El verdadero precio de nuestra libertad.

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4. Compartiendo luchas.

 

— Cielos, deberías ver el frio que hace...

— Acepto el trato —Interrumpí.

— No necesitaba tu aprobación, pero veo que no hay problema.

— Acepto porque esto representa una buena oportunidad de recuperar mi vida, pero al menos quiero conocer a la persona que tengo enfrente.

— ¿Qué quieres saber? — Preguntó.

Me di la vuelta para observarlo.

— Cuéntame lo que creas que valdría la pena escuchar de ti.

— Pues, tengo 18 años, me gusta pasarla bien con amigos, mi padre es el hombre que por poco se acuesta contigo hoy y no me gusta que la gente se meta en mi vida.

— Todo eso es legal — Respondí. — ¿Qué demonios es lo que haces para tener una vida tan lujosa?

— Robar — Habló mientras abría la caja de pizza.

— ¿Qué demonios robas?

— Pues, dinero, mercancía de otras organizaciones, todo lo que me plazca. Mi papá, pues es prestamista, ya viste, tú padre le debía. —Comentó mientras comía una rebanada.

— No menciones más a mi papá —Tome aire y me senté a su lado.

— Tienes que asumirlo, no está aquí y soy un buen muchacho que no va a violarte.

— Me siento mal por los chicos.

— ¿Ellos? ¿De verdad crees que les importas?

— Han sido los únicos amables conmigo sin ningún interés.

— Estoy siendo amable.

— Por interés.

— No pidas tampoco amor de mi parte, eso sería mucho.

— No lo pido, me basta con llenar el vacío que tengo.

— ¿Hambre?

— No idiota —Tome un trozo de la pizza. — Con dinero, ahogarme en algo que compra al menos mi felicidad.

— Cielos, creo que hay gente más desalmada que yo. —Habló.

— Como quieras pensar.

— ¿Y en qué te gusta gastar tu dinero?

 Me acosté boca abajo con él y solamente nuestras manos sostenían los rostros.

— Ropa, joyas, tonterías, más de lo mismo —Hablé curiosa.

— ¡Vaya muñequita de aparador! —Dijo burlesco.

— ¡Vaya delincuente! —Le miré sonriendo igual que él. Negué incomoda. — Quizá debería estar llorando, pero creo que no era muy unida con mi papá.

— Yo tampoco lloraría.

— ¿En mi lugar?

— No, yo tampoco lloraría si mi papá muriera. Es decir tu vida fue vacía, la mía tuvo excesos de lo que ningún niño quiere.

— ¿Qué cosa?

— Muertes, creo que la primer persona que vi ser asesinada por mi papá fue con unos nueve o siete años, no me acuerdo.

— Yo vi el primer amante de mi mamá a esa edad.

— ¿Ah sí? —Preguntó curioso. — ¿Qué los vistes hacer?

— ¿De verdad no sabes? —Pregunté.

— Bueno, entonces te entiendo.

— ¿Cómo murió esa persona?

— Papá le disparó varias veces, lo dejo como un colador de fideos.

— ¿No vomitaste?

— Fíjate que no, para mi papá cualquier momento de debilidad le parecen mariconadas.

— Que difícil ¿Pero al menos si has llorado?

— A escondidas.

— ¿En el baño?

— Sí, es un clásico.

— ¡Claro que sí! —Asentí.

— ¿No has llegado a un punto de no sentir? Es decir literalmente no sientas nada cuando deberías estar hecha trizas. Me sentí así cuando...

— ¿No estás listo para decirme aún verdad?

— La verdad no. —Su mirada desconecto un par de instantes con la mía, pero tan pronto se dio cuenta de aquello, recupero la seguridad.

— Yo deje de sentir, bueno no sé cuándo, nunca me enseñaron a sentirme realmente afectada por algo.

— Demonios, que cosa tan hueca eres.

— Pero es más bonito, solo la sufres unos momentos.

— Sí, definitivamente —Asintió. — Cuéntame ¿Cómo fue tu primer novio entonces?

— Tuve uno a los trece respondí, fue mi primer beso y fue lindo.

— ¿Lindo?

— Sí.

— ¿En dónde fue?

— Nos juntamos para ir a pasar la tarde en su casa, a nadar en la gran piscina que tenía.

— ¿Y?

— Me dijo que tenía un lindo trasero.

— ¿Acaso a esa edad las niñas tienen trasero? —Me miró confuso.

— No lo sé, pero estaba muy tonto y enamorado —Sonreí. — Luego se acercó y me dio un leve pico.

— ¿Y qué paso?

— Se cambió de escuela, sus papás se divorciaron y el padre se quedó con la custodia.

— Que historia tan mala —Se burló.

— ¿Con quién fue tu primer beso? —Pregunté.



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En el texto hay: adolescentes, crimen organizado

Editado: 14.06.2018

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