El vuelo de la Mariposa

Tamaño de fuente: - +

U N O

Siempre vi en las películas, que cuando una pareja se reencontraba dramáticamente o que uno de ellos terminaba con el protagonista, tenía como escenario un día gris, lleno de nubes y la música de fondo, eran las gotas que acompañaban a los protagonistas.
Cada vez que veía esto, pensé que el peor escenario –y más dramático– para una ruptura, era bajo la lluvia. Pero, después de hoy, comprobé que hay una escenario pero que ese.

Conté las palabras que Andrew me dijo: Tres palabras. ¿Cómo puede ser que esas pequeñas tres palabras puedan causar tal impacto en mí?

Siempre tuve la teoría —aunque no soy la mejor en ciencias, o historia u alguna otra materia— que el corazón y los sentidos que tenemos están muy relacionados, demasiado para mi gusto. 

Por ejemplo, cuando observo algo que me pone feliz, siento que mi corazón y arterias están en plena fiesta bailando de emoción, o como cuando papá cocina su "famoso" puré de papa, mi corazón ya se está preparando golpear a mi estómago y sentir nauseas. Al igual que hoy, esas cortas y minúsculas palabras tuvieron un efecto en mi corazón, y en todo mi sistema nervioso.

—No puedo más—susurró suavemente, pero yo sentí que me las gritaba con un megáfono en la cara para después patearme fuertemente en el estómago, y salir corriendo. 

Pero no fue así. Él no huyo, y yo —sabiamente, creo— tampoco lo hice. 

— ¿Por qué? Creo que lo menos que puedes hacer por mi Andrew, es darme una explicación decente. —Al terminar de decir esas palabras, supe que mi corazón ya estaba a punto de explotar, porque el aire empezó a faltarme. Veía como mi pecho subía y bajaba rápidamente, al igual como mis manos se aferraban a mi pantalón intentando no dejarme llevar por mis sentimientos.

—Estoy harto Lucy —reveló. Bajo la mirada rápidamente y vi como sus manos se apretaban en un puño—. Sabes que desde el principio, esta relación no fue sencilla. Todos los chismes, rumores y mentiras, al principio eran aceptables, pensé que podíamos estar bien, porque estábamos juntos, pero, no quiero estar en una relación en donde hablen mal de mi novia porque ella no quiere preocuparse por su arreglo personal.

Soy yo, el problema siempre he sido yo. 

Miro mi aspecto de reojo, y me gustaría decir que él está equivocado. Quiero decirlo, pero no puedo, porque no es verdad. Mis pantalones de deporte y la sudadera roja de mi hermano pintan un cuadro poco agraciado de mí, un retrato de poco valor. Y pensar que salí de casa para ir a una cita vestida como en clase de Deportes, fue la gota que derramo el bidón —no vaso, ya que la paciencia de Andrew es más grande que un vaso— y termino por convencerlo que no soy la mejor opción para él.

Miré a mí alrededor, y de inmediato me arrepentí. Las personas que pasaban por el parque nos quedaban mirando, me quedaban mirando a mí. Vi como algunas señoras susurraban entre ellas mientras que las parejas que se sonreían mutuamente ponían una expresión de lastima en sus rostros. Otros decidieron ignorarnos, y continuar con su amena conversación, hecho que agradecí mucho.

—De verdad lo lamento Lucy, pero ya estoy harto de todas esas cosas en el instituto. Yo soy el mejor alumno y tengo que dar el ejemplo y no puedo ser un ejemplo con alguien como tú. No lo hagas más difícil, terminemos y quedemos como amigos ¿Si? —Estiró la mano e hizo una mueca parecida a una sonrisa, y por primera vez no supe quien fue más estúpido, si él por ser tan superficial o yo por fijarme en alguien así. 

— ¿Amigos? —bramé mirándolo escéptico—. Solo lárgate Andrew, ya has hecho suficiente.

