El Sol, el Viento y la Oscuridad (libro 2)

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Dara

Luego de mi confesión, Berenice no supo engañarse a ella misma, estaba herida, claro que sí, yo sabía y muy bien que existía la posibilidad que Zafiro muriera.

Estoy seguro que no hay forma de perdonarme, pues debí haber hecho más, al menos es lo que yo pensaría estando en su lugar.

Paso mi mano sobre el tubo de energía que cubre el cuerpo de Zafiro mientras soy estudiado por los ojos de su abuela, y quién sabe que estará pensando. Mi alma está hecha mierda como para ponerme a preguntarlo obvio.

— Berenice, yo sé que...

— No sabes nada— interrumpe— No tienes idea de nada Helios, yo no te voy a culpar de lo que ocurre aquí, ni de lo que podría ocurrir, el punto, es que hemos vuelto a la nada.

Trago saliva porque no comprendo el discurso, lo único que tengo seguro es que estoy sólo ahora, afuera tengo en mi contra a mis amigos y mis hermanas, y ahora acabo de perder a Berenice.

—Helios, hay algo que si quiero que tengas bien en claro. Los secretos nos trajeron hasta este punto de la historia, yo necesito que seas honesto, no te pido que andes con un cartel en el que reveles todas tus estratégias, ni que menciones todas las habilidades de todos, te pido que dejes de intentar controlarlo todo. Permite a tu alma salir de la prisión en la que la guardas.

>> Las cosas hay que decirlas a tiempo, es lo único que nos salvará.

Lo que me pide Berenice es complicado, hay cosas que sólo lo sé yo, y cosas que pedí a Saskia que sacará de mis recuerdos, porque no me ayudaban en nada. Los últimos meses luego de la muerte de Zafiro son un hueco en mi memoria.

Pero eso no es todo, decidí guardar allí muchas cosas que sabía con respecto a las misiones que manejaba. Quizás vaya siendo hora de que sea honesto con Berenice.

— Tienes razón, guardé muchas cosas, porque, evitaba admitirlas, sin embargo, ahora tengo mi mente cerrada. Me entenderás.

— Claro Helios, sé lo que hiciste, el punto es que debes evitar cerrar la boca y el corazón. Ven aquí— me pide abriéndome los brazos, yo no puedo evitar ir a ellos. Pues Berenice se ha convertido en mi único sostén.

Cuando me separo de ella veo al pequeño Bruno en la puerta, lo había olvidado, es hora de nuestra clase.

— Permiso— Dice tímido pero sorprendido al mirar a Zafiro.

—¡Lo siento Bruno!— Exclamo yendo hasta él— debemos estudiar.

—En realidad— interrumpe mirando a Berenice— Franco y Ebe me enviaron— Su rostro está serio, como si él fuera tan adulto y maduro.

Berenice no lo duda, guarda todas las cartas en su cajón, lo llavea y sella con un poco de energía. Deja el bastón de Zafiro sobre su escritorio, a continuación Bruno nos guía hasta la habitación en donde se encontraban Ebe y Franco trabajando.

Al salir del laboratorio de Berenice choqué contra Dara, quien parecía estaba por entrar junto a nosotros.

— Me voy—Dice algo nerviosa, casi temblando.

—Ok— es todo lo que consigo decir mientras sigo caminando.

El pasillo parece eterno, el mal presentimiento no me permitía respirar correctamente. ¡ Maldita mierda!

Cuando llegamos a la puerta Bruno para de golpe, sin más y entró a la habitación.

Todas las piedras que Franco había traído y las que pudimos recoger parecían tener vida propia, estaban en el suelo, y saltaban como si estuviesen sometidas a fuertes vibraciones.

Esas piedras son almas, almas que saltan a Franco, como lo hacían con Zafiro, pero la diferencia es que él no lograba modificarlas, así que comenzó a trabajar con Ebe para eso, el trabajo lo hacian muy lento, pero eficaz, y eso era lo importante.

Miro a ambos que están en medio del Festival de rocas saltarinas y sus rostros reflejan el terror de quien reconoce las malas señales.

—¡No puede ser!— exclama Berenice. — Están intentando llamar sombras.

La simple oración despertó todos mis sentidos, sin más miré mi tatuaje de energía para percatarme que las sombras estaban en el 90% de mi mapa.

—¡Gran puta!— exclamo olvidando que tenía a Bruno cerca— Llama  Tamirá, Saskia, Aida y Liza— Le ordeno— Las necesito pronto aquí.

Cuando termine mi oración el niño salió corriendo, mientras Berenice entraba a la habitación esparciendo energía sobre las rocas alguna que otra cambiaba de negro a gris, pero era muy débil en comparación a lo que Zafiro podía hacer.

Miro a Franco y a Ebe quien se veía agotadisima, será mejor que ella salga de la habitación.

— Ebe...— Cuando la llamo ella intenta mirarme pero de la nada se desvanece.

Si no fuese por Franco su rostro terminaría contra el suelo, pero él fue realmente veloz.

—Saquenla de aquí, yo trabajaré con las chicas cuando lleguen — Ordena Berenice.

Sin más obedezco. Ella sabe que es lo que conviene en este momento.

Ayudó a Franco tomando a Ebe en mis brazos, cuando él me guía hasta una habitación libre, abre la puerta y sin más vueltas acuesto a la pequeña Ebe.



Bsar90

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En el texto hay: amor y odio, guerra, dolor

Editado: 06.11.2018

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