Eliezer ®

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Capítulo 1

Yo estaba profundamente dormido, pero el estruendoso ruido de los truenos me despertó. Desde que llegué aquí, no había parado de llover, lo que era raro porque en el pueblo de Greensboro siempre había un buen clima para salir.

Recosté mi cuerpo en el respaldo de la cama, bajé las sábanas hasta mi regazo y tomé mi laptop que se encontraba encima de la mesita de noche, debajo de mi lámpara.

Casi de inmediato de qué la abrí me di cuenta de qué tenía llamadas perdidas y un mensaje de papá.

Me puse a revisar mis redes sociales y luego llamé a mi mejor amigo.

–Eso no me explica el porqué estás despierto, es más de la media noche. –Dijo mi amigo Nicolás mientras pegaba un trozo de madera a un edificio hecho con el mismo material. Él estudiaba arquitectura, y que lo viera haciendo estos tipos de trabajo era normal todo el tiempo.

Era un chico bajito, tez morena, pelo rizado color castaño y ojos del mismo color casi negros. Traía un suéter morado pálido y no alcanzaba a ver sus pantalones porque estaba sentado en una mesa.

–Ya sé, pero quién puede dormir con está lluvia. –Dije mirando la fuerte lluvia por la ventana desde mi cama.

–Eliezer, ese es el mejor clima para descansar, antes te gustaba. –Dijo sin mirar la cámara.

–Ya lo sé, el problema son los truenos... –Nicolás me miró insinuando que tenía miedo de los truenos.– ...No me mires así, no les tengo miedo, es el ruido que provocan lo que me molesta.

–Bueno, fuiste tú quién decidió mudarse. –Dijo encogiéndose de hombros.

–Sí... –Musité con desanimo.

–¿Y tú? ¿Por qué estás despierto? –Dije intentando cambiar el tema.

Por lo de siempre... Trabajos de la universidad, estoy harto. –Se quejó mientras me miraba con un palito de madera en sus manos.

–¿Esos son mis palillos chicos que no encontraba? –Dije entrecerrando los ojos para poder el enfocar bien.

–Claro que no. –Respondió guardándolos.

–Claro que sí. –Dije con una mirada acusadora.

–¿Tu papá ya está ahí? –Preguntó para evadir mi pregunta.

–Vi un mensaje de él que decía que venía mañana en la noche.

Mi padre tampoco vivía en esta casa, se había mudado a New York pero pidió en su trabajo que los transfirieran hasta Greensboro para poder estar conmigo, a pesar de qué tenía 19 años, papá decía que todavía estaba “muy pequeño” para vivir sólo. Ni siquiera le gustaba que yo trabajará, el decía que yo sólo debía preocuparme por la universidad.

Continúe hablando por unos minutos más con Nicolás pero tenía que prepararme para dormir, era demasiado tarde y mañana será mi primer día en la universidad.

Me despedí de Nicolás y casi de inmediato posé mi computadora portátil en la misma mesita de noche que se encontraba anteriormente.

La lluvia había cesado un poco; subí las sábanas hasta mi pecho nuevamente e intenté dormir.

(...)

Desperté la mañana del lunes y el cielo estaba como si la lluvia de anoche había sido una pesadilla. Podía ver el cielo azul como el mar y las nubes blancas como algodón rodeándolo. Algunos rayos del sol entraban a mi habitación lo que me permitía ver con claridad todas las cajas con mis cosas que debía ordenar.

Le di las gracias a Dios por un nuevo día con una breve oración y me senté en la cama; alcancé mis pantuflas sólo estirando las piernas. Casi de inmediato me levanté trastabillando por el sueño que aún tenía y miré mi rostro en el espejo circular que había en el baño, peiné mi pelo corto hacia atrás con las yemas de mis dedos, mientras mirada mis ojos castaños que combinaban a la perfección con mis pobladas cejas.

Me duché y me vestí con rapidez para irme a la universidad. Inmediatamente tomé algunas cosas que necesitaba como mi billetera, mochila, llaves y celular.

Salí de la casa y casi de inmediato llamó mi atención el jardín del vecino de al lado, era un jardín bien cuidado, tenía flores y rosas de diferentes tipos, era muy colorido a decir verdad.

Me bajé del porche de la casa y me acerqué para admirar esos hermosos girasoles que habían cerca de la valla.

Unos segundos después apareció  un gato con los pelos completamente blancos, a excepción de las puntas de sus orejas y cola, que eran grises.

Cargué al gato quién estaba acariciando mi pies y casi de inmediato escuché la voz de una persona mayor.

–Gypsy... ¿Donde estas? –Dijo una señora en voz baja.

Era una señora de estatura bajita, de tez blanca, con el pelo totalmente blanco de canas y sus azules ojos se podían comparar con el color de su tierna casa.

–¡Oh! Ahí estás. –Dijo cuando la vio en mis brazos.

–Hola. –Dije cautelosamente sonriendo mientras le pasaba la gata, la cual pensaba que era macho.

–Hola, tú debes ser el nuevo, bienvenido. –Dijo mirando mi casa de dos pisos de un color grisáceo.

Sonreí.

–Sí, soy yo, Dios le bendiga. –Dije cortésmente.

La señora frunció el seño y con una sonrisa dijo: –Amén, igualmente.

–Fue un placer, señora... –La señora me interrumpió al recordar que no me había dicho su nombre.– ...Stella, Stella Smith.

–Tomé su mano extendida y dije: –Soy Eliezer Evans.

–Un gusto Eliezer.

–Igualmente señora Smith. –Dije mientras me apartaba de la valla para ir a sacar mi auto en la cochera.

–¡Oye Eliezer! –Me dí la vuelta.– ¿Te puedo hacer una pregunta?

–Claro. –Respondí volviendo hacia ella.

–¿Eres cristiano?

–Sí. Me limité a decir con una sonrisa.

–¡Aleyuya! –Exclamó la señora.

Sonreí casi de inmediato por su expresión.

–Disculpa mi expresión, lo que pasa es que no había conocido una persona cristiana desde que me mudé a este vecindario. –Exhortó la señora con emoción.

–Pues aquí estoy, por si necesita algo. –Dije tratando de ser cortés.

–¿Te gustaría venir conmigo a la iglesia esta noche? Hoy tendremos un culto fascinante. –Dijo cautelosamente.



Jesús

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En el texto hay: chicos cristianos, problemas, soluciones

Editado: 06.06.2019

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