Lanzó un último suspiro y con la cabeza en alto regreso por donde vino. Todo el aire que retuve en mi pecho fue expulsado y con la mano en el pecho sentí mi corazón a un ritmo desenfrenado. Ya no controlaba mi cuerpo, mi corazón no me obedecía y mi cerebro tampoco, aun cuando suplique internamente no llorar, fallé.

Mi hipótesis es, que si Andrew terminaba conmigo en un día lluvioso, mis lágrimas y el desastre que era no hubieran sido tan notorios. Con el sol en su máximo esplendor y el cielo libre de nubes, teniendo como escenario el parque lleno de niños y parejas acarameladas, ver a una chica con un moño deshecho y sudadera de Elmo llorando era una extraña novedad. Pero, lo que ellos más veían y murmuraban era como la pobre chica Elmo —como unos niños me señalaron— lloraba amargamente, y si hubiera llovido, mis lágrimas y las gotas de lluvia serian uno y solo habría sido la chica Elmo.

Pase la manga de la sudadera por mi rostro, limpiando cualquier rastro de lágrimas. No quería llorar, o mejor dicho, no podía llorar por alguien así. Cuando era niña, mi abuelita siempre decía al verme llorar, que guarde todas mis lágrimas para cuando el día en que ella no esté, al principio no comprendí, hasta que años después me repitió el mismo dicho en el día que mamá murió. Desde ese día, me dije que mis lágrimas únicamente serian para mi familia y amigos más cercanos, pero lamentablemente antes de ser mi exnovio, Andrew había sido mi mejor amigo. 

¿Qué se supone que debo hacer, Abu? 

Decidí que ya había sido demasiado espectáculo para las personas y a pasos lento, espera que el ligero viento desaparezca la hinchazón y el enrojecimiento de mis ojos. Conté todas las rayas que había en las aceras de camino a casa, y me dieron un total de sesenta y uno, tomando en cuenta que vivía a dos cuadras del parque. 
Solté mi cabello y con los dedos lo acomode viéndome por el reflejo de la ventana de afuera de casa. 

— ¿Dónde andabas, tesoro? —pregunto mi padre con una sonrisa, sentado desde el sofá con el periódico en su regazo.
—Fui a comprar una pastilla para mis dolores menstruales—dije con una sonrisa más parecida a una mueca. Conozco a mi padre y siempre que estoy en mis días difíciles o es algún tema relacionado a ello, sale prácticamente corriendo a pedirle a mi tía que me ayude en esos "temas femeninos" como a él le gusta llamarlos.

—Q-Que bien, tesoro, pero ¿Y la pastilla?

—No había en la farmacia, pero ya iré después al supermercado a comprar. Me duele un poquito la cabeza, pá. Iré a mi habitación. —Me acerque a su mejilla dándole un beso y subí a zancadas a mi habitación, encerrándome en ella. 
Todo va a estar bien Lucy, todo estará bien.
.
.
.
— ¡Sé que estas allí adentro, Holland! No me obligues a llamar a un Derek para que te saque de tu cueva.

Aun procesando las palabras de la persona detrás de la puerta, me levante de la confortabilidad de mi cama y abrí la puerta encontrándome con una rubia de ojos verdes mirándome enojada y tal vez algo desesperada.

¡Wow! Andrew no perdió el tiempo en decirle a todos de la patada que me dio.

—A veces te odio Lucy, sabes que no me gusta esperar. —La escuche decir a mi mejor amiga, mientras regresaba a mi cama y ella tomaba asiento enfrente de mí. 

—Lo siento, Lanna. Me quede dormida y no oí tus gritos —dije en voz baja. Tome en mis manos el dobladillo de la sudadera y quite los hilos desgastados, evitando la mirada intensa de Lanna. Aunque no la estoy mirando, sé que ella estaba analizándome con sus grandes ojos verdes, buscando alguna señal de tristeza. 

—Deja de esquivar mi mirada, Lucy. No te voy a morder a menos que me quites mi comida—me reprochó. — ¿O-Ocurrió algo? 

