Ella es... Un Verdadero Monstruo.

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 7

Madison.*

Continúo en la carretera, conduzco despacio en lo que así mismo pienso en todo lo que se tiene que hacer para conseguir la información necesaria.
Max Miller es el objetivo, según todo lo que pude recibir de información él es el mejor de todo el mundo, aunque tiene tiempo que no han informado nada, que solo despareció sin dejar rastro junto con una de las carnicerías de Canadá.
Apreté el volante, más te vale estarme esperando y no decepcionarme, quiero ser yo quién arranque tu carne.

— ¿Crees que haya tenido hijos? — Preguntó la segunda voz.

Alcé una ceja, no había pensado en ello, si es así, no tendré más opción que solo acabar con sus vidas, no importa, puedo contra todos ellos, después de todo la manipulación es una de las cosas que mejor surgen de mí.
Estacioné el auto frente a ese gran edificio, no pude evitar mostrar una gran sonrisa ante eso, es muy interesante.
Bajé y caminé a la entrada, había un par de guardias en la puerta. No hace falta que me presenté o diga algo, seré yo misma justo en este momento.

— Háganse a un lado basura. — Dije sin más empujado a uno.

Me tomó de la muñeca y me hizo girar con rapidez, observandome de arriba a bajo, como si buscará algo.

— No sabía de las conejitas salian de su jaula tan fácil. — Dijo con burla tocando uno de mis mechones con sus dedos.

Sonreí y levanté mi brazo con rapidez, mi mano carga una navaja que hizo que sus dedos cayeran. Nos quedamos en silencio unos segundos, aquellos en lo que proceso que los había cortado. Un grito salió de su garganta y la sangre broto. 
Su compañero apretó la mandíbula y se acercó a mí, una vez más me sentí tan superior y solo saqué el cuchillo de cocina de la bolsa de mí pantalón.
Lo encaje en su abdomen y le observé a los ojos.

— Suerte. — Susurré despacio.

La sangre se le subió hasta la garganta, abrió su boca y la expulsó. Eso me dió más adrenalina, levanté el cuchillo haciendo un corte por todo su torso hasta el pecho.
Lo saqué y el cuerpo cayó, tan débil y asqueroso como siempre fue.
El primer tipo estaba en el suelo, sujetando su mano, sin poder creer lo que está sucediendo. Camine a él y me agaché a su altura.

— ¿Tienes miedo? — Cuestioné pasando la pequeña navaja por su mejilla.

Me dió asentimientos rápidos y llenos de desesperación.

— El miedo es normal, no hay que preocuparse... Aunque también es conocido como la desgracia, el impedimento... Aquello que frena a que hagas lo que deseas... Yo no tengo miedo y tengo muchos deseos. — Susurré cerca de su rostro.

Levanté mi mano izquierda y pase mi dedo índice por su mejilla, aquella que tiene un par de gotas de sangre. Tomé un poco y la acerque a mi boca lamiendo.

— Mi deseo es: Derramar sangre sin remordimiento. — Dije soltando una carcajada que lo hizo negar.

Sin darle más oportunidad encaje el pequeño artefacto en su ojo. La muerte fue por un paro cardíaco, decepcionante para alguien como yo que quiere ver agonía.
Me puse de pie y empecé a caminar por el pasillo, buscando alguna puerta o algún lugar que me lleve al dueño de aquí.
Una mujer estaba recargada en la pared, cerca de una puerta, alcé una ceja y me acerque despacio.
Al estar frente a ella me examinó de arriba abajo.

— ¿Buscas algo? — Dijo llevando el cigarrillo a sus labios.

— Al dueño de la pocilga. — Avise cruzándome de brazos.

Una vez más sus ojos no dejaron de analizarme.

— Te pareces a alguien que conocí en el pasado... Un hombre muy guapo. ¿De casualidad no eres hija de Jeffrey? — Dijo frunciendo el ceño y acercando su rostro al mío.

Desvíe la mirada, no sé de qué habla, no conocí a nadie con ese nombre.

— No, ahora dime dónde está ese hombre. — Ordené perdiendo la paciencia.

Soltó un suspiro y señaló el pasillo.

— La última puerta. — Dijo dejando salir el humo que había estado reteniendo.

No agradecí y solo seguí mi camino, pude haberlo hecho por mí misma, que tonta.
Mis pasos son lento y sin poder evitarlo me río en soledad, no sé porque hago algo como esto, mi mente es capaz de almacenar tantas imágenes que el hecho de verme a mí mutilado me parece tan divertido.
Me detuve, justo frente a esa puerta. Toque un par de veces hasta que se abrió, dejando ver a una mujer con muy pocas prendas... Me da repulsión, es un asco ver como las féminas que pertenecen a mi mismo sexo son así, una suciedad que debe ser limpiada.
Lo primero que ví fue a un hombre, este está detrás de ese gran escritorio.
Me mostró una sonrisa y señaló la silla, no mostré sentimiento alguno y solo me quedé de pie con los brazos cruzados.

— Una chica ruda. Sabía que vendrías, es muy impresionante como acabaste con ellos. — Dijo mostrandome la grabación.

Creo que pensó que estaría llena de sorpresa, pero no, incluso me reí, yo sabía que había una cámara.

— No ha perdido, son patéticos, le hice un favor. — Dije acercándome más al escritorio.

Me recargue en el, demostrando que soy yo quien está apunto de tomar su puesto.

— ¿Qué desea un demonio de tu nivel? — Cuestionó recargandose en la silla.

Sonreí por esas palabras, es admirable que yo sea tan especial, aunque es obvio, soy impresionante.

— Quiero información de alguien. — Dije sombría.

Señaló un archivero, la chica se acercó y lo abrió.

— Max Miller. — Dije.

Sus ojos demostraron sorpresa y apretó la mandíbula, así mismo junto sus manos para después sentarse rectamente.

— La única carnicería que tiene información de los Miller es una de Canadá. Fue cerrada cuando Max y su estúpido hermano fueron atrapados. Tuvieron que esperar un año, les costó millones comprar a la mayoría de los policías y jueces del país, pero lo lograron. — Explicó mirandome a los ojos.

¿Así que Canadá?, Genial, debo viajar para allá... Aunque eso también hace fáciles las cosas, una vez estando ahí puedo ir directamente por Max.



Margarita Barraza

Editado: 21.01.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar