Elizabeth

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Llegó el día de Navidad. Pasaron varios meses desde que dí a luz. Tanto mis padres como mis suegros querían pasar estos días con nosotros, así que nos quedamos aquí en la corte.

-Duncan, quiero volver a casa. Todo esto me está agotando.

-Beth, sabes que volveremos a casa después de haberme nombrado a mi heredero.

-Pero es que,bueno da igual,le contesté

-Elizabeth, últimamente no me lo pones nada fácil. Nada te gusta,siempre te quejas de todo. Un día de estos colmarás mi paciencia.

-Duncan,no estoy tranquila aquí. A mi me envenenaron y no se lo que les pueden hacer a mis hijos. Además, Marian no tiene pensamiento de marcharse por lo que veo.

-Creo que todos te consienten demasiado, así que te ordeno que dejes de quejarte.De lo único que te encargas es de atender a tus hijos y quejarte.

-Como madre es lógico que quiera atenderlos.

-No, veo más lógico que aprendas las obligaciones que debas cumplir como reina.Algún día lo serás, y cállate ya mujer.

 

Que angustia de hombre, me marché del despacho. Estaba cansada de todo esto. Pensé y pensé hasta que llegué a la conclusión de que yo me marcho junto a mis pequeños el día de Navidad.

Nuestra casa no estaba tan lejos, era solo un día de viaje, así que mañana por la mañana me marcharé.

Comí en mi habitación junto a Sofía que ya tenía 2 añitos. Desde que aprendió a hablar, no paraba aunque a todos nos costaba mucho entenderla. Ahí estábamos las dos,comiendo un caldo de pollo que nos sentaba muy bien.

 

-Mami, mami,nieve,nieve. Dijo señalando hacia la ventana.

-Vamos, come rápido y cuando termines vamos a jugar afuera Sofia.

 

Comió todo en un abrir y cerrar de ojos, de hecho me sorprendió que no tuviera que regañarla por dejarse comida en el plato. La vestí con mucha ropa para que no se fuera a poner mala y salimos las dos a jugar. Disfrutamos un montón haciendo un muñeco de nieve hasta que mi madre salió a regañarnos.

-Esta noche es Navidad y todavía seguís así?

-Ya vamos mamá, le contesté

-Venga, las dos dentro. Ven princesa,llamó a Sofia. Vamos con tu nana para que te bañe y te duerma. Jorge está durmiendo ya.

Se llevó a mi pequeña de la mano, creo que no la quería coger en brazos por si se manchaba el vestido verde.

-Os lo pasasteis bien? preguntó Duncan que estaba detrás junto a Marian.

-Si, disfrutamos mucho. Veo que tu también estabas tan ocupado que no podías salir a pasar un rato conmigo y la niña.

-Tengo muchas cosas que hacer, no tengo tiempo.

-Lo que tu digas, le contesté mirando a una Marian sonriente.

 

Me dí media vuelta y me fui a la habitación a cambiarme. Me puse un vestido rojo y cuando iba a salir entró mi madre.

-Niña,venía a buscarte

-Bajaba ya mamá.

-Elizabeth, te ruego arregles esta situación con Duncan, por tu hijo.

-Lo he intentado, pero está demasiado encerrado con que el niño es su hijo también. Marian exige la anulación de nuestro matrimonio y casarse con ella.

-Eso es imposible, que no se le ocurra hacerlo.

-Mamá, es Nochebuena, vamos a olvidarnos un poco de los problemas.

 

Mi madre asintió y así bajamos las dos en el salón. La cena en la corte era muy diferente a como mis padres siempre las hicieron en su casa. Aquí solo estábamos nosotros en la mesa, en un salón muy grande y mucha gente sirviéndonos. Mis padres en fechas señaladas ordenaban a todos de acudir a casa y ahí cenábamos en familia. Eso era, una gran familia.

Me senté junto a Duncan en la mesa. Marian se encontraba en el lado izquierdo de mi marido. Cenamos en silencio, salvo alguna otra risa de mi madre y la Reina.



maria

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En el texto hay: highlands, elizabeth, duncan

Editado: 25.09.2018

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