— ¿Qué? ¿Por qué preguntas eso? 
Ella miró mi cama, y enarcó una ceja. 
Después de volver a casa y encerrarme en mi habitación, papá decidió que era hora de comprar shampoo, "porque utilizar dos sachets para cuatro personas en un día era demasiado gasto" explico él, y la gran afortunada en salir a la tienda, fui yo. Con el dinero en mano, hice la fila —o no—, y cuando salí, mi más reciente y oscuro deseo se cumplió. 

Llovió. Y sin paraguas y solo con una bolsa de compras como protección corrí a casa lo más rápido que pude, pero era demasiado tarde. Al llegar a casa ya estaba estornudando, otra vez tenía un resfriado. 

Si Lanna ya se había enterado de la noticia, pude entender su preocupación. No es nada común encontrar a tu mejor amiga con la nariz roja y que su cama este lleno de pañuelos con sus fluidos en estos, si yo me viera, pensaría que hubiera estado llorando tanto, que ya no quedaría agua en mi organismo

— ¿No ves? —Señale todos los pañuelos sucios—. Estoy enferma, por si aún no te has dado cuenta, y si te preguntas como fue, te diré que ahora puedo usar el shampoo sin temor a acabármelo

—Sé que odias esta pregunta, y yo me odio en estos momentos por hacerla, pero —Ella tomo una respiración y pregunto— ¿Estas bien?

"Bien" una palabra muy corta que encierra una gran influencia en el estado de la persona, ya sea la tranquilidad o la felicidad, esta viene incluida en el paquete de "estar bien". ¿Estoy bien? Podría decir que sí, y mirar a mi mejor amiga con una sonrisa falsa y fingir que nada paso.

Y eso hice.

— ¿Ya lo sabes, no? —Ella asintió. —No puedo creer que Andrew haya podido expandir la noticia tan rápido. Se nota que quería dejar que lo relacionaran conmigo —afirmé pasándome la manga de la sudadera por la nariz.

—Él —susurró, tomando aire rápidamente—, él no fue. Una chica del curso que pasaba por el parque dijo que los vio y que tú estabas llorando. Así que supuso que terminaron y se lo comento a sus amigas y estos a los otros de la clase. 
Me quede callada ante su respuesta. Tal vez, después de todo, Andrew no era tan estúpido, o al menos, cuando lo conocí, él no era así.

—Lucy, te conozco desde que se te cayó tu primer diente, deja de fingir conmino—dijo una ofuscada Lanna, descubriendo mi mentira—.Es cierto, estas enferma. Pero no puedes estar bien después de que Andrew te haya dejado, y menos por una razón tan estúpida. 

— ¿Qué quieres ver Lanna? ¿Quieres que llore y me lamente de haber perdido a mi mejor amigo y a mi novio? —mi garganta se estaba cerrando y mi corazón se contrajo, oprimiendo mi pecho. Los ojos me picaban y mis labios estaban empezando a temblar, escondiendo las palabras que no quería decir—. Lanna... 

—Mírame Lucy—sentí que tomó mis hombros y en ese momento, todo dentro de mí se desplomo. Mi corazón quería abandonarme.

Cuando sus ojos se encontraron con los míos —como si ella pudiera ver a través de mi— me sentí expuesta y desnuda, y me quebré. Me abrace a ella, y derrame las lágrimas que se quedaron atrapadas en mi corazón, y otra vez mi pecho se comprimió y entre llantos, el aire me faltaba y mi nariz se había convertido en una salida de fluidos. Lanna sobo mi espalda y me pregunte como una persona podía causar tanto dolor a otra si esta no era nada suyo. 

—Está bien que llores, Lucy. Deja salir todo, incluidos tus mocos, los cuales ignoraré que están ensuciando mi blusa favorita—dijo haciéndome reír, la primera risa del día.

