El Último Ángel

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Capítulo XIV

El camino hacia el castillo fue largo y difícil con mis pies hundiéndose en la nieve. Pero lo logre. Aunque no sentía nada, quería ver a mis amigos y a Zed. Pero parecía como si algo adentro mío si hubiese roto. No iba a matarlo, no lo iba a hacer. Fuese lo que fuese mi misión en la tierra, nunca podría completarla. Iba a buscar la forma de que la situación fuera mejor. Que nadie más muriera.

Me entregue a él y no mi importo nada más. Pero no confió en mí. Por un lado lo entiendo, confiar en mí podía implicar poner en riesgo a todos lo que estaban bajo su protección. Pero tenía la esperanza de que después de esa noche juntos, confiara un poco más.

Por otra parte era entendible. Parte de lo que Dios quiso, fue enredarme en sus sabanas. Había hecho una parte de lo que él quería, quizás no pensó en que lo hice porque quería sus besos, sus caricias; tal vez lo vio como parte del juego.

Llegue al puente des castillo, había una multitud de personas en el jardín mirando en mi dirección. Escuche el característico rugir de Zed y mi corazón salto de emoción. Aterrizo en el suelo delante de mí y sin pensármelo dos veces corrí hacia él.

—Mi pequeño zorrito— respondió a mi abrazo apoyando su cabeza en mi hombro como siempre lo hacía.

Me acompaño de cerca en mi recorrido hasta el jardín. Mucho me miraban, pero no podían ver mi rostro por la capa sobre mi cabeza. Pero si podían ver mis alas. Asique la noticia de que el ultimo ángel ya había llegado, estaba dada. No me importo tampoco. Solo quería llegar a mi cuarto y derrumbarme en mi cama para desahogarme todo lo que quisiera.

No veía a Gerlson y Addalia por ningún lado y supuse, por la hora que creía que era, que estaban en clases. Con Saurs. Pero si vi a sus padres, que tenía una enorme sonrisa en el rostro. Una que a pesar de que estaba contenta de verlos, no pude cambiar la tristeza de mi rostro.

Comenzaron uno por uno a hacer una reverencia a medida que pasaba. Eso es lo que me molestaba de todo esto. No he hecho nada, ni siquiera me conocen y me veneran. No lo harían si supieran que no pienso destruir a Diamen.

Entre al castillo mientras todos me daban paso. Hasta pude ver a Fronz, el que siempre me molesto por ser la acomodada, hacer lo mismo y mostrar respeto hacia mí. Si supiera quien soy. Creo que alguien se saltó las clases, otra vez.

Llegue al salón y del pasillo pude ver correr a un grupo de personas. Mis compañeros de clase. Ahí estaban. Gerlson y Addalia se quedaron inmóviles al verme. Yo no me lo pensé dos veces y corrí hacia ellos. Los abrace con fuerza, pensé que no volvería a verlos.

—Los extrañe muchísimo.

Me abrazaron con fuerza y sentí como Addalia lloraba con fuerza en mi hombro.

—Pensé que habías muerto— murmuro.

Levante la mirada y vi a Saurs mirándome con los ojos bien abiertos. Sé que no quiere que los demás sepan quién soy, por eso debe de observarme así, tengo mis alas al descubierto. Como un acto de rebeldía hacia él, termine sacando la tela de mi cabeza, sin medir las consecuencias. Aunque ya no me importaba si lo sabían o no. Que el mundo sepa que no he podido hacer nada, desde que llegue aquí.

Escuche varias exclamaciones de sorpresa a mí alrededor, de seguro muchos me habían visto merodear por el castillo y sabrían de la estudiante que dormía en los pasillos reales.

Pero Saurs no se movió, no parecía importarle lo que acababa de hacer. Me acerque a él, abandonando a mis amigos.

—Saurs...— murmure mirando al suelo.

Todavía no sé qué decirle exactamente, puede que me odie por haberme ido con Diamen. Lo último que le dije fue que me dejara sola. Además después de saber que él iba a matarme después de todo, había cambiado todo.

— ¿Eileen?— volví a mirarlo y me abrazo con fuerza —Estas bien— se aferró más a mi

No sé si le podría decir bien. Estoy herida, pero no físicamente. Le sonreí pero creo que noto que estaba feliz, pero no del todo. Se puso rígido al instante, algo debe estar pensando.

Por arriba de su hombro vi como el rey se acercaba a mí con una amplia sonrisa. Lo odio, odio a ese hombre. Antes solo me molestaba su presencia, ahora quiero que desaparezca.

Podía notar una luz dispersarse de mi cuerpo y crear una pared entre él y yo que no pudo atravesar. Me miraba sorprendido y luego su boca se extendió en una enorme sonrisa. Pero algo ocultaba, lo podía ver en su mirada. En esa tétrica expresión. Saurs miraba el muro delante nuestro al igual que todo el castillo. Nos había separado. Todo el mundo había quedado a un lado y el rey con sus sirvientes del otro.

—Eileen, tranquilízate...

—Procura que no se acerque a mí— el muro despareció y camine rápido a su lado para llegar a mi habitación.

Era raro estar aquí de nuevo después de todo lo que había pasado. Tenía cierta nostalgia. Pero el entorno me recordaba que Diamen no me quería cerca de él y eso dolió. Es injusto ¿Por qué tenía que ser yo?



MERO

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En el texto hay: angeles, angeles caidos, demonios

Editado: 26.09.2018

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