Ella es... Un Verdadero Monstruo.

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Capítulo 8

Michael.*

Lleve mi mano a mi cabeza y negué, ese sueño no deja de atormentar mi mente, es horrible lo que ha pasado.
Fijé mi vista en las pastillas frente a mí. Hace dos años prácticamente me negué, había peligros, Zack me ayudó y gracias a mi terquedad de no dejar el medicamento alguien muy importante para él murió, no me culpó aunque seguramente el día de hoy me odia.
Solté un largo suspiro y sentí que Henrry entró a la cocina.

— ¿Qué haces aquí?, Se supone que tienes clases. — Dijo colocando su mano en mi hombro.

Se quedó en silencio ya que no respondí y levanté la vista, dándome cuenta que observa lo que yo, ese paquete de pastillas que deja de lado la locura que oculto en el interior.

— ¿Qué haces Michael?, ¿No has tomado el medicamento? — Susurró algo asustado.

Negué lentamente, no puedo, no otra vez.
Tomé su mano e hice que se sentará a mi lado, aún está preocupado, no lo culpo, él vio todo, sabe que sin estás pastillas soy alguien que no quieres tener cerca.

— Soñe con Max. — Revelé mirándolo a los ojos.

Apretó la mandíbula por ello y sus manos apretaron las mías, hay cosas que nunca se olvidan.

— Me dijo cosas que hacen que hoy en día quiera dejar el medicamento... Quiero controlar lo que soy, pero no con medicamentos, sino siendo inteligente. — Explique intentando que comprenda, no quiero que se vaya de mi lado solo por esto.

Esta solo callado, eso me frustra, hace que mi ansiedad aparezca luego de años de no hacerlo.

— ¿Qué haremos si le haces daño a alguien?, Por mi no hay problema... Yo te apoyo. — Dijo bajando la mirada.

Tomé su mentón e hice que me mirara a los ojos, me incliné a él y pegue sus labios con los míos. Siguió mi beso, su mano subió a mi nunca así como la mía a su mejilla.
Nos separamos y pegamos nuestras frentes, no puedo evitar sonreír.

— ¿Porqué tan repentinamente?, ¿Qué te dijo Max? — Dijo separándose de mí.

Hice una mueca al recordarlo... Un demonio viene por los únicos Miller que quedan, es obvio que se puede explicar de una manera más literal.
Mi conclusión es que alguien, lo suficiente malo viene aquí a matarnos a Zack y a mí ya que tenemos la sangre de esa familia asquerosa.

— Quieren acabar con los de nuestro apellido... Alguien viene a matarnos a Zack y a mí, solo porque somos Miller. — Dije apretando sus manos un poco.

Su ceño se frunció, aunque al parecer se quedó pensado un momento y luego levantó su mirada.

— ¿Y tus hermanas?, Ellas también han nacido de tus padres biológicos. — Dijo con cierta obviedad.

Mis ojos se abrieron y una vez más la desesperación se presentó, es verdad, pero no las había tomado en cuenta gracias a que Max no lo dijo. Él solo mencionó que buscará al único Miller que iba a poderme ayudar... Cierto.

— Tenemos que buscar a Zack. — Dije con rapidez.

Se sorprendió, no lo culpó, tenemos tanto sin verlo sin mencionar que es uno de los criminales más grandes de aquí desde lo que sucedió en el hospital psiquiátrico, todos lo buscando. Creí que el caso sería cerrado en un año, después de todo no lograron encontrar nada que les ayudará, pero no, sigue abierto, esperando atraparlo.

— ¿Y como?, No sabemos nada de él, es casi imposible. — Dijo llevando su mano a su cabeza.

Tiene razón, pero no podemos rendirnos tan fácil, no quiero morir, ni que mi familia lo haga. Aparté va por el apellido, estamos juntos en esto una vez más, si yo muero él lo hará... Aunque Zack es más inteligente, recuerdo ese día... Él pudo contra Max y Jack. 
Apreté los puños, yo también, tengo que controlar todo lo que soy para no dejarlo solo con todo como la última vez.

— Viajaremos. No importa a dónde o cuánto nos cueste, encontraremos a Zack y al mismo tiempo aprenderé a controlar los demonios que llevo en el interior. — Dije seguro sonriendo.

También sonrió y me dió una afirmación. Me alegra tener su apoyo, ahora solo es avisar a mi familia.
Los brazos de Henrry me rodearon a lo que solo pude responder y soltar un largo suspiro. Estábamos bien, tenemos una vida tranquila, mis padres cuidan excelente a mis hermanas, tanto que Marie ya asiste a la escuela, lleva un tratamiento y es una chica muy dulce la cual aprende a tocar el violín con la abuela Isabella quien vive con ellos ya que es Nana de las dos pequeñas. Papá sigue como cirujano y mamá aún con su consultorio de bebés. Todos tenemos una buena vida y el hecho de que el día de hoy ese tipo aparezca es algo sumamente molesto. Solo espero que una vez más no haya perdidas... Que nadie muera.

Zack.*

Abrí la llave del lavamanos del baño, dejando que está se haga tibia, al hacerlo lave mis manos y después me incliné para mojar mi rostro. Deje que el agua dejara que me relajara, no pude dormir después de todo lo que sucedió, ese estúpido sueño solo hace que me sienta frustrado.
He tenido premoniciones en el pasado, admito que está es una.

— Quizás por ello he logrado despertar. — Dijo la voz en mi cabeza.

Mis ojos se abrieron y apreté la mandíbula, ya me he tomado el medicamento, no deberías estar ahí.

— No seas imbécil Zack, he estado dormido porque tú me obligas hacerlo, el medicamento no tiene nada que ver. — Dijo soltando una carcajada.

¿Qué demonios?, No, yo he cambiado, fui a terapias por meses, fue un año el que me tomó poder decidir que pastillas harían que la esquizofrenia se controlará.

— Te equivocas, quizás si te hubieran tratado como a Michael habría funcionado, pero tienes un nivel muy alto de esquizofrenia, eso hace que no puedas eliminarme. — Explicó con malicia.

Llevé mis manