El último fumador

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Capítulo 15

Juan se sumió en una profunda tristeza. Le pasaron miles de pensamientos por la cabeza. Pensó que se iría con alguien seguramente, pensó con cuántos hombres habían tenido sexo todo el fin de semana. Y le llamaba la atención que no sentía celos, sentía angustia por haberse ilusionado con algo que no tenía razón de ser, con algo que era descabellado desde el principio.

- Ah... ¡Qué bueno! – dijo Juan con un mal fingido entusiasmo –

- Sí, ¡Estoy chocha! Imaginate, yo no me fui ni a la esquina y de golpe...guau...Europa...Roma, Londres, Paris.

- Que bien. Entonces te vas bastante tiempo.

- Sí, nos vamos...me voy tres semanas.

- Me alegro por vos, pero yo quería verte. Pero bueno veremos a la vuelta.

- Yo también quería verte Juan...pero...

- Pero ¿Qué?

- Es toda una historia. A los dos nos pasó algo fuerte. No nos íbamos a ver nuevamente como puta y cliente. Y eso es una complicación.

- Sería una complicación si alguno de los dos, o los dos, no quieren verse. Creo que no es el caso, o mejor dicho, creía que no era el caso. Pero veo que me equivoqué.

- ¡No! Si te equivocas. Yo tenía muchas ganas de verte. Pero no sé si es algo que puede funcionar. Sos un buen tipo y no sé si te ibas a bancar la situación de salir con una mina como yo.

- ¿Sabés las veces que me dijeron: "sos un buen tipo", pero? Ya me tiene podrido esa frase. ¿Cuál es? ¿Hay que ser un hijo de puta?

- No, Juan. No me malinterpretes. Está buenísimo que seas un buen tipo y que tengas todas esas cualidades hermosas que tenéis. El tema es que no es fácil estar con una chica que trabaja de lo que trabajo yo.

- Me hubieras dejado evaluarlo a mí. Me parece. Somos grandes, Jose. Vos sabías perfectamente, como vos lo dijiste, que yo te quería ver como...un cita, digamos, para pasarla bien y para ver si lo que nos pasó nos seguía pasando. Y uno tiene que jugarse, en definitiva la vida es eso: jugarse con coraje. Y yo me la juego, no tengo problema.

- Sos un dulce...

- Si, soy un dulce pero...

- No seas tonto.

- Bueno supongo que seguiremos hablando o tal vez no.

- No te pongas así que me haces sentir mal a mí.

- No me chamuyes, Jose.

- No te hagas el frío conmigo. Te queda mal.

- Y vos sabés de frialdad ¿No?

- ¿Qué me querés decir?

- No hay nada más frio que tener sexo por dinero. ¿No te parece?

- Bueno, veo que estás dispuesto a herirme, y lo lograste. Chau, Juan.

- Chau, Jose.

Josefina se largó a llorar apenas se despidió de Juan. Sabía que lo que Juan le había dicho era verdad, no había nada más frío que entregar tu cuerpo por plata. Pero no le gustó para nada que se lo haya dicho justamente él y encima de esa manera. Juan estaba muy enojado y solo la quiso herir. Se notaba que se había enamorado de ella, y cuando ella colgó se dio cuenta que ella también. Pensó en cancelar su viaje pero sabía que era mucho dinero y no podía desaprovecharlos, total en poco tiempo volvería y hablaría bien con él, pero cara a cara.

Juan dejó el celular sobre la mesa y se le llenaron los ojos de lágrimas. No entendía como Jose huía de él, como elegía estar con tipos que solo le daban dinero, con tipos que no le gustaban, con tipos que la usaban, con tipos que la compraban. Se levantó del sillón y salió del departamento. Fue a dar una vuelta por ahí. La tarde estaba cálida pero se notaba que en cualquier momento podía largarse a llover, la lluvia se olía en el aire. Caminó hacia la zona en donde estaban los pubs irlandeses. Cuando llegó tenía para elegir, en la misma manzana tenía cuatro. Entró al que estaba más concurrido y se sentó a una barra que estaba cerca de la ventana, la cual estaba abierta. Se pidió una cerveza y unos maníes. El lugar se fue llenando de gente. Le parecía raro que eso ocurriera un lunes pero, claro, hacía mucho tiempo que no salía por ahí y evidentemente estaba desactualizado con respecto al movimiento que había en la zona en la actualidad. La noche fue pasando y Juan ya había perdido la cuenta de la cantidad de cervezas que se había tomado. Sabía que seguramente al otro día llegaría tarde al trabajo una vez más y que debería tolerar los reproches, con razón, del insoportable de Regules. Cuando ya había tomado la decisión de irse para su casa, pidió otra cerveza. Se perjuró que sería la última. Cambió de barra. Tenía una a espaldas de él en la que había más movimiento, más joda, más mujeres. Mientras no se podía sacar de la cabeza lo que le había dicho a Jose << No hay nada más frio que tener sexo por dinero >> Sabía que lo había dicho por bronca, pero también sabía que había estado mal. Fue algo totalmente innecesario. Se lo dijo con el único propósito de herirla. Se sintió mal. Siempre había tenido una nostalgia, una remembranza rara, extraña. Él no tenía una añoranza común, aquella que uno tiene por lo que ha perdido, por lo que ya no tiene. Él tenía una nostalgia de lo que aún no había tenido, pero imagina tenerlo y luego perderlo. Se adelantaba a los acontecimientos. Se aceleraba. Sufría cuando algo aún no había ocurrido, sufría cuando ocurría y sufría cuando luego lo perdía. Porque sabía que al final, todo lo terminamos perdiendo. Era su pensamiento pesimista que siempre lo atormentaba.



Queco

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En el texto hay: asesinatos

Editado: 11.05.2018

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