Elementos: La Corte de Fuego

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Capitulo 1

Antes de correr por los pasillos del Instituto Great Bridge esquivando la corriente de estudiantes alterados, nunca me había planteado llevar conmigo un extintor portátil.

Hice un registro de la situación: todo en mi olía a humo, me ardía la cara y tenía las manos manchadas de hollín; además de que mi ropa estaba algo rota y muy sucia. Podría haber sido peor… podría haber muerto. Dios, esperaba que nadie estuviese herido por mi culpa…Si tan solo me hubiera controlado un poco más, esto no habría pasado.

Porque sabía que tenía la culpa, que había provocado el incendio. No sabía cómo, pero algo se había desatado al verme impotente, algo que siempre luchaba dentro de mí para salir. Y ahora, al verse libre, había provocado un desastre que me costaría caro.

Salí de la escuela a toda prisa y crucé el estacionamiento sin hacer caso de las miradas curiosas de los estudiantes que aún no se enteraban de lo que pasaba. Las sirenas de la policía ya se escuchaban, no tardarían en llegar acompañados de bomberos y vecinos ansiosos de saber que sucedía. Los agentes querrían interrogar a los testigos del accidente, pero para cuando comenzaran yo ya no estaría allí.

Cuando perdí de vista el instituto, comencé a correr hacia mi casa lo más rápido que pude. Sería algo difícil de explicarle a mi madre, especialmente si agregaba los otros pequeños accidentes que ocurrían cada vez más a menudo. Al principio creía que eran coincidencias, cosas que pasaban en el momento y el lugar oportuno; pero cuando comenzaron a suceder cada vez más seguido y justamente donde yo me encontraba, comencé a sospechar que algo andaba mal.

Sin dejar de correr, cruce la calle, ganándome la mirada reprobatoria de los transeúntes que casi me llevaba por delante a causa de mi apuro; lo sentía por ellos, pero ser prácticamente un lanzallamas con piernas era más importante que su integridad física.

Una tras otra, iba dejando atrás las pequeñas casas de ladrillo pegadas entre sí; a lo lejos podía avistar la plaza Reina Astrid, que se hallaba continua al Río Portail. El ambiente era templado, con ocasionales ventiscas que helaban hasta los huesos; para ser un jueves dos de septiembre la temperatura bajaba cada vez más.

El viento me azotaba la cara causándome constantes escalofríos mientras seguía corriendo y esquivando peatones. Mamá iba a matarme cuando apareciera con estas pintas y el cabello todo alborotado; ni siquiera sabía cómo iba a explicarle lo sucedido. Ya me imaginaba la situación: “Hola mamá, me fue genial en la escuela. Hoy solo provoque un incendio mágico que podría haber matado a todos, nada de que preocuparse… ¿qué hay de almorzar?”. No es que no me entusiasmara la idea, pero prefería no ser tomada por loca más de lo normal. 

Cinco cuadras más tarde, un pequeño camino de piedras rodeado de margaritas me dio la bienvenida. Apresure los últimos pasos, y me encontré frente a una puerta de madera con un simpático felpudo a sus pies. Me quite las zapatillas, abrí la puerta y entre, cerrándola con llave inmediatamente.

Sentí como me relajaba, como cada musculo de mi cuerpo me agradecía el calorcillo que alejaba la fría temperatura del exterior. Recupere el aliento con grandes exhalaciones; deje el calzado junto a la entrada y me acomode un poco el cabello. Ah, hogar, dulce hogar.

El acostumbrado aroma a saumerio, proveniente de la habitación de mi madre, termino por tranquilizarme. Además, me percate de un penetrante olor a humo. Luego de informar que había una alta posibilidad de que me reclutasen para formar parte de los X-Men, iba a darme una larga y muy necesitada ducha.

Colgué mi desastroso abrigo en el perchero del recibidor, y me aleje de la puerta con pasos cansinos. Me dirigí a la cocina buscando algo para recuperar energías; me encontraba bebiendo un vaso de agua a pequeños sorbos cuando oí pasos en el pasillo junto a la escalera.

-¿Cecily?

Con un suspiro ante lo inevitable, deje el vaso junto al fregadero y me dispuse a enfrentar a la bestia.

-En la cocina, mamá.

-Cecy, ¿Qué haces aquí tan temprano? Deberías estar en el colegio…

Me voltee justo a tiempo para ver a mi madre detenerse con una expresión de asombro en el rostro

-¿Qué te paso?

Me estremecí ante la suavidad de su tono y la lentitud en que había pronunciado esas palabras. Descarte sin titubear mi anterior idea de bromear, e intente mantener la calma.

-Hubo un incendio- declare simplemente.

-¿Cómo que hubo un incendio? Tu aspecto lo justifica, claro está, pero no recibí ninguna llamada o rumor como aviso. No lo entiendo, lo habría sabido…

-Eso es porque no les di tiempo, comencé a correr hacia aquí en cuanto comenzó el fuego.

Mi madre parecía estar manteniendo una conversación consigo misma. Se encontraba más inquieta de lo que pensaba; se acercó a mí y tomo mi rostro con sus manos, inspeccionándome de cabeza a pies.

-¿Estas bien? ¿Estas herida? ¿Te sientes mareada?

-Fuera de que huelo como si me hubieran hecho a la parrilla, estoy bien, mamá, tranquila.



Milagros Solis

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Editado: 16.03.2018

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