El Trato

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La chica pelirroja

La mañana esta transcurriendo con tranquilidad en el instituto. James no se a acercado a mi, aunque puedo notar su mirada acechando cada movimiento que hago. Me encuentro sentada al final de la clase, al lado de la ventana por la cual estoy mirando, esperando que llegue el profesor y los demás alumnos a la clase de laboratorio. El cielo se encuentra cubierto de nubes grises, amenazando con romper a llover en cualquier momento. Escaneo el lugar con aburrimiento, clavando mi vista en los aparcamientos del centro donde logro ver a Ewan montando sobre su moto negra. Su mano sujeta un cigarro mientras mira ausente al frente. ¿ En que estará pensando? Acerco mi rostro hacia la ventana, dejando mis manos apoyadas en el cristal de esta, notando como mi cuerpo me pide a gritos salir de esta clase e ir hacia él. Su cabeza se alza mirando hacia el cielo atormentado, el mismo que me recuerda al color de sus preciosos y enigmáticos ojos. El sonido de la puerta me hace mirar hacia el frente, viendo frente a mi al profesor de laboratorio el cual rápidamente se pone a implantar la teoría de su asignatura. Después de estar durante unos largos y incansables minutos explicando el experimento que tenemos que elaborar, es momento de llevarlo a cabo junto a otro alumno, el cual tenemos la opción de elegir nosotros mismos. Siempre cuando tocaba este momento, me quedaba sentada en mi silla, esperando que el profesor me asignará uno que al igual que yo no hubiese corrido con la suerte de que algún alumno le eligiera como su compañero de laboratorio. Pero hoy mi objetivo es conseguir ante que lo logre otra persona, que la chica pelirroja sea mi compañera. Ando entre el bullicio que se ha formado en la clase, evitando chocar con mis compañeros los cuales están de un sitio para otro buscando con ansias encontrar un alumno libre que quiera  hacer el experimento junto a el. James camina hacia mi cabizbajo, pudiendo ver cierta vergüenza en su rostro. James son de los pocos afortunados que no tienen que buscar compañeros ya que ellos son los que van en su busca con desesperación, queriendo y deseando que el chico popular sea su pareja de laboratorio. Su pies paran de andar, quedándose parado en mitad del aula mientras mira como camino hacia él . Su boca se abre con asombro cuando paso por su lado, yendo directamente hacia la mesa donde se encuentra sentada la chica pelirroja.

— ¿ Puedo ser tu compañera de laboratorio? — mientras le formulo la pregunta a la chica miro hacia James el cual está parado en mitad del aula, mirando en mi dirección con  aturdimiento.

— Si — una voz melosa y dulce llegan a mis oídos, haciendo que desconecte de James para mirarla.

Sus mejillas siempre sonrojadas se encuentran de un color más rojizo haciendo una combinación perfecta con las pecas que cubre su rostro. Me siento en la silla que se encuentra en un extremo suyo mientras analizo cada movimiento, gesto, y rasgo de ella. Me cabrea tener que confesar que de cerca su belleza es más notoria. Mechones de su pelo del color del fuego caen por su frente, viendo como lo lleva recogido en un moño informal. Sus labios tienen un color rojizo natural, haciendo que sienta  envidia de ellos. Sus ojos son de color marrón claros pero es el brillo en su mirada lo que le hace verse de forma especial. El sentimiento de la envidia me golpea con fuerza, por que me gustaría tener su belleza, su mirada, ese encanto especial que le hace ver única y poder tener a Ewan completamente loco por mi.

— Yo soy Lily — una pequeña sonrisa tímida decora su rostro sonrojado cuando me mira.

— Yo soy Hanna — pronuncio su nombre mentalmente, como si quisiera que no se borrase de mi mente como se llama la que se ha convertido en mi enemiga sin ningún razón aparente, solo ser la encargada de haber conquistado al chico de la mirada gélida.

Intento seguir cada uno de sus pasos, mezclar cada líquido en su cubeta correspondiente pero lo hace tan rápido que me es imposible. No le hace falta mirar las pautas que están escritas en letras grandes en la pizarra, ya que sabe perfectamente como elaborar el experimento sin que le haga falta de ayuda alguna. Un pequeño bufido se escapa de mis labios cuando me doy cuenta de que es una chica inteligente, mucho más que yo. Su mirada conecta con la mía cuando escucha el pequeño sonido que  ha abandonado mi boca de forma involuntaria. Intento fingir ante sus ojos con una sonrisa amigable, que no se percaté de lo que está despertando en mi interior, que es una envidia que jamas antes había sentido, incluso ni con Salma.

— Hanna... ¿Los sábados que haces? — su ceño se encuentra levemente fruncido, quizás este desconcertada por mi pregunta — ¿ Sales de fiesta...? — solo quiero saber si voy a tener que ser testigo de como Ewan la mira, la observa, la admira y como la protección que ahora ejerce conmigo la emplea en ella.

— Si... Aunque he estado un tiempo sin salir por que he estado cuidando a mi abuelo que se encontraba enfermo — me siento mal conmigo misma cuando escucho sus palabras las cuales me hacen saber que es buena chica.

Ella no es mi enemiga, mi enemiga soy yo misma por dejarme llevar por los celos y la envidia. Ewan es mi amigo y si a él le gusta ella lo único que tengo y debo hacer es apoyarlo, aunque me duela en lo más profundo de mi ser.

— ¿Tienes novio ? — por un momento tengo miedo de que crea que estoy ligando con ella, que crea que ese es el motivo de todas mis preguntas absurdas, pero cuando veo como sonríe con timidez y niega con la cabeza se esfuma ese pensamiento de mi mente.

Me concentro en llevar a cabo el experimento, en estar entretenida para no seguir haciendo más preguntas incómodas que me están haciendo quedar como una estúpida frente a ella. Lo que quedo de minutos hasta que acabo esa asignatura transcurrió en completo silencio entre nosotras. Ando a paso deprisa hacia los vestuarios, ya que ahora toca gimnasia y me tengo que vestir con el uniforme deportivo. No me gusta cambiarme delante de ellas. Soy una persona que tiene mucho pudor, demasiado, y si a eso se le incrementa mi inseguridad hacen de mi la chica que soy, la cual corre hacia los vestuarios para que ninguna chica me pueda ver cambiándome de ropa. Decidido acortar camino, pasando por el vestuario masculinos los cuales estarán vacíos y los que a través de un pequeño pasillo formado por taquillas metálicas llevan hacia los vestuarios femeninos. Ando a paso ligero, llegando hasta mis fosas nasales el olor de este sitio, el cual su peculiar aroma a sudor mezclado con ambientador provoca que se me revuelva el estómago. Mis pies dejan de andar y mi corazón golpea en mi pecho con una fuerza sobrehumana cuando veo su espalda desnuda y cubierta de tatuajes. Escaneo cada mínima parte de él, desde sus piernas cubiertas por el uniforme deportivo del centro hasta su espalda la cual va descendiendo de tamaño, desde sus hombros anchos y fuertes hasta su cintura más estrecha. No puedo controlar mi respiración agitada, costandome el simple echo de dar una bocanada de aire para que mis pulmones se llenen del oxígeno suficiente. Lentamente va girando su cuerpo, pudiendo ver como también su torso esta cubierto en su mayoría por tatuajes. Aunque quiera no puedo dejar de mirar y admirar su cuerpo, su piel, sus abdominales marcadas... Provocando que mis mejillas se tornen de un color rojizo y que un cosquilleo se instale en la boca de mi estómago.



Laura Rodríguez (Laurarodri25)

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En el texto hay: pasion, amistad amor, dolor y celos

Editado: 14.12.2019

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