Pensar en Andrew, el chico que me repetía constantemente que mi sonrisa era lo más bello que había visto y que me presencia iluminaba su día, me hubiera dejado con esa excusa, no me parecía creíble.

Sé que no soy la chica salida de un desfile, escuálida como un pedazo de papel, pero tampoco soy de las chicas de grandes curvas y exuberantes atributos. Me considero la chica a la cual le gusta ponerse la ropa de su hermano mayor, aunque estos son tres tallas más grande que la mía, la chica que prefiere ver Guerra de la Galaxias a Bajo la misma estrella, y como dos hamburguesas sin pensar en cómo estará mi rostro al amanecer. Ser ese tipo de chica ¿Es tan malo? ¿Es un crimen?

Aun cuando sabía el tipo de chica que era, Andrew insistió en intentar lo nuestro. Destruyo con su sonrisa y miradas traviesas todo muro que intente construir para forjar una amistad con él. Y yo, como tonta, aun sabiendo lo que pudiera ocurrir, lo acepté en un pedazo de mi corazón y vida.

—Lanna ¿Y si yo soy la del problema? ¿Es malo que no use faldas y me... arregle un poquito más? —Esa pregunta rondaba a mi cabeza cuando él termino conmigo, o para ser especifico desde que mi primer "novio", que duró una semana, me dejó porque no le agradaba la idea de ser visto con un marimacho.

—Ese tonto no tiene razón y tú tampoco la tienes, Lucy. Es cierto, quizá eres poco femenina, pero tú no tienes nada de malo. Mi papá siempre decía que mientras uno esté limpio y con la ropa aseada, está bien.

¿Se supone que eso deba consolarme? Porque me siento como un vagabundo con el privilegio de tener una ducha.

—Dime la verdad Alyanna—pregunte seriamente— ¿Te vestirías como yo? ¿Andarías como yo, en lugares públicos?
Ella suspiró y bajo su mirada, dejando caer su cabellera rubia en su rostro. Sabía la respuesta, pero necesitaba oírla de sus labios.

—Te quiero demasiado ¿Lo sabes? Pero no, Lucy. Yo no andaría como te vistes en la calle. No es nada personal, pero, no es mi estilo.

Alyanna Blake, es la chica más femenina que conozco, su armario está lleno de vestidos y faldas colores pasteles, y su maquillaje y accesorios, fácilmente podría ser competencia al armario de la mismísima reina. Además de ser la presidenta de clase, es líder de las animadoras y voluntarias en el club de protección animal. Parecía la cuarta súper poderosa, creada por el profesor; toda ella era flores, brillos y colores. Colores que pintaban a la existencia gris, que tiene como amiga.

—Lucy —Ella tomó mis manos y suspiró una vez más—,sé que nunca te he dicho esto, pero estoy casi segura que tú también lo sabes. Eres una mujer, atrapada en un ambiente con puros hombres, eso también ha influido mucho en el cuidado que tienes de ti misma. Pero Lucy, el hecho que cambies por fuera un poco, va a significar el que tú misma también te valores y veas lo hermosa que eres. ¿Crees que tu mamá quisiera ver a su única hija burlada por niñerías como su aspecto físico?

Mamá.

De solo pensar en ella, mi rostro dibuja una sonrisa. Tengo pocos recuerdos, y aunque son escasos permanecieron en mi memoria y son los mejores que pudiera tener. Papá nos cuenta a Milo, mi hermano menor, y a mí, como era ella, manteniéndola viva en nuestro recuerdo.

Nos cuenta que ella era una mujer alegre y bella, pero eso no fue de lo que papá se enamoró, sino fue de su amabilidad hacia su prójimo y como buscaba primero el bien de otros y creía que todas las personas con un poco de afecto, serian mejores personas, y ese fue el caso de papá. Ella solía vestirme con vestidos pomposos y monos altos con lazos rosas, uno de los pocos recuerdos claros que tengo de ella, es diciéndome que yo era su muñeca preferida y que siempre lo sería.

