El silencio de Raimond.

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2 meses, 16 días, 3 horas.

Para dos personas tan metódicas como Raimond y Vanessa, fue sencillo dividir los horarios de trabajo, así como las actividades que le correspondían a cada uno de ellos, con un colega en quien confiar, las cosas se volvían más fáciles, el trabajo era más eficiente, el ambiente laboral era menos tenso.
Entre los horarios que establecieron, estaban los horarios de sueño, acostumbraban dejar a K414 al mando para poder dormir, una vez que los sujetos de prueba entraban en el sueño profundo, Vanessa y Raimond se disponían a descansar, K414 era el encargado de despertarlos moviendo la cama, a la que le habían dado acceso desde que decidieron meterla al laboratorio.
Si bien la casa era grande, y contaba con muchas habitaciones, Raimond poseía dentro del laboratorio toda clase de funciones, desde un baño, hasta una pequeña habitación contigua, donde había dos literas, una mesita de noche y una iluminación escasa, Raimond detestaba dormir con luz
Con Raimond al mando, y Vanessa como colega, el proyecto marchaba sobre ruedas, los jóvenes estaban considerablemente más cómodos, Vanessa se encargaba de limpiar el espacio en el que se encontraban, mientras Raimond cocinaba platillos exquisitos para ellos, de hecho, de no ser un cautiverio, aquello podría fácilmente ser una excelente habitación de hotel, comían bien, no limpiaban nada, tenían una cama limpia y cómoda todos los días, desde la perspectiva de Raimond, hasta estaban llenándolos de lujos innecesarios, como un Monopoly.

Vanessa era un cúmulo de sorpresas, y con tanto tiempo juntos, Raimond comenzó a conocerla a profundidad, sabía que leía mucho, que le encantaba la música, pero aprendió que le gustaba el pan sin orillas, que bebía mucho café, que detestaba el tomate, que hablaba italiano fluido, que dormía de lado, que se bañaba varias veces al día en duchas cortas.

—Roncas ¿Sabes?

—Eso es mentira, yo no ronco en absoluto.—Vanessa le sonrió, ciertamente ella sabía que roncaba.

—Te he escuchado ayer, de hecho, es bastante molesto.

Se sonrojó.

El sujeto A, como habían decidido llamarlo, se llamaba Raúl, era hijo de un importante empresario de la ciudad, casi con tanto poderío como Raimond, pero en un ámbito diferente, el sujeto B, se llamaba Valentina, era una chica promedio, que acababa de entrar a la facultad de economía, dos mundos totalmente opuestos.

—Puedo preguntar ¿Cómo has conseguido que vengan? Es decir, convencerlos debió ser difícil, aun para ti.

—La mente humana es preciosa ¿Sabes?, el sujeto A fue muy sencillo, yo ya le había visto un tiempo atrás mientras estaba en una reunión con su padre, era un chico atractivo, pero inconforme con vivir a la sombra de su progenitor, normalmente los hijos de personas importantes están en un constante vacío, siempre desean hacer las cosas por su cuenta, pero encuentran ayuda de todas partes, es decir, si el joven quiere tener una empresa, su padre y sus socios pagan todo, independientemente de que la idea no tenga potencial, le pondrán a un buen equipo, y triunfará, pero será puramente por el mérito de su padre, que busca cuidar sus finanzas más de lo que busca cuidar la salud mental de su hijo.

—Lo comprendo, suena curioso, pero debo creer que de igual forma, con acceso a tanta buena educación, no se dejó manipular tan fácil.

—Te equivocas, el joven era vulnerable, yo aproveché esa vulnerabilidad, nada más, le ofrecí participar en un proyecto conmigo, en su afán de demostrar que podía llegar tan alto como su papá, caminó por el camino de espinas por su cuenta, firmó la responsiva, luego le borré los recuerdos, de hecho, es curiosa la máquina, jamás la llevé a presentar, porque tiene algunos errores, pero me sirve, y claro, no es permanente, deberías darle un vistazo.

—Estuve mucho tiempo en su laboratorio, doctor, créame que ya lo he visto, brillante, pero inútil, no concibo en mi mente una sola persona que quiera borrarse voluntariamente los recuerdos, la idea suena estúpida, es decir, nuestras vivencias son parte de lo que nos hace humanos, de nuestra esencia, de aquello que nos hace distintos de los miles de personas con los que convivimos a lo largo de nuestra vida.

Raimond se carcajeó ruidosamente.

—Para ser tan buena en lo que haces, te falta mucho por conocer del mundo que te rodea, Valentina ingresó en el proyecto por voluntad propia, su prometido había muerto, y según me contó, el dolor era tan grande que le era imposible descansar, y al ser una persona tan creyente en un creador, le era imposible cometer pecado y suicidarse para acabar con aquel tormento, como sabrás, me buscó desesperada cuando dejé caer por la calle, un plano de la máquina que borra los recuerdos, cuando la vi afuera de mi casa, supe que eso era todo, que estaba hecho.

—Hasta las personas más inteligentes dejan cabos sueltos, doctor ¿Cuál es el suyo?

—Mi único problema será cuando recuperen la memoria, el efecto es variable, pero la tendrán en un año, o dos, pero he de resolverlo en ese momento.

Vanessa le miró de forma inquisitiva.

—Sé que quizás le abrumo un poco, pero ¿Y la familia? Digo, notas que tu hijo no está y sales a buscarlo.



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En el texto hay: asesinos, laboratorio, amor adulto

Editado: 21.12.2019

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