El silencio de Raimond.

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Viernes.

Raimond no apareció hasta el viernes por la mañana mientras Vanessa desayunaba, se veía exahusto, su ropa estaba manchada de polvo por todas partes, Vanessa lo vió sosteniendo una cubeta con agua y jabón, fue cuando entendió el porque de su ausencia, el pobre hombre se había pasado todo el día anterior e incluso parte de la mañana de ese limpiando, sus ojos estaban por cerrarse, le urgía descansar, le urgía un baño, Raimond dejó en la sala la cubeta, la escoba que cargaba pesadamente, y vió a Vanessa con una sonrisa a medias, a ella le dió ternura, Raimond podría ser un excelente científico, pero la personalidad debajo de aquella capa era bastante curiosa.
—He limpiado algunos cuartos, algunas de las personas que invité van a quedarse aquí, al parecer tendremos casa llena, también arreglé el auditorio.—Raimond se dejó caer en el sillón tan pronto como llegó hasta él.—Además he transportado mi proyecto hasta el lugar donde voy a exponerlo, ahora solo quiero descansar.
—He notado que tiene muchos cuartos ¿En que piso van a quedarse sus invitados?—Vanessa sonreía al ver a Raimond tan emocionado.
—Primero y Segundo, no dejo que nadie ajeno a mi confianza suba hasta el tercero, también he ordenado a un par de señoras de la limpieza para hoy a las 9:00 am, van a quedarse en un cuarto también por cualquier cosa que se nos ofrezca.—Raimond comenzó a acomodarse dispuesto a dormir.—Oh, también he ordenado un servicio de banquete para cuando todo termine, el auditorio tiene un extenso comedor que he limpiado ya, ellos llegarán alrededor de las 6:00 pm quiero todo listo para las 7:00 pm incluyéndote a ti.
—¿Quiere que prepare algunos bocadillos para mientras expone?—Vanessa no era precisamente una buena cocinera, pero tenía muchas ganas de ayudar.
—Descuida, lo único que necesito es que me despiertes antes de las seis, también necesito preparar un discurso, y, Vanessa, te agradezco por todo.—Y diciendo esto se hechó a dormir.

Las señoras de la limpieza llegaron, efectivamente a las 9:00 con una puntualidad increíble, Vanessa las dejó pasar, de inmediato comenzaron a ocuparse de la limpieza general de la casa, sin recibir instrucciones, ni nada por el estilo, Vanessa se sentía sorprendida, no solo por la eficiencia de las señoras, si no por la calidad de personas que eran, ninguna de ellas le preguntó a Vanessa sobre Raimond, aunque ella se acercó a ayudarles varias veces, por lo visto, las señoras ya tenían instrucciones, porque realizaron las actividades una a una sin rechistar, las hicieron bien, y cumplieron con las expectativas de Vanessa, el único aspecto curioso era la ropa que vestían, no se trataba de señoras de bajos recursos, al contrario, incluso a Vanessa le parecía haberlas visto en algun lugar importante, para antes de las 3:00 pm la casa estaba radiante, desde lo que iba a necesitarse hasta lo que no, Vanessa se sorprendió aún más cuando aquellas señoras manejaban su propio juego de llaves, por lo que cuando finalmente las vió desocupadas decidió hablar con ellas para preguntarles todo lo que se le hacía extraño.
—¿Ustedes han trabajado con Raimond durante mucho tiempo?—Vanessa les ofreció un jugo de naranja que ella misma había preparado.
—Me parece que sabes poco de Raimond, dime cariño, sin el afán de ofenderte ¿Eres prostituta?—Una de las señoras le aceptó la bebida, la otra se la llevó a la boca gustosa.
—Soy estudiante en Filynch, estoy aquí porque trabajo con Raimond.—Vanessa se sintió ligeramente incómoda.
—Vaya sorpresa, nosotros fuimos estudiantes de Filynch, y trabajamos con Raimond también, solo que él era nuestro compañero de clases.—Una de las señoras sonrió gustosa.
Vanessa abrió los ojos sorprendida y luego de eso se le generó una cara de disgusto.
—Se lo que piensas querida, pero el trabajo no es malo, es solo que conocemos a Raimond, yo fui su mejor amiga en el instituto, y ella fue su novia.—La mujer de cabello rizado habló con paciencia.
—Es razón por la cual el confía en nosotros, lo vemos poco, hablamos poco con él, pero sabemos que si nos necesita ahí estaremos, e igual en su caso, si le necesitamos nos ayudará de inmediato.—La exnovia de Raimond le dedicó una sonrisa, y en su rostro apareció una expresión de melancolía.
—Soy científico, tengo varios trabajos respetables, y una casa de la mitad del tamaño de esta, pero si Rai me necesita estaré ahí, además normalmente nosotros hacemos la limpieza de su hogar cuando va a presentar algún trabajo.—La mejor amiga de Raimond terminó su jugo y se lo entregó a Vanessa.
—Yo trabajo en una editorial.—La otra mujer habló.
—¿Como editora?—Vanessa sintió curiosidad.
—Soy la dueña, bueno, básicamente de todas las editoriales de la ciudad.—La mujer sonrió con autosuficiencia.
—¿Qué no son competencia?—Vanessa expresó con sorpresa.
—Por supuesto que no, solo que mis trabajadores no lo saben.—La mujer se sentó en la mesita de la cocina.
—Y ante esto ¿Tú como te llamas?—La mejor amiga también tomó asiento.
—Vanessa Hills.—Y es un placer conocerle.
—Yo me llamo Aida Reuds, si alguna vez necesitas mi ayuda con algo, no dudes en llamarme.—La mejor amiga se mostró agradable.
—Cristina Delorux, te publicaré si lo deseas, solo llámame.
—¿Ustedes también asistirán a la exposición de Raimond?—Vanessa sintió curiosidad, las mujeres le parecían agradables.
—Claro que si, dime ¿Tú ya tienes que ponerte?—Cristina se emocionó con la idea de ayudar a la chica.
—Raimond me ha comprado un vestido cuando le acompañé por su traje.
—Oh, Rai, Rai, Rai ¿El traje que le compró la arpía de su esposa se estropeó?—Aida sonrió con malicia.
—Jodida Annie, siempre me desagradó.—Cristina secundó el desagrado de Aida.
—¿Annie Stevens le era desagradable?—Vanessa se notó confundida.
—No lo tomes a mal chica, se que es tu directora, pero vamos, no era la mejor pareja para Raimond, incluso si él la consideraba excelente, todo mundo sabía que había personas mejores.—Cristina hizo una mueca.
—¿Como usted?—Vanessa contraatacó.
—Como Aida.—Cristina le sonrió.—Yo estoy casada con un hombre maravilloso, Aida también, pero todo mundo sabe de lo profundamente enamorada que estuvo de Raimond.
—Eso quedó en el pasado.—Aida se removió incómoda en su asiento.—¿Necesitarás ayuda con el peinado y maquillaje? Nosotros somos expertas.
—Por supuesto que si, muchas gracias.—Y Vanessa tendría por primera vez tiempo de calidad con mujeres que se asemejaban a la madre que le hubiera gustado tener.



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En el texto hay: asesinos, laboratorio, amor adulto

Editado: 21.12.2019

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