El Sol, el Viento y la Oscuridad (libro 2)

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Dolor

Cuenta hasta tres, y juro que saldré

Me fugué, no podía volver así al campamento, yo necesitaba ir hasta ese lugar.

El terrible problema es que no lo podía hacer de buenas a primeras, tuve que pensarmelo 5 veces, pero al fín lo hice, después de todo, era necesario.

Miro la casa, el pasto está crecido, nada comparado cómo cuando estaba habitado, las plantas estan marchitas, el portón oxidado, en tan pocos meses la casa se descuidó tan rápido.

Cuando abro la puerta un chirrido horrible resuena en toda la sala, miro directamente las escaleras que estan delante, y recuerdo las pocas veces que las subí.

Los muebles están empolvados, el piso marron, las ventanas sucias, y la oscuridad total invaden el lugar.

Subo las escaleras al fin, casi como si fuera un ladron.

Toda la habitación está hecha un desastre, parece que un tornado hubiera pasado por aquí. Me imagino la ira que estuvo contenida en aquellas manos para hacer semejante tumulto.

Sobre el escritorio de Zafiro  lo único que veo bien puesto es un viejo canguro mío, el cuál se lo prestaba por las noches en el cerro, ¿Cómo olvidarlo?

Cuando paso mi mano sobre el, un recuerdo en forma de energía me golpea la vida.

Ella está sentada en la punta de su cama, observando fijamente mi ropa sobre su escritorio, la veo tan hermosa, preguntándose mil cosas quizás ahora mismo  intentando odiarme tal vez.

De pronto se levanta de un brinco, y toma su teléfono para atender una llamada.

—Bajo en 2 minutos—responde y su voz me recorre el cuerpo entero.

Cuelga la llamada, ofrece un último vistazo a la habitación, y me encantaría haber estado allí, para no dejarla salir, quizás y la hubiese besado. Esé día estaba tan furioso, pero cuando la ví mi cuerpo se paralizó, me costó tanto reprenderla, porque en mi cabeza sólo repetía que estaba hermosa.

Al cerrar la puerta, una presencial fantasmal de una mujer aparece aquí, el susto me alerta, pues esta atraviesa la pared.

Al ver eso, no dudo en seguirla, ella va tras Zafiro hasta la puerta de su casa, y cuando Yeru la cierra, la mujer para justo delante de ella. Por la expresión de Yeru, sé que la vio.

Bajo hasta la presencia de la mujer, pues ésta va a la cocina, casi como flotando, y es allí que el recuerdo termina.

— ¿Sabes quien es?—Pregunta una voz familiar, mientras el olor a cigarrillo se impregna en la habitación.

—¿Porqué no me has matado aún?— pregunto girando hacia dónde está, su tatuaje reluce en su rostro, y me recuerda cuanto lo odié.

—Simple, quiero saber si ves a la misma mujer que veo yo, y si la conoces.

—No— respondo tajante, poniendome a la defenciva por las dudas— ¿Siempre vienes aquí?

—Desde que hicieron este desastre en su casa— responde tirando el cigarrillo por la ventana y acortando distancias conmigo.

—¿Quienes?

—Si supiera, ya no estarian vivos— responde, mientras sus ojos azules brillan en la oscuridad.

—¿Vas a matarme ahora que puedes?—pregunto cuando veo que coloca bien el colchón y se tira en el cruzando las piernas.

—Ya quisieras que tu dolor sea así de simple Helios, pero no... yo he frenado la ida de los nemosorum a tu campamento, por más que sé que te has mudado, podría traer ahora a Ambar, pero no me serviría de mucho, mi objetivo en este momento es otro, Ader me dió una misión, eso me trajo aquí,  y a todo esto ¿A qué viniste?

—Por ella—  respondo mirando lo que queda de su habitación— Buscando respuestas, quiero saber quién la mató.

—Tú la mataste, aunque otras fueron las manos que la ejercutaron.

Suelto un suspiro, Hugo es un hueso duro de roer, pero por sobretodo, él sabe perfectamente que yo también me culpo por la muerte de Zafiro.

—Hugo...— lo llamo cuando veo a la mujer aparecer tras él—. Creo que no te haría nada mal, postergar esta discusión.

Cuando termino mis palabras, Hugo voltea justo a tiempo. El rostro de la mujer, pasó de ser angelical, a volverse monstruosa, estuvo a centímetros de lanzarse sobre él, pero éste la atajó.

—¡ Mierda!— Exclamo cuando voy a ayudarlo e intento golpearla, ella se desmaterializa, es decir atravieso totalmente su cuerpo, y no voy a negar que eso me dio miedo.

Hugo pudo librarse de ella, por que ahora el blanco era yo. Se balancea por completo sobre mí, así que lo que hago es liberar energía de mi cuerpo y eso la expulsa lejos.

En cuanto pude corrí, Hugo estaba bajando las escaleras, yo no me di el lujo de ir trás él, así que salté, en cuanto hice eso, la mujer estaba delante mío, y por lo que puedo ver, también estaba delante de Hugo. Ella estaba en ambos lugares al mismo tiempo.

—Esdra Amit sarag

No me importaba que hablara en un extraño idioma, lo que me importaba era que hablaba de Amit, es decir de Zafiro.

—Astram, Amit sarag

—¿Sabes lo que dice?— me grita Hugo



Bsar90

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En el texto hay: amor y odio, guerra, dolor

Editado: 06.11.2018

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