El Último Ángel

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Capítulo I

Mi cuerpo estaba helado, sentía el frio viento zumbar mis oídos mientras acariciaba mi cuerpo entumecido. Abrí los ojos mirando la blanca nieve a mi alrededor, cubriendo los tétricos árboles que me rodeaban ¿Dónde estoy? Mejor aún ¿Quién soy? Mire mis manos y toque mi rostro, me pellizque, cerré los ojos con fuerza, pensando que nada era real. Pero el frio que sentía me avisaba que todo eso si estaba pasando.

Me levante sobre mis pies, parecía que no tenían fuerzas, como si estuviera aprendiendo a caminar, y observe mi cuerpo totalmente desnudo ¿Qué estaba sucediendo? Moría de frio, y hambre. No recordaba nada, ¿quién era yo antes de esto?

Todo a mí alrededor me confundía, el paisaje era blanco o negro. La mejor opción que tenía por el momento es encontrar un lugar donde refugiarme de este frio, o encontrar a alguien que me ayude, pero la nieve y la intensa niebla dejaban ver poco. Aun asi, camine entre todo eso, quieta no lograría nada. Mis músculos parecían endurecerse poco a poco y el frio empezaba a sentirse hasta en mis huesos. No iba a durar mucho asi y empezaba a asustarme.

Ya convencida de que no encontraría nada, me senté junto a un árbol, con la esperanza de evitar que el viento frio no llegara a mí y la nieve no congelara más mi piel, pero era inútil, en cualquier momento podría morir de frio.

No lograba comprender nada, mucho menos recordar algo antes de mi llegada ahí. Trate de envolver mi cuerpo con mis manos para evitar un poco más el frio, pero era imposible. No obstante, una ola de viento fuerte me chocó de frente con tanta fuerza que pensé que se me rasgaría la piel. Pese a que me costó, abrí los ojos mientras los cubría con mi mano, segundos después este seso ¡por fin! ¡Pensé que me congelaría!

¡Hay alguien! ¡Encontré a alguien que me ayude! A unos doscientos metros podía ver una silueta que definitivamente no era un árbol, no podía distinguir si era hombre o mujer. Llevaba una capa negra larga que cubría parte de la nieve a su alrededor. Su capucha tapaba casi por completo su rostro y la oscuridad ocultaba el resto.

—¡Hola! ¡¿Puedes ayudarme?!— es mejor acercarme, dudo mucho que logre oírme con el viento soplar asi.

No se movió ni un milímetro, estaba rígido, pero sabía que me estaba mirando, sospeche que podría estar congelado, o estaba alucinando. Camine lento y con precaución hacia él, había algo dentro de mí que me decía que tenía que ir, como una voz interna gritándome que lo hiciera, pero por otra parte, me asustaba.

—¡¿Hola?!— grite aún más fuerte, con la esperanza de que me escuchara.

Me detuve justo en el momento cuando sus brazos se elevaron a la altura de sus hombros. Parecía invitarme a ir, ofreciéndome ayuda. Lo dudé, tenía una lucha interna en correr hacia él o correr en sentido contrario, no sabía que hacer, pero al siguiente paso que di los resolví. Sus manos se inclinaron hacia adelante y miles de sombras salieron de detrás suyo hacia a mí.

Por unos segundos me quede paralizada, mi corazón detuvo su ritmo y lo reanudo con una frecuencia tan rápida y fuerte que mi pecho dolió ¡¿Qué es eso?! Lo que fuera, quería hacerme daño ¡Hay que correr! ¡Ya! Era difícil hacerlo, mis pies se hundían en la nieve y de vez en cuando me caía. Las ramas de los arboles a veces me lastimaban los brazos, pero del miedo no sentía dolor alguno ¿Por qué me ataca si no he hecho nada malo? No mires atrás, era lo único que pensaba. Sabía que en cuanto lo hiciera entraría más en pánico.

- ¡por favor detente! ¡no quería hacer nada malo! – grite, del miedo no podía evitar llorar.

Lo sé, una voz retumbo en mi cabeza, pero no estaba segura de si en verdad me estaba contestando, o lo estaba imaginando. Miré rápidamente hacia atrás y descubrí que aquellas sombras aun me seguían de cerca, muy cerca. Un grito se escapó de mi garganta, mi cuerpo se elevó por los aires y aterrizo bruscamente en la nieve ¿me habían alcanzado? ¡Me levantaron en el aire! ¡¿Cómo es eso posible?! Retome mi escape enseguida, ahora que lo pienso no estaban lo suficientemente cerca como para poder haberme hecho eso. Aun así, eso no interesaba en lo más mínimo, era necesario que saliera de ahí cuanto antes ¿Pero a dónde?

El bosque se acabó después de una intensa corrida en línea recta. Podía observar un puente de madera tallado, debajo cruzaba un rio totalmente congelado por el frío, mi cuerpo terminaría así en cualquier momento.

Me gire una última vez hacia lo que sea que me estaba atacando para descubrir que había desaparecido. Mi pecho subía y bajaba frenéticamente, además de por la corrida, por el miedo que tenía ¿esos eran fantasmas? Un escalofrío recorrió mi espalda. Por mi seguridad seguí corriendo buscando un lugar donde esconderme hasta saber que definitivamente todo había pasado y me sintiera segura. 
Mi aliento se dispersaba en una nube blanca que me daba la sensación de que caería congelada en pequeños hielitos, no puedo creer el frio que hace, aunque pensándolo bien ¿alguna vez sentí frio? No recuerdo haber sentido en otro momento lo que es tener frio de verdad.



MERO

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En el texto hay: angeles, angeles caidos, demonios

Editado: 26.09.2018

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