El silencio de Raimond.

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Ocuparse.

Vanessa había encontrado una forma de limpiar el cuarto donde se encontraban los jóvenes con ayuda de K414, en su misión, deseaba darles algo de humanidad hasta que pudiera hablar con Raimond para convencerlo de que su actuar era completamente incorrecto. El espacio que se había designado para llevar a cabo aquel atroz experimento tenía la pinta de haberse diseñado con ese propósito específico, Vanessa no dudaba de aquello en absoluto.

Aledaños al cuarto principal habían dos pequeños cuartos, más específicamente a los lados, K414 le explicó a Vanessa que Raimond hacía a los chicos ir por su comida a uno de ellos, así se encontraba en la completa seguridad de una puerta, sin ser descubierto en absoluto cuando le dejaba a los jóvenes sus alimentos todas las mañanas, el otro cuarto les proporcionaba algunas cosas diferentes cuando Raimond estaba de buenas, podía ser una manta para el frío, algo de Sol, un dulce muy ocasionalmente, lo que sea que saliera de la segunda puerta era positivo, los jóvenes la esperaban con ansias.

—¿Has entendido bien lo que harás?—Vanessa se amarró el pelo en una cola.

—Por supuesto, tampoco es como si fuese mucho de cometer errores.—K414 esbozó una sonrisa.

Vanessa se había posicionado en el cuarto de la derecha, había una pequeña puerta de metal a la que K414 tenía acceso, misma que iba a abrir para Vanessa, y luego cerrar cuando los jóvenes estuvieran dentro. Vanessa había escogido el cuarto que le parecía más limpio, después de todo era una comida lo que iban a tener aquellos chicos, contrario a lo que pensaba, cuando llegó a la alacena se percató de que estaba llena, lo mismo que el refrigerador, por lo que supuso que Raimond había hecho las compras recientemente, con esto de base, Vanessa había preparado una nutritiva y deliciosa comida para los chicos, había agregado un par de manzanas en trocitos y jugo de naranja como complemento.

—Ábrela, déjame pasar.—Vanessa cargaba en sus manos dos grandes bandejas con la comida.

—Será un placer.—K414 asintió con la cabeza dándole a Vanessa el paso libre al pequeño cuartito.

Cuando se encontró dentro, el olor golpeó sus fosas nasales, aquello era terrible, y eso que el olor solo se colaba por un pequeño orificio de la puerta, limpiar el cuarto en el que se encontraban los jóvenes iba a ser el mayor reto con el que se iba a topar a lo largo de su carrera como investigadora, sintió compasión, pero sabía que no podía liberarlos, pues se pondría en riesgo ella, y pondría en riesgo a Raimond.

El pequeño cuarto era eso, pequeño, fuera de eso, no había nada más en él, las paredes a diferencia del cuarto principal eran de un azul oscuro, lisas por completo, las puertas estaban en continuación, pero dentro podían encontrarse fácilmente un grupo pequeño de personas, entre dos puertas solo controladas por K414, había una buena iluminación, y una pequeña ventana donde ni en sueños podría colarse un ser humano.

—Señorita, necesito que vuelva a tierra, entre más rápido terminemos con esto mejor será para usted.—K414 la distrajo momentáneamente de sus pensamientos.

Vanessa salió, nuevamente pudo respirar algo de aire sin olor a materia fecal.

—Diles que salgan, que vayan al otro cuarto, ábreles la puerta y diles que entren a comer ahí.

—Como usted diga.

El sonido de la puerta acompañado de la luz que se iluminó bajo sus cabezas le indicó a los jóvenes que era hora de comer.

—Necesito que crucen la puerta, los alimentos les esperan del otro lado, por esta ocasión comerán ahí, y voy a abrir la ventana para ustedes ¿Me han entendido?

Los jóvenes asintieron con la cabeza, Vanessa los observaba desde el cristal mientras se colocaba los guantes de limpieza, y unas botas que completaban su traje de plástico.

—No te dije nada sobre la ventana...—Vanessa sonrió, tal vez K414 podría volverse su aliado para sacar a los chicos.

—Es parte de la información que voy recaudando de usted.—K414 le devolvió la sonrisa.

Los jóvenes extrañados pero emocionados cruzaron la puerta, que se cerró tras de ellos, el júbilo era visible en sus caras cuando miraron la comida, incapaces de comerla ante el miedo a que aquello representara algo negativo para ellos, pero cediendo a los deseos de su hipotálamo comenzaron a comer.

Vanessa cruzó el cuarto del otro lado por una puerta que K414 le había abierto, e ignorando el desagradable olor le pidió a K414 que la dejara pasar al cuarto principal, Vanessa cargaba una manguera a presión, y K414 le había dicho que solo tenía que rociar el agua por las paredes y el lugar en general, que él abriría la compuerta del piso para que esa agua con el excremento se fueran en el desagüe.

Vanessa requirió de una fuerza de voluntad sobrehumana para realizar aquel cometido, en la habitación K414 le daba apoyo moral diciéndole que continuara esforzándose. Limpiar de excremento y sangre aquel lugar fue una actividad sumamente cansada, pero aún luego de ver algo de limpieza Vanessa no se sentía satisfecha, utilizó mucho desinfectante para las paredes y el piso, luego roció con aromatizante.



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En el texto hay: asesinos, laboratorio, amor adulto

Editado: 21.12.2019

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