El Trato

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La chica de los mil apodos

Este capítulo no forma parte directamente de la historia El Trato sino que puede ser el principio y anticipó de una estupenda aventura donde los personajes nos serán bastante familiares. Lean, disfruten y no se olviden de comentar que os ha parecido.

Todo debía de ser sencillo. Una excursión y adiós problemas. Pero no conté con ver al que fue el artífice de que mi vida diese un giro de ciento ochenta grados. Marco. El chico que tanto podía despertar respeto y miedo por su personalidad problemática como admiración y envidia por su impotente físico. Siempre mantenía esa caracteriza sonrisa que podía derretir a cualquier chica como podía desarmarte por completo con una mirada de esos ojos color azules tan claro como un cielo de verano. Cara a la gente mantenía ese carácter pícaro, burlón y seductor que enloquecía tanto a las mujeres, pero a mi fue a la única persona que dejo ver su verdadera personalidad. Intento mantener una postura segura frente a sus ojos en cuanto lo veo adentrarse en el autobús, pero solo basta con una mirada suya para que un suspiro cargado de añoranza brote de mis labios. Toda mi vida se ha basado en seguir un patrón de normas impuestas por mi misma. Estudiar a la misma hora, coger siempre el mismo camino para ir al instituto, colocar por tamaño y en perfecto orden cada material estudiantil que había sobre mi mesa... Y así un sin fin de pautas que necesitaba llevar diariamente para no caer en un agujero negro. Yo pensaba que solo se trataba por que era una persona sumamente meticulosa, pero mi madre no tuvo reparos en decirme en la cara y sin ningún escrúpulos que lo que tenía era principio de TOC (Tractorno obsesivo compulsivo). Cada día que pasaba ese problema mental se iba apoderando de mi de una forma despiadada. No vivía, simplemente me limitaba a seguir con riguroso tacto lo que mi mente me pedía. Hasta que llego Marco. Él fue quien rompió cada regla, cada pauta, cada patrón que mi día a día llevaba. Solo basto un castigo impuesto para conocer al chico del que todo el mundo huía o suspiraba. No se que hizo ese día Marco, tampoco le pregunte, pero me tocó ser su tutora de enseñanzas de anatomía por orden del director. No rechiste, no le rogué para que pusieran a otra persona al frente de este castigo, solamente me fui en silencio hacia la sala de estudio del instituto donde debería de estar él esperando. Si debía de pasar más tiempo en el lugar que todos los alumnos están deseando salir  por mi estupendo, todo era mejor que estar en casa. Y ese fue el primer contacto directo con Marco y el principio de una gran aventura. Mirando tras la ventanilla del autobús veo el paisaje pasar rápidamente y mi mente viaja a ese justo momento donde los cimientos de mi mundo se empezaron a tambalear por su presencia.

Un año atrás

Intento tener paciencia, explicarle con calma lo que el temario del libro de anatomía dicta pero después de más de media hora viendo cómo ignora cada palabra que salen por mis labios me encuentro al borde de explotar contra él.

— ¿ vas estudiar o vas ha seguir  haciendo el imbécil?... ¿ Que quieres hacer...? — me sorprende cuando veo que no se ha molestado por mi pregunta si no que en cambio me sonríe con una sonrisa picara que provoca que desvíe rápidamente la mirada de él.

— Quiero hacer cosas que no te imaginas ... — el brillo de diversión de sus ojos me hace saber que ha empleado esas palabras con dobles intenciones.

Ignorando su actitud vuelvo a concentrarme en explicarle lo que el libro de anatomía muestra pero dejo de hablar de golpe cuando veo como esta jugando con mi estuche, sacando de el cada bolígrafo y lápices que había en su interior. La sangre de mi corazón bombea con rapidez, mi pulso está descontrolado y mis ojos fijos en el desorden que ha creado él.

— No vuelvas a tocar mis cosas... Y ahora vas a meter lo que has sacado — le ordeno como si el que tuviera en frente mía se tratase de un amigo al que me puedo dar el lujo de hablarle así, pero ahora mismo no soy yo, quien está hablando es el monstruo que en ocasiones domina mi mente.

— Yo te meto lo que tu quieras... — abro la boca con asombro mientras siento como mi rostro se enrojece ante su descarada forma de hablar.

— Da igual... Ya lo hago yo... — con paciencia y bajo su atenta mirada voy introduciendo cada material según su tamaño dentro del estuche.

— ¿ Que te vas a meter ? — mi cara arde de la vergüenza y me siento estúpida por que este viendo como mis manos tiemblan por unas osadas palabras — No te veía esa clase de chicas que se ponen de rodillas en la primera cita... Pero me gusta... — dejo el estuche a un lado para alzar la mirada en su dirección y ver un destello juguetón en sus intensos ojos azules.

— ¿ Te estás divirtiendo con todo esto? — hablo con seguridad y seriedad.



Laura Rodríguez (Laurarodri25)

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En el texto hay: pasion, amistad amor, dolor y celos

Editado: 14.12.2019

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