El Sol, el Viento y la Oscuridad (libro 2)

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Bienvenida a Bordo

Las 9:00 pm, es lo que marca mi reloj,  al fin, Gizah  está parada ante mí, observandome con detenimiento, como preguntándose si en verdad quiero ir y la verdad es que ni yo sé.

Volver a saltar, no es algo que me atraiga tanto, como aquella primera vez, cuando Berenice me enseñó, fue la mejor maldita experiencia de mi vida, pero desde la muerte de Zafiro, me ha dado escalofríos hacerlo.

Mi hermana toma el pedazo de vidrio que tiene en sus manos, mientras yo paso energía en mi brazo para ver si localizo perfugas o nemosorum, pero nada en mi mapa.

Al fin, ella crea los hilos y saltamos, el vacío comprime mis entrañas, y un vuelco de suspiro me trae a la mente a Zafiro, pero ni bien pasa esto, ya estaba parado sobre arena blanca, el sonido de las olas rompiéndose contra las rocas, eso me dio la pauta de que ya no estaba en Paraguay.

—Estamos en Colombia — Aclara Gizah mientras me apunta una casa pequeña, más bien parece una choza, las luces están encendidas dentro, y frente está una mujer limpiando un pescado. Caminamos en esa dirección, hasta que la señora nos divisa y deja de hacer su trabajo.

—Mamá— La voz venía desde dentro de la casa y parecia aproximarse—. Se supone que debo hacer el jugo... pero ya no hay...— Una hermosa joven de cabellos oscuros y enrulados nos observa con detenimiento, mientras su madre hace lo mismo, sinceramente no sé que hacer ahora—. Wow, Mami, creo que son ellos... o sea perdón, estaba concentrada en otra cosa y no me puse a...

—Lo son...— Responde la señora inexpresiva— Gizah y yo nos miramos, ambos fruncimos el ceño— Creo que deben tomar asiento jovenes—nos invita la mujer—. Está noche es suya.

Estoy más que sorprendido por lo que está pasando, pero realmente ahora me siento bastante incomodo, por sentir la penetrante mirada de la chica sobre mí, es como si me estuviera leyendo

—No es como si te estuviera leyendo— dice ella apartando al fin sus ojos de mi y mirando algo avergonzada  sus pies.—Es que TE ESTOY LEYENDO— Afirma mientras en el rostro de su madre se dibuja una leve sonrisa.

—¿Cómo?— preguntamos al unísono, Gizah mira como si acabara de sacar la lotería, pero la verdad a mi me da escalosfrios.

—Cómo oyeron, mi hija, Tamirá lee información... ella los lee como si de libros se tratara...— su madre nos observa fijamente, cuando al fin hace un gesto a su hija para que se acerque a mi.

Ella obedece, yo quedo estupefacto, no tenia idea de que tal poder existiera. Observo mientras se coloca ante mi a Tamirá que practicamente tiene mi misma estatura.

—Gizah— dice con los ojos clavados en mi— Sé que eres super celosa, pero en verdad necesito hablar con tu hermano a solas...

—No te preocupes— Gizah sonrie, eso es señal de que le cae bien.

Mi hermana camina en dirección a la cabaña junto a la madre de Tamirá, mientras ella me invita a caminar.

Continúo observandola, pues parece entrar en un estado de timidez, pero a medida nos alejabamos,  la sentìa un poco màs suelta y libre.

—Asi que...—su tono colombiano es bastante dulce, y hace que quiera seguir escuchandola— Hace semanas no duermes...

—Esa no es forma de presentarse...— respondo mientras oigo las olas romperse—Aunque ya sepas mi nombre... es decir,  soy Helios Anta... Lider de los Dominis.  

—Elegido para ser quien cuide las 3 piedras... mejor me presento yo, ya sé mucho de tí— dice riendo— Me llamo Tamirá Anmova, y estoy siendo buscada por máss de 3 grupos... nemosorum, perdidos y perfugas... creeme, sé y he visto suficiente, ni siquiera hace falta que me digas porqué estas aqui.

—Es interesante, la verdad, me asustas bastante, no te lo voy a negar... déjame preguntar ¿lees mi mente?

—No— dice riendo— Yo sólo puedo leer lo que trasmites, por lo general la gente cree eso, y supongo que es lo que más aterra, se supone que estas seguro en tu mente, y que alguien sepa lo que ocurre allí,  nos desquicia, pero no, no leo la mente.

—¿Entonces? ¿Cómo haces lo que haces?

Ella frena en medio de la playa y se quita los zapatos que llevaba puestos para pisar la arena, extiende sus brazos, y se deja acariciar por el viento.

—¿Qué deduces por lo que hago?—Pregunta sin mirarme, dejándose llevar.

—Que diafrutas el mar...— respondo mientras el calor del ambiente saca alguna que otra gota de sudor de mi cuerpo.

—Lo deduces por mis gestos— ahora se gira hacia mí—. Es lo mismo que yo hago, sólo que yo veo qubits, sobre tu cabeza, se mueven, alteran el movimiento del aire, y es como un rompecabezas, pero tan ordenado,  que puedo deslizarme sobre esa información, y saber que Zafiro es un punto en común entre tú y Hugo.

Esos nombres hacen que me ponga erguido de manera inmediata, es imposible olvidar, olvidar lo que está clavado en mi pecho, aunque exista un bucle que me separa de mis recuerdos más dolorosos.

Aún que sé que no es su intención, acaba de  lastimarme.



Bsar90

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En el texto hay: amor y odio, guerra, dolor

Editado: 06.11.2018

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