Pero se fue, y la muñeca y vestidos pomposos la acompañaron. 

—Papá dice que luzco como ella, pero creo que es mentira.

—Ven —ella tomo mis manos y me coloco frente al único espejo que tenía frente a mi habitación— ¿Qué ves en el espejo, Lucy?

—Esa pregunta es tonta, Lanna. Me veo a mí, hecha un desastre andante.

—Se más detallista.

La miré burlona, ganándome una mirada de reproche de parte suya.

—Está bien... Pues me veo a mi misma, una chica que estaba con un moño mal amarrado, como si mi gato hubiera peleado con mi cabello, también veo que mi pijama roja ya necesita una lavada, y por ultimo mis medias rojas gruesas que me regalo mi abuelita. De verdad, no entiendo cuál es el punto de mirarme en el espejo, Lanna. Sé que soy un desastre, pero no quiero recordármelo todos los días. 

—Lucy, ¿Sabes lo que yo veo? Veo a una preciosa chica que tiene en sus narices su reflejo, pero, aun no puede ver lo que está delante de ella. Veo un sedoso cabello atrapado en un horrible moño, al igual que debajo de la carpa que tienes encima, oculta un cuerpo frágil y delicado. Y por dentro... ¿No te has preguntado por qué siempre eres de las que tienes más amigos, aun siendo yo la presidenta de la clase? Es tu hermoso corazón, ese que te motiva a pelearte con la señora del almuerzo por el trato injusto a los de matemática o esa fuerza que tienes para ayudar a todos los maestros con una sonrisa.

No llores, no llores, no llores.

Fallé.

Me gire para ver los ojos de mi mejor amiga, encontrándome con lágrimas también en sus ojos. La abrace fuertemente y deje salir la tristeza que albergaba mi corazón por mamá, Andrew y conmigo misma. Lanna tiene razón, no puedo seguir descuidándome, y decir que no me preocupaba mi aspecto, porque era mentira.

Fingía que no me importaban los comentarios crueles que hacían las chicas con respecto a mi aspecto, y como los chicos no tenían delicadeza conmigo, cuando yo también era una mujer como sus novias huecas. Ya no podía más con esta situación, y Andrew fue la gota que rebalsó mi balde lleno de comentarios malos hacia mí al dejarme, aun cuando el sabia mis temores y como estos me dolían.

Agarré a mi amiga por los hombros y sonreí, pero ella todavía lloraba.

—Lanna, de verdad agradezco tus palabras y por estar conmigo en estos momentos, no tengo a nadie como tú —dije limpiando las ultimas lágrimas de mi rostro.

—C-Cuanto siento que estés así Lucy, pero—la interrumpí.

—No digas eso Lanna, tú tienes culpa de nada. El único que merece pedir perdón por hacer doler mi corazón, es Andrew, pero no hablemos de él más.

Probablemente esta idea sea tonta, y arriesgada para alguien como yo, pero estoy decidida a hacerlo. Quiero demostrarle a todos, incluyéndome, que puedo ser alguien bella y femenina como mamá, y que nunca más tendrán excusa para humillarme. 

—Ya se lo que tengo que hacer, pero tengo miedo y no sé por dónde empezar, pero ¿Podrías ayudarme a arreglarme más?
—Lucy —Tomo una larga respiración e hizo una mueca, pero me imagino que quería sonreír—, no te preocupes, deja todo en mis manos. Ya tengo todo planeado.

Tengo miedo, nervios y muchas ganas de estornudar, pero, estoy decidida.

Que la fuerza me acompañe

***

Espero que les haya gustado. La verdad que esta historia me tiene muy nerviosa, pero espero que puedan acompañarme en esta historia junt@s. Nos vemos. 
Ps: Lovi



AlejaMillares

#6951 en Novela romántica
#2315 en Joven Adulto

En el texto hay: jovenes, amor propio, romance

Editado: 28.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar