Elixir I ©

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CAPÍTULO 2

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Me levanto de un salto con la respiración entrecortada. Gimo al sentir algo punzante en una de mis venas dorsales. ¿Un suero fisiológico con sangre? Un momento, debo respirar profundamente. Pensar con claridad. ¿Qué estaba haciendo anteriormente? Intento recordar los eventos pasados; un rostro, un beso y luego negro. ¡Oh Dios mío!

—Me besé con un hombre lobo desconocido —mascullo a mi pesar. ¿Cómo pude caer tan bajo? A ver, los pulgosos son calientes. Eso lo sé de más. Sus complexiones robustas, lo hacen ver muy deseados para las chicas. Un claro ejemplo, está en mi hermana mayor, quien está enamorada de uno de ellos.

—Despertaste.

—¡Válgame la virgen santa! —exclamo con una mano sobre mi pecho. En mi visión, aparece un chico de cabello negro con ojos de color azules claros. Lleva un garban gris puesto encima.

Muy atractivo. ¿Otro hombre lobo?

—Soy Julien. Amigo de Edrick. Debo darte una disculpa por lo de anoche —argumenta elocuentemente—. ¿Te sientes bien? Por lo veo, eres una vampiresa y a la vez humana.

—Sí. Algo así —digo, observando con detenimiento. Es demasiado blanco. ¿Vampiro? Olfateo, llegando un aroma a sangre y a….—. ¿Eres mestizo?

—Así es. Soy mitad vampiro y humano. Es un gusto de conocerte….

—Lucie. Así es mi nombre —apersono. Estoy algo tímida con el chico nuevo. ¿Tanto me afecta su presencia? ¿Será que….. —. ¿Mi pareja vampírica? Un momento, no estoy al tanto sobre ese tema.

—¿Pareja vampírica?

Ups. Lo dije en voz alta.

—Lo siento. Estoy confundida. —Toco mi frente. Debo estar centrada. No puede ser mi pareja destinada. No, no debe ser. Así como los hombres lobos, los vampiros también tienen su pareja de toda la vida. A diferencia de los pulgosos, nosotros nos volvemos locos por la sangre de aquel ser.

—Te traje desde el bosque. Tuviste un contratiempo con Edrick —explica lentamente y mirando las expresiones de mi rostro—. Él también se va a disculpar.

—¿Disculpar? ¿El hombre lobo? —Rasco mi cabeza—. Sinceramente, yo debería disculparme. Fui la que lo atacó, él solo estaba controlado por su Diosa Luna, o como le llaman los de su clase a la esfera que resplandece por las noches.

Ríe. Tan vivazmente, y tan sutilmente.

Quedo idiotizada, mirando cómo carcajea por las palabras que saqué de mi boca.

—Necesito…..—Observo el reloj de la pared, y casi se me sale el espíritu de mi cuerpo—. ¡Oh dios mío! ¡Nora me matará! —Saco el catéter de mi mano de un jalón y salto de la cama.

—¿Pasó algo?

—Necesito volver a mi casa. Mi hermana mayor, es algo…. —Imagino la cara de Nora, y estoy a punto de darme un ataque al corazón—. Da miedo. En serio lo digo. Me tengo que ir.

—¡Espera! —Sujeta mi mano, deteniéndome de golpe. En cuestión de segundos, puedo sentir una descarga rodear todo mi cuerpo. Mis oídos se agudizan, escuchando los latidos de mi pulso, el recorrer de mi sangre y las palpitaciones de mi corazón.

Ambos estamos demasiados sorprendidos.

—Lucie, tú….

—Me tengo que ir. Yo….debo salvar mi pellejo —digo, soltándome de su agarre. Huyo despavorida sin mirar atrás. No es momento de pensar sobre las consecuencias de salir en medio de la noche hacia un bosque peligroso.

Es momento de correr a mi casa y entrar por la ventana de mi cuarto, así poder estar a salvo. Nora da miedo cuando está en su fase de hermana mayor agresiva. Nunca olvidaré, la vez que me lanzó un sartén a la cabeza por no llegar a la hora acordada.

Tuve una hinchazón que duró varias semanas. Fue horrible.

No me fijo en la estructura de su casa, ni como lo haré si vuelvo a encontrar a ese idiota pulgoso. Si es posible, no quisiera volverlo a ver nunca más.

Aunque sé que es imposible. Cosas como estas, siempre dejan consecuencias. Eso lo sé de más. Que la suerte me acompañe.

─♥★♥─

 

Llegué justo a tiempo. Aún no vino Nora a despertarme. No espero más y me cambio rápidamente de ropa. Ya van varios días que no he conciliado el sueño. Muy pronto pareceré un zombi andante. Eso sería muy gracioso de verlo.

Aunque mi cuerpo está súper bien. Debe ser el hecho de haber bebido sangre de un hombre lobo. Sinceramente, no son de mi preferencia. ¿Por qué razón? ¡Son demasiados posesivos y territoriales! Odio que un hombre, esté diciéndome: eres mía, mía y mía.



Señorita Yuuki

Editado: 18.10.2019

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