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Capítulo 3

Un olor fuerte se coló por mi nariz, apretándola y obligándome a abrir los ojos, los cuales parecían tener un velo sobre ellos que me dificultó la tarea para hacerlo bien y con rapidez.

Moví las manos balbuceando cosas sin sentido y sintiendo un vacío enorme en mi cabeza, como si hubieran arrancado mis recuerdos, dejándome en blanco.

—Gian, ¿estás bien? —Me volví a ver a mi amiga que se notaba preocupada.

—¿Qué me sucedió? ¿Qué hago aquí? —pregunté tomando mi cabeza entre mis manos. Lo último que recordaba era salir de casa hacia el colegio, mi plática con Thaleb en los pasillos y de ahí... nada.

Sin embargo, dentro de mí sentía que había algo más y obviamente era así, pero por alguna razón que yo ignoraba mi mente se negaba a recordar, o más bien, sí que quería hacerlo más existía algo que la obligaba a mantenerse en la ignorancia y por ende, a mí también.

—Te encontraron desmayada en el pasillo del colegio —me hizo saber.

Mis cejas se juntaron levemente. Mi cabeza comenzó a doler, era como si ese dolor estuviese dentro de ella ligero y casi nulo, para después tomar fuerza y convertirse en una verdedadera molestia.

Cerré los ojos en un intento en vano por calmarlo, pero no funcionaba. 

—No recuerdo nada —mis labios hicieron una mueca, la cabeza me dolía aun más al hablar.

—Debiste golpearte fuerte. Creo que sería buena idea que un médico te revisara —sugirió preocupada. Moví la cabeza en gesto negativo.

—Estoy bien, sólo necesito descansar —le resté importancia poniéndome de pie aun confundida.

Tomé mi mochila y con ayuda de mi amiga salí de la enfermería. A paso lento me acompañó hacia fuera del colegio insistiendo en llevarme a casa, pero lo que menos quería ahora era compañía, sólo necesitaba estar sola y entender qué estaba ocurriéndome, por qué mi perdida de memoria.

—Gian —insistió.

—Estaré bien. Te envío un texto cuando llegue a casa —dije caminando hacia la calle.

Ella se quedó de pie en la entrada del colegio nada tranquila. No quería preocuparla y quizá se hubiese sentido más tranquila al llevarme a casa, más mis ánimos por mantener una conversación o tener algún tipo de compañía por ahora eran nulos.

Reacomodé la mochila sobre mi hombro y caminé despacio con la mirada gacha. En estos momentos agradecía vivir cerca del colegio. 

Intentaba recordar lo sucedido, luchaba arduamente por hacerlo, pero mis pensamientos eran como una laguna de agua oscura que se sacudía bruscamente, mezclándose con violencia sin darme la menor oportunidad de poder ver más allá de esa penumbra que parecía engullirme entera.

¿Qué estaba sucediendo? 

Suspiré estresada y de pronto el viento se hizo más fuerte; levanté la vista y noté como el cielo comenzaba a oscurecerse, veía las nubes negras avanzar con prisa sobre él como si fueran una capa oscura que cubrió el sol y sumió todo en oscuridad. 

¿Qué demonios? Hace apenas unos instantes el sol brillaba en todo su majestuoso esplendor y no había siquiera nubes en el cielo. 

La gente al igual que yo miraba asombrados hacia arriba. Sin embargo, lo ignoré cuando un escalofrío me recorrió la espina dorsal como si fuese hielo que me erizó la piel, justo cuando pasaba frente a un callejón. Un callejón normal por el que siempre solía pasar, pero ahora algo me hizo detenerme.

Miré hacia aquel sitio oscuro, las paredes cubiertas de humedad, suciedad y moho desprendían un olor repugnante que nunca antes percibí. 
Mi corazón se aceleró y sentí que había alguien ahí dentro, que al final del callejón, ahí donde mis ojos no alcanzaban a mirar bien del todo, se escondía algo o alguien que me miraba fijamente de la misma forma que yo lo hacía, con la diferencia de que "él" sí podía verme, llevándome ventaja. 

Di un paso al frente, curiosa por saber de qué se trataba y descubrir lo que sucedía, el porqué me sentía de esta forma.

—Deberías seguir tu camino, ahí no hay nada más que basura. —Me interrumpió una voz en mi espalda. Volví el rostro y me encontré con Thaleb, quien tenía su mirada fija en la misma dirección que yo la tuve hace apenas unos segundos.

La capucha caía sobre su cabeza, apenas y podía apreciarle el rostro; sus ojos se veían oscuros y yo quise verlos completamente, admirarlos una vez más. Su color me resultó fascinante, pero tampoco queria parecer una acosadora y ponerlo incómodo. 

—Sí, sólo que... Que hubo algo que llamó mi atención —balbucee sin despegar mi mirada de su cara. Él movió los labios con rapidez que no pude entender lo que dijo o si en verdad había dicho algo, y luego me miró. Temblé y tragué saliva sin ocultar mi nerviosismo.

—¿Qué pude atraerte de ese lugar? —Increpó, endureciendo el gesto. Abrí la boca para responder pero me arrepentí y la cerré para volver a abrirla de nuevo, pareciendo una estúpida. 



Elena López

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En el texto hay: amor puro, brujos, suspense

Editado: 12.09.2018

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