Elementos: Niño rojo

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Capítulo 3: "Primera nación"

Aidan sintió miedo cuando el y Ethan pasaron al lado de una pila de cadáveres que intentaban ser quemados. No dijo nada al respecto, solo inclino su cabeza hacia abajo para evitar ver los cuerpos, inclinó la cabeza para no sentir culpa o tristeza.

—Llegaremos inmediatamente a la nación primera, que es donde esta Mia, luego hablaremos con el brujo y...ya veremos que pasa —dijo Ethan mientras hacia una pausa y se dirigía a una sombra.

—¿Otra vez las sombritas? —molestó Aidan.

—¿Estas dispuesto a caminar por tres días? —se dejo fundir en las sombras, exceptuó sus manos.

Aidan una vez más tomó la mano fría de Ethan y cerró sus ojos.

Volvió a sentir el escalofrío y las sombras que chocan y murmuran con el.

Cuando abrió los ojos se topo con unas enormes murallas de acero, tenían unos signos extraños que rodeaban desordenadamente las murallas y el suelo.

—Bienvenido a la nación primera, aquí entrenamos todos los días con diversas actividades —Ethan dirigió su mirada a Aidan, específicamente sus manos que aún seguian entrelazadas.

Aidan entendió el mensaje y aparto su mano.

—¿Mi hermana esta aquí?

—Como ya te dije, sí —el se acerco a las grandes y amenazadoras murallas, saco un plumón con el que comenzó a escribir una palabra que Aidan no comprendió.

Las murallas se separaron dejando ver otra muralla que volvió a abrirse, dejando ver un pequeño campo magnético el cual Ethan paso sin más a lo que le siguió Aidan casi corriendo para alcanzarlo.

Detrás de las murallas surgía una gran "ciudad" bastante ecológica....

Las casas estaban hechas de madera, cada una de ellas tenía una hermosa estructura, los árboles eran cómo los que vio por primera vez, salidos de un cuento de hadas, las calles estaban apedreadas y en el centro de todo había la única construcción de metal.

Ethan paso de largo todas las criaturas que habitan aquellas casas. Llegó hasta donde la puerta de la "gran Metal" -nombro Aidan.

—Escucha, dentro encontraras un gran salón que posee los cuatro elementos, escogerás el que te pertenece y vuelves, sobre todas las cosas ¡no te distraigas y no hagas estupideces! ¿entendido?

Aidan ignoro el comentario y con curiosidad se adentro dentro de aquel gran salón que poseía un suelo tan blanco que fácilmente se podría manchar, unas murallas tan altas y grises que poseían símbolos que el pudo deducir como agua, viento, tierra y fuego.

El primer símbolo era el agua, debajo del signo tenía una bandeja con dicho elemento que estaba sobre un altar.

El segundó era el viento, debajo de su signo no tenía nada, Aidan al acercarse fue lanzado por una gran fuerza de viento hacía el lado del símbolo tierra.

Tierra era realmente hermoso, tenía pasto, pequeños árboles y hadas que plantaban frutos. Su expresión al ver a aquellas pequeñas criaturas era todo un poema, tanta fue su sombresa que dio un grito silencioso y se aparto del lugar casi corriendo.

Finalmente fuego, solo había un símbolo y debajo de este un frasco de cristal que contenía una llama que brillaba con dificultades y se movía con lentitud.

Aidan por naturaleza o quizás por instinto, se acercó a aquella llama y destapó el frasco, la llama se fue desvaneciendo para ser reemplazada por una mas pequeña, pero más brillante e inquieta.

Justo como lo es Aidan.

Aidan sintió un pequeño molestar en su pierna, lo ignoro pero cuando se dirigía a la puerta vio humo salir de esta ¡¿Ya se estaba quemando cómo el resto?! No, no era él lo que se quemaba, era su pantalón, él al intentarlo apagarlo causo con sus manos inconscientemente que esta creciera, corrió hasta el elemento viento para apagarlo pero solo lo aumento y este lo empujo hasta el elemento agua, que fue cuando se apago el fuego ya que para ser un pequeño jarro resulta que el agua es infinita y no paraba de salir.

Aidan cayó en el piso que estaba muy sucio a causa de que los tres elementos se juntaron para hacer desastres. Miro sus pantalones que estaban quemados, menos su piel y confirmó que lo de inmune solo era el y no su ropa.

—¿Aidan? —escucho la suave y tranquila voz de su hermana que provenía de sus espaldas.

—Si, soy yo....

Nunca antes había estado tan feliz.

Vio a la chica parada al frente de la puerta por la que el había entrado, ella comenzó a llorar sin darse cuenta, corrió a los brazos de su única familia y lo estrujó un buen rato.



Giselle Martinez

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En el texto hay: fantasia magia, mundos magicos, lgbt

Editado: 07.05.2018

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