Él Último Omega

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Capítulo 6

—  ¿A qué hora nos reuniremos?.

— ¿Te parece a las cinco?.

— Okey,  me parece bien Marco — él  de ojos verdes,  Gabriel, sonrie en una clara respuesta positiva — Debemos esforzarnos,  sino sacamos altas notas nos darán de baja en la carrera.

Asiento sabiendo lo importante qué serán los próximos exámenes para adentrarnos más en la carrera,  luego me despido de mí compañero para dirigirme a la salida. Es toda una travesía poder salir por el mar de chicos y chicas hablando,  gritando,  riendo;  discutiendo por cómo hacer los trabajos para mañana. A pocos pasos de la entrada me distraigo por los murales qué presentan los diferentes clubes que intentan  atraer miembros y haci mantenerse a flote.

De repente,  el bullicio parece bajar pero pocos segundos después muchos murmullos se hacen presentes, un escalofrío baja por mí espalda — Ésto es malo — susurro,  lentamente me doy medía vuelta al hacerlo me doy un respingo al ver a Marcelo sonriendo en mí dirección.  La impresión me sobresalta al notar qué ésa sonrisa que mantiene en su rostro es forzada;  volteo a mirar  a nuestro alrededor para luego fruncir el ceño,  sólo estámos  nosotros dos rodeados por todos los estudiantes.

— Hola,  ¿Qué suede Marcelo?  — saludo y pregunto pasando a su lado.

— Todos son humanos,  al menos la mayoría — sí su forzada sonrisa me tenía extrañado ahora su respuesta a mí pregunta,  aumenta esa sensación.

Al caminar unos cuántos pasos noto qué Marcelo también camina a mí lado, pero no es hasta qué estamos lejos de la entrada y de la mayor parte de los estudiantes qué su extraña expresión desaparece — No sabes no difícil qué para nosotros estar rodeados de tantos humanos — las palabras de Marcelo de adelantan a la pregunta qué le iba a hacer, ésto me hace preguntar sí estará utilizando la habilidad de los hombres lobos de intuir lo qué piensas los demás.

— No estaràs leyendo mi mente — le digo al acercarnos a la camioneta negra — Porqué sí es así,  le preguntaré a Katy,  si envolver mí cabezas con papel aluminio puede evitar qué lean mí mente.

No pasan ni dos segundos para escuchar la estruendosa risa de Marcelo,  su risa es tan contagiosa que también a mí me hace rier — No somos alienígenas Marco,  somos hombres lobo; es muy diferente — asiento en su dirección aun sonriendo para luego adentrarme en el vehículo,  los dos rusos qué van en la parte delantera me saludan con una asentamiento de cabeza el cuál respondo de la misma manera.

— Puedo hacerte una pregunta — Mercelo se acomoda junto a mi,  yo le digo qué sí — ¿Ya te haz transformado,  cierto?, lo pregunto porqué tu aroma es casí igual a la de un humano, cualquiera diría qué lo eres, creó qué estoy confundido pero creó qué percibí de tí,  él mismo aroma de un alfa...mm y luego repentinamente otra vez tu aroma humano-omega.

La conversación se ahoga cuándo el móvil de rubio qué conduce comienza a sonar, veo como rápidamente le pasa el móvil a Marcelo él cuál contesta en ése idioma que a mí parecer es difícil.  Una parte de mí quiere saber qué es lo último que iba a decir el beta de Cassandra,  mí aroma, Katy dice que mi aroma ha cambiado repentinamente éstos últimos meses.

— ¡Ehh!  Marco,  me disculpo pero debemos dejarte acá — tanto su tono preocupado y el frenazo del vehículo me asustan y alertan mucho — Lo siento,  debo encargarme de una gente entrometida.

Quizás por los nervios o inercia,  yo mismo abro la puerta para poder salir — ¿Pero no ha sucedido nada malo? ¿Está bién Cassandra?.

— Un cargamento de metanf....  de materiales de construcción al parecer tiene problemas — Marcelo me pasa mí mochila,  sus facciones han cambiado — Pero todo está bién,  acabaré con el problema.

No puedo despedirme ya que el vehículo se va a toda velocidad,  les veo perderse en la distancia — Espero lo resuelvan — pienso.  Suelto un suspiro antes de seguir mí camino a casa,  en el proceso no puedo evitar sentir qué mí pecho se oprime por lo qué llevo mí mano hasta el lugar para pasar suavemente mi mano por la zona — Es ella — susurro refiriéndome a Cassandra y la sensación de qué algo me hace falta.

Luego de unos pasos me detengo para observar a unos niños jugando con disfraces de la serie animada Pokémon, por lo qué me recuerda qué hoy hay una celebración infantil por esta zona.  Al ver a los niños también me recuerda qué hoy actualizarán mi série favorita;  y con ése pensamiento comienzo a caminar mucho más rápido para así llegar a ver “Inuyashiky”.

De repente siento cómo soy embestido haciendome caer de bruces contra el suelo — ¡Carajo! Ten más cuida... — al levantar la vista,  mi maldición que le diría a quién me empujó se ahoga en mí garganta.  Frente a mí,  una chica muy linda llama mí atención — Lo siento yo.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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