El Trato

Tamaño de fuente: - +

En un instante

Llevo todo la tarde dándole vueltas a la cabeza para intentar encontrar a una persona que me pueda ayudar a fingir ser mi "novio", pero sin éxito. Esta es la consecuencia de no tener vida social, que no tengo amigos a los que pedir un simple favor. Un dolor punzante se ha instalado en mi sien, haciendo que cierre los ojos y que me lleve mis manos hacia mi cabeza, haciendo pequeños masajes con ellas. El silencio que embarga mi casa esta siendo mi peor aliado, pudiendo escuchar mi subconsciente como se ríe de mi. Tengo que salir de aquí. Necesito aire fresco y desconectar mi mente aunque sea por unos minutos. Sentada sobre la cama echo un vistazo a mi habitación hasta que vista se detiene en la mesa de color lila donde está mi cámara fotográfica. Me levanto de golpe, agarrando mi abrigo para después ponérmelo y colgando el asa de la cámara en mi cuello. Voy andando sin un rumbo fijo, haciendo fotos a lo que me llama la atención, como el cielo nocturno y estrellado, a la luna menguante o a un hombre mayor sentado en la parada del autobús. Las calles se encuentran totalmente desiertas y en la carreteras apenas se puede ver algún vehículo circulando por ella. Por las horas que son la mayoría de la gente estarán en sus casan y plácidamente durmiendo en sus camas, lo que debería de estar haciendo yo y lo que se cree mi madre que estoy haciendo. Ella está trabajando, y no se enterará de mi escapada nocturna. Voy tan surmegida en mis pensamientos que no me doy cuenta que me he adentrado en uno de los barrio más conflictivo de la ciudad. Agarro fuerte mi cámara entre mis manos, ya que es lo único de valor que traigo encima mientras ando cautelosa. A cada paso que doy miro hacia todos los lados temerosa de encontrarme con alguna banda de delincuentes que quiera algo más que robarme. Jamás había tenido tanta ganas de llegar a mi casa y poder sentirme a salvo. Detengo mis pasos de golpe y miro totalmente asombrada lo que está sucediendo a unos pocos  metros de donde me encuentro yo parada como una roca. La señora Vázquez, mi profesora de biología, se está besando de forma apasionado con Ewan, el chico problemático del instituto. Con mi mano tapando mi boca abierta en una perfecta "o" mito sin parpadear la escena que tengo frente a mis ojos. Las manos de Ewan recorren el cuerpo de ella con auténtica pasión. Su rostro encuentra  enterrado en el cuello de la profesora Vázquez mientras que está misma mantiene los ojos cerrados y su boca semi abierta, como si estuviera disfrutando cada beso y caricia que le da él. El destino está lleno de pequeños instante que cambian el rumbo de tu vida. Un solo instante basta para que tu vida de un giro de ciento ochenta grados. Tuve que  haberme ido de allí, hacer como que no había visto nada y que nunca estuve en ese lugar, pero en cambio agarre mi cámara entre mis manos y mirando la pantalla enfocoque el zoom en su dirección para después apretar el botón y hacer tres fotografías por segundo. Era como si mi dedo se encontrase pegado al botón, llenando la cámara fotográfica de imágenes de ellos en actitud cariñosa y comprometida. No pensaba utilizarlas en contra de la señora Vázquez, ella era una buena mujer que no se merecía tal puñalada por mi parte y tampoco contra Ewan, ya que me mataría si lo hiciera, simplemente no sabía por qué estaba haciendo tal cosa, pero allí estaba, mirando e inmortalizando la escena. Dejo mi cámara descansar en mi pecho, colgada del asa en mi cuello, para ver como la señora Vázquez se despide con un sonoro beso en los labios de Ewan, para después montarse en su coche plateado y salir del lugar despavorida. La mirada de Ewan sigue el coche donde se marcha su amante fortuita, quedándose en esa posición durante unos segundos para después girar su cabeza en mi dirección, clavando sus ojos lleno de malicia en mi. Con pasos lentos pero seguros se va acercando donde yo me encuentro totalmente inmóvil y asustada. Debería de salir corriendo de aquí, pero no puedo, estoy bloqueada y no puedo hacer otra cosa que no sea mirarlo con temor. Con sus manos metidas en los bolsillos delanteros de su pantalón va acortando la distancia conmigo hasta quedar frente mi. Sus ojos cargados de furia, su cercanía y su gran altura me hacen sentir muy pequeñita a su lado, me hace sentir tan insignificante como como un mosquito al que aplastas con la palma de tu mano. En el silencio de la noche se puede escuchar a la perfección mi respiración agitada e incluso creo que si pusiera atención llegaría oír el ritmo desenfrenado de mi corazón.

— Dame la cámara — su mano abandona uno de los bolsillos del pantalón para estirarla en mi dirección, esperando que le de una cámara que cuesta más que su propia vida — Dame la jodida cámara — me mantengo quieta, sin mover un solo musculo de mi cuerpo y agarrando la cámara entre mis manos con fuerza — o me las das por las buenas o la consigo por las malas... Tu eliges — su rostro serio me intimida y su mirada fría esta puesta en mi. — tu lo has querido... — pronuncia las palabras de una forma amenazante, dedicándome una sonrisa torcida mientras estira los brazos, agarrando la cámara y tirando fuerte de ella, ocasionando que el asa de esta se clave en mi cuello.

— Me haces daño — mi voz sale entrecortada, al borde del llanto por el dolor ocasionado.

— Si me las dieras tú misma no te haría daño — tira con fuerza y brusquedad del agarre que tiene en la cámara fotográfica, juntando así mi cuerpo con el suyo.

Sus manos abandonan la cámara para ir a mi cuello, intentando quitar el asa de el. No puedo permitir que destroce lo único que me hace sentir felicidad en mi vida. Esa cámara fotográfica fue un regalo de mi madre por  Papá Noel. Se que estuvo ahorrando unos cuantos meses para poder regalarmela y desde ese mismo día se convirtió en mi fiel compañera, llevándola conmigo a todos los lugares e inmortalizando todo a mi paso.

— Si quieres la cámara por las fotos es inútil, tiene un sistema que manda las fotos realizadas a mi correo electrónico. Da igual que te de la cámara, las fotos seguirán estando hay... — empuja mi cuerpo de forma brusca y asqueada, haciendo que mi espalda se estampe contra la pared de una tienda que está cerrada.



Laura Rodríguez (Laurarodri25)

#330 en Novela romántica
#91 en Chick lit

En el texto hay: pasion, amistad amor, dolor y celos

Editado: 14.12.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar