ¿Crees que alguien lo asesinó?

Por instinto ella volvió la vista a la posada, aunque Gardenia no estaba a su alcance ella podía sentirla a su lado, y su cuerpo se invadía nuevamente de ese temor adolescente que sus padres le emanaban.

—¡Oh!, perdona por haberlo mencionado, pero pensé que es un tema que podemos tratar libremente entre nosotros —dijo el hombre.

—Yo no hablo de eso desde hace mucho... Tampoco sé que sucedió con Erbert, pero espero que nadie le haya hecho nada.

—Debes empezar a desconfiar de ese muchacho.

—¿Del alférez Damnum?

—Sí, supe que tuvo algunos problemas en la capital. Por alguna razón pienso que su llegada a Palazzo no fue una coincidencia.

—¿Por qué él le haría algo?

—Si fue él, tú tendrás que descubrir sus motivos... Bueno, creo que ya debo marcharme, vuelve a casa Lila Blomst... Cuida de tú hija, ella es muy hermosa —sus palabras causaron el estremecimiento de la mujer— Y también de tú hijo. La rama más débil de tú extraña familia.

Sin darle una respuesta, ella apretó las manos contra sus codos y caminó a toda prisa de vuelta a la casa, como esperaba, su madre estaba parada junto a la puerta, con los ojos entrecerrados y la frente empapada en inusual sudor.



R. A Bisso

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En el texto hay: policial, psicologico

Editado: 12.07.2018

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