El Trato

Tamaño de fuente: - +

¿ Por que lo odias ?

Lo miro en silencio, sin pronunciar palabra alguna mientras veo pasar los minutos. No quiero hablarle cuando todavía puedo notar como la rabia fluye por sus venas. Sus manos están sobre su cabeza, haciendo movimientos de arriba a abajo con ellas mientras anda en círculos, como si fuera un animal enjaulado. No me gusta ver esta versión de Ewan, no me gusta ver su lado violento e impulsivo del que no se puede controlar. Somos tan distintos que a veces me cuesta ver un futuro en donde estemos los dos juntos. Lo amo como jamás yo creo que amare a nadie pero el que Ewan vea la vida de distinta forma que yo me hace replantearme si podré ser feliz a su lado. Con un chico así solo traerás sufrimiento a tu vida. Las palabras que siempre pronuncia mi madre cuando se refiere al "chico tatuado" cobra fuerza en mi mente, haciendo que lo mire pensativa.

— ¿ Por que Ewan...? — mis palabras logran captar su atención el cual deja de andar para mirarme.

— ¿ Que...? — su rostro muestra una mueca de confusión tras mi pregunta.

—  ¿ Por qué todo lo tienes que resolver a base de violencia? ¿ Por qué no puedes simplemente limitarte a hablar? — un bufido de fastidio se escapa de mis labios mientras doy cortos pasos, dándole la espalda.

— ¿ Que querías que hiciera?... ¿ Ponerme hablar con él cuando se estaba riendo en mi puta cara? — el tono de su voz suena cabreado y no si es por mi pregunta anterior o por que todavía siente los estragos de la furia por su desencuentro con James.

— No ha hecho nada grave para que te pusieras así — me giro para enfrentarlo, viendo como me mira con rabia — Solo estaba chuleando de su coche... ¿ De verdad tu crees que es motivo para que te pusieras así? — se mantiene en silencio, sin responder a mi pregunta.

Sus ojos me miran con decepción, pero solamente quiero que entienda que no puede ir por la vida creyéndose invencible, por que no lo es.

— ¿ Por que odias a James? — da unos cuantos pasos, quedando su rostro enfurecido muy cerca del mio.

— ¿ Y tu por que lo defiendes? — niego con desaprobación con mi cabeza mientras lo miro directamente a los ojos, queriendo que vea la verdad a través de mi mirada.

— No lo defiendo a él, te protego a ti — puedo ver como la rabia a desaparecido de sus preciosos ojos mientras se mantiene en silencio, escuchándome atentamente — tengo miedo a que te puedan hacer daño... — dejo de hablar cuando veo como las comisuras de sus labios se han elevado levemente.

Sus manos agarran mis mejillas para juntar sus labios contra los míos, notando como sonríe sobre ellos. No escucho nada, mi mente ha dejado de pensar y el tiempo de transcurrir. Es el efecto Ewan. Un poder que deberían de estudiar los mejores científicos del mundo. Se aleja de mi rostro para mirarme.

— Te voy a llevar a tu casa, tienes que estar cansada después de que un loco te despertase en la madrugada  — le afirmo a sus palabras con una sonrisa para después andar detrás de él hacia la moto, en la cual me monto con mis brazos alrededor de su firme y ancho torso.

Pequeñas gotas de agua caen con fuerza en mi cara mientras Ewan conduce con cautela, disminuyendo la velocidad por medio de las mojadas carreteras.

— Tengo que reconocer que estabas realmente sexy con ese pijama  — le doy un leve manotazo en el brazo mientras escucho su risa ronca de fondo — aunque preferiría verte sin el puesto — puedo notar como mis mejillas se van tornado de un color rojizo tras su sexy y provocador comentario.

— Se que son muy infantiles pero me encantae y son muy calentitos... Mi madre odia ese pijama pero como nunca esta por las noches me los pongo sin problemas... — desvía fugazmente la mirada en mi dirección, pudiendo ver picardía y deseo a través de sus ojos.

— ¿ Me estas proponiendo sutilmente que te vuelva hacer una visita nocturna...? — su mano se ha apoyado en mi muslo, haciendo movimiento de arriba a abajo con ella.

— Puede ser... — Me da igual darle ese dato de mi vida de que por las noches estoy en completa soledad para recibir su visita, ya que es lo que quiero que haga, quiero escuchar su bocina en la madrugada y que me colme de besos y caricias.

— Te estás metiendo en la boca del lobo pringada... — emplea las palabras de una forma seductora, con una picardía que sólo esta agravando el calor de mi cuerpo.

Su mano va descendiendo con lentitud, adentrándose por mi muslo interno y logrando que gemidos cargados de placer y lujuria broten de mis labios. Reconozco las casas de un extremo mío, sabiendo que nos estamos adentramos en mi vencidario. No quiero que se termine el trayecto, quiero ir al fin del mundo junto a él. Mis labios rozan con sutileza la piel desnuda de su cuello, trazando un camino de caricias.

— Si sigues calentandome así daré media vuelta y te follare en el primer descampado que vea — su voz suena más ronca de lo que habitualmente es y junto al ritmo de sus respiración entrecortada me hacen saber que se encuentra excitado, que soy yo la que ha logrado a través de una caricias despertar ese deseo en él.



Laura Rodríguez (Laurarodri25)

#372 en Novela romántica
#99 en Chick lit

En el texto hay: pasion, amistad amor, dolor y celos

Editado: 14.12.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar