El Sol, el Viento y la Oscuridad (libro 2)

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Me está saliendo Caro.

Etiel llegó a eso de las 8:30 de la mañana, y no hablemos del humor asqueroso que yo tenía, aparte del dolor de cuerpo intenso, que en serio no lo siento ahora gracias  a que fui una de los conejillos de indias de Etiel para sus alumnos. 

Aquí a parte de Ebe, quien es nuestra sanadora, están unos cuantos que sabemos tienen ese poder, que simplemente lo han descubierto mediante sus entrenamientos. 

Sofía, del equipo de Andree, Uriel del equipo de Fran y Alanna del del equipo de Fer fueron los descubiertos por mis entrenadores, y esta habilidad es muy importante, pues dentro de poco les tocará a ellos ir a misiones, aún me queda robar la piedra a Hugo, entender que quieres los pérfugas y que hacemos con los inmortales, mientras yo me encargaré de buscar al hermano de Zafiro. 

Olvidé mencionar a René y Ada que también están aprendiendo, pero que no irán a misiones porque son parte del equipo principal junto con Franco, Bruno y Tamirá. A ellos los tendré cerca.

  — ¿Vas a ir junto a Dara?— Me susurra Andree— Yo me quedaré a vigilar a los chicos, no te preocupes por eso... 

— Gracias Andree— Le digo mientras me levanto de la arena, hago una señal a Tamirá quien está con los demás reclutas hablando,  ella me hace un gesto, para llamar la atención de Gizah y Liza, quienes también se levantan. 

Luego de ducharme hace un rato, envié un mensaje vía quibit a Andree, había llegado a un acuerdo con todo el equipo, querían que me reúna con ella y le exprese nuestra inconformidad, hasta Nadir votó a favor de desaforarla. 

Si bien, mi decisión era determinante, no podía no preguntar a la gente del grupo. Así que me pidieron que vaya, y lleve a las personas que ellos consideraban incorruptibles. Y esa es la razón por la que mis hermanas, cargadas de odio hacia Dara fueron elegidas por unanimidad, digo unanimidad porque yo no voto. 

 Podríamos teleportarnos hasta la cueva, pero no es tan lejana, y no vendría nada mal algo de caminata más ahora que podría salir algún tipo de conversación con las chicas. 

Mientras bajamos la pendiente que tenemos delante nuestro, recuerdo que Tamirá había quedado con su madre para hablar sobre la daga naim. 

  — Oye, Tamirá ¿Has podido saber algo más sobre las heridas causadas por las armas naims?

Liza y Gizah nos miran extrañadas, es verdad, anoche ninguna de las dos me vió llegar, así que no tienen idea. 

— Ayer intentaron hacer picadillo del brazo de tu hermano— Dice Tamirá a Gizah mientras sonríe y se sonroja, parece que intentara coquetear con ella, yo no seguí con el cuento, pues me da igual. Mi hermana muy por el contrario de sonreír me mira con enojo.

  — MMMMM—   anuncia Liza— Acabas de desatar una guerra.

  — Te quedaste sólo a luchar... ¿Acaso eso no es imprudente?

— ¿Salir con un nemosorum no lo es? 

  — Te dije que acabas de desatar la guerra—   repite Liza mientras se coloca unos pequeños auriculares, ella comienza a mover la cabeza y nos ignora. 

En verdad yo también pensé que volveríamos a discutir, y quizás volver a pelear, pero Gizah se adelantó, tan furiosa, que en verdad sé que no vale la pena. 

  — Traquilo mi amor, ella necesita espacio— Anuncia Tamirá así que no me queda más que confiar en mi amiga.

— ¿Te gusta mi hermano?— Pregunta Liza algo curiosa, un poco ofendida, y demostrando que jamás estaba escuchando música—  Él está enamorado...

— Todos lo estamos Liza— Le responde riendo— Sí me gusta un Anta, tu hermano está súper guapo, pero no es él, sólo somos muy buenos amigos. 

— Si te gusta un Anta, y no es mi hermano, ¿Es mi padre?—   pregunta Liza con Asco, creo que mi hermana se me cayó de brazos de pequeña. 

 — No le gusto yo, ni papá, ni tú, ¿Quién queda?

— ¿Y por qué yo...? ohhh te gusta Gizah...

—Ya sé lo que piensas Tamirá, y lo siento, cuando era niña le dábamos petróleo en vez de leche. 

La verdad Tamirá nunca me contó nada, pero se nota que a ella le gusta el alma, y no la persona, es decir puedes ser hombre o mujer, es lo que traes dentro lo que ella ve, al fin y al cabo nos lee.

  — Pero a Gizah...

— Lo sé corazón, y no quiero nada con ella, sólo me gusta, y me basta con mirarla, ahora no tengo tiempo para amar, o sentir pena por no ser correspondida. Sin embargo, si yo estuviese en tu lugar, en verdad estaría feliz, deberías perdonar a Fer, el te ama, pero debes saber que la misión y el compromiso con su líder, cuando tu vida arriesga está primero.

— No debería guardarme secretos— mi pequeña hermana aprieta sus labio y me pregunto si es mi culpa, hasta que escucho de nuevo a mi amiga y el alma se me libera de nuevo. 

— El no te guarda secretos, él hace su trabajo, y esa parte de nuestra vida nos pertenece, es suya, no tiene el porqué contarte todo, él se merece un espacio, como tú, te mereces el tuyo. 



Bsar90

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En el texto hay: amor y odio, guerra, dolor

Editado: 06.11.2018

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