Elizabeth

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-Beth? dijo Duncan al acercarse a mi.

No sabía el tiempo que llevaba ahí, en la habitación.

-Me ha engañado Duncan, pensaba que podríamos ser felices, pero era un cerdo asqueroso que me ha engañado.

- Ven mi vida, deja que te abrace. Todo ha pasado y no te preocupes. Todo se acabará así. Tu y yo estaremos juntos por fin, y recordarás esto como una pesadilla de la cual has sacado algo bueno, Sofía.

 

Asentí, Duncan llevaba razón. Mi hija era lo único bueno que había sacado en claro de esto.

 

-Quieres que mañana vayamos a ver a tus padres?

-Harías eso por mi Duncan? pregunté

-Todos lo haríamos mi niña, de hecho, echo de menos a mi amiga, dijo la Reina.

Nos sorprendió a los dos y nos separamos del abrazo. En sus brazos parecía que estaba en casa, que por fin encontré aquello que buscaba. A él.

 

Después de hablar con mi futura suegra del viaje que iniciaríamos, fueron a hablar con el Rey que accedió encantado. Yo en cambio fui a ponerme de luto, por lo menos esta noche.

Cuando bajé el Rey hizo saber que a partir de mañana yo no debería llevar luto y por lo que explicó,estuvo leyendo las cartas de Connor. Por lo tanto a partir de mañana Duncan podría empezar a cortejarme.

No debería sentirme tan feliz y más ahora con el cuerpo de mi difunto esposo presente.

 

 

 

Al día siguiente por la mañana , antes del entierro la Reina me hizo una confesión.

-No sabes lo que me duele perder a mi hijo, y no poder llorarle delante de toda la gente. Solo puedo llorarle cuando me encuentre en mis aposentos. Cariño, deberás aprender, algún día te tocará ocupar mi sitio y deberás ser igual de fría que un largo invierno. Solo así te respetarán..

 

El entierro fue muy tranquilo, lo primero enterraron al Príncipe Jorge y luego a Connor. La que fue mi suegra no estaba triste, todo lo contrario. Parecía más alegre de que su hijo estuviera muerto que vivo.

También estuvo el nuevo Duque de Belfast, un viejo relleno, soltero, que le gustaban mucho más las prostitutas y los juegos que la mujer que tenía. Esta última siempre con la cabeza agachada y que antes de hablar miraba siempre hacia su marido, solicitando su permiso.

 

-Tu eres igual que la viuda de mi hijo. No servís ni para concebir hijos, aunque ella si le dió una niña a Connor, es que tu no sirves ni para eso. Le dijo la madre de Connor a la mujer.

Ante ese comentario, pensaba que su marido o la madre de este la defendieran pero no, todos se rieron ya que les pareció gracioso el insulto. Que lastima, pensé y parece que Duncan me leyó el pensamiento por que me contestó

-No podemos hacer nada, si ella no pide ayuda. Vamos cariño, debemos recoger a la pequeña y marcharnos.

 

Eso hicimos. Recogí a Sofia y a una doncella, que se encargaría de ella y nos marchamos.



maria

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En el texto hay: highlands, elizabeth, duncan

Editado: 25.09.2018

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