El verdadero precio de nuestra libertad.

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2. Una luz para cada camino

 

 

— No seré juguete de nadie —Respondí con incomodidad. — No me dejaré hundir por nadie, he tenido suficiente —Negué mirándole.

— Créeme que él se refiere a muchos aspectos. —Esmeralda me miró con compasión. — No sabes cómo funcionan las cosas, no te metas con Leonardo y eso será más que suficiente.

— Suficiente para mantenerte a salvo —Laura me miró con seguridad.

— Cuidemos de la nueva —Sugiere George.

— ¿Nos ves cara de guarda espaldas? —Mike pregunta mirándome de arriba abajo.

— Vamos, era una niña rica —Aura me miró con una sonrisa a medias. — Se la comerán viva sino hacemos algo.

— Apoyo la idea, solo será hasta que se acostumbren a la nueva presencia. —Esmeralda sonríe completamente y me toma de las manos.

— Entonces hoy empiezo mi turno —Mike se levantó con rapidez. — Iré a dejarla a su casa antes de que esto se ponga oscuro.

— Es mediodía —Miré al chico negando.

— Mueve tu trasero niña, es domingo y hace unos días entraron a este territorio por Leonardo, seguirán viniendo, no quiero que fusilen a una fuente de ingresos decente del barrio.

— ¿Qué? —Preguntó sin entenderlo. — Eres raro.

— Soy uno más de la calle, ahórrate tus comentarios —Comentó. — ¿Vienes o tengo que juntar tu cadáver?

— Tiene razón —Esmeralda se levanta tras de mí, deberíamos irnos, el parque se ha ido vaciando, supongo que es por algo malo.

— Cierto —George toma su bate.

Todos caminamos a diferentes direcciones, a excepción de Mike y yo.

— ¿Sabes dónde vivo? —Pregunté inquieta.

— Un piso de alquiler, decente pero no por ello bueno —Lo oí decir mientras caminaba a paso rápido.

— ¿Eres amigo de Leonardo? —Preguntó por curiosidad.

Él se voltea.

— La razón por la cual me dicen Snake equivale al maldito motivo por el cual lo conozco.

— ¿Quieres decirme? —Pregunté inquieta.

— ¿Qué demonios te importa a ti? Es decir, si te interesa por tu dinero, serás una más de las que envía a enterrar a tierras sin dueño, al este de la ciudad.

— ¿Qué?

— Demonios niña, ¿No puedes callarte por unos instantes?

— La verdad no —Cuestioné.

— Al menos trata de no hablarme, me estresas.

Decidí por una vez hacer caso a su comentario y seguir su camino, sentí miradas, pero no comentarios. Quizá Mike tenía algo de ventaja en el barrio, mientras mi cartera no fuese robada; era buena señal.

Al llegar, le miré por última vez, pero se alejó tan siquiera una despedida, entré lo más rápido que pude y termine acostada en mi cama tratando de aclarar lo que me había pasado hoy; nunca algún chico había sido tan repugnante y odioso conmigo, es decir, no era una fácil que tenía a todos a sus pies; pero siempre me lleve bien con el género opuesto y él... Parecí agradarle, pero ¿Su cara? Bueno, eso me decía muchas cosas contrarias.

Me confundía pero la curiosidad de quién era Leonardo me corrompía, me impulsaba a tener esperanzas de volver al mundo en el cual yo si pertenecía, hasta que a lo lejos oí balas, gritos y me lancé al suelo, las balas se acercaban así  como los gritos, no pensé tan siquiera en mi madre, sino pensé en como las cosas podían salirse de control literalmente; diario en un lugar como estos.

 Oí pasos en la acera, fuertes.

Decidí ni siquiera asomarme y la luz de mi cuarto por suerte estaba apagada, solo le iluminaban algunas pequeñas lámparas de colores. Respiré hondo y los pasos siguieron su camino, unos quince minutos después oí ambulancias y patrullas, me metí a la cama, no sin antes alistar mis cosas y trate de cerrar los ojos pensando en todo y a la vez en nada, asustada y llena de adrenalina por dentro.

*

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*
 

La alarma sonó y obedecí a su llamado, una rápida ducha y estaba abajo tomando jugo de su caja. Mi madre estaba durmiendo aún y supuse que tuvo una noche cansada, por lo cual no la desperté para reclamarme por todo, como usualmente lo hacía. Al salir Mike estaba sentado en una de las escaleras, me asuste a un principio, pero con sigilo me acerqué.

 

— Sé que estás ahí —Dijo volteándose.

— ¿Qué haces aquí?

— Esperándote ¿Qué acaso no es obvio? Mi turno de cuidarte.

— Ah, oh bueno lo olvidaba —Comenté en voz baja.

 

Él se levantó y me hizo una señal para caminar delante de él. Así fue, un largo y silencioso camino.

— Ahora sí es mi turno —Dijo acomodando su camiseta y caminando a mi lado.



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En el texto hay: adolescentes, crimen organizado

Editado: 14.06.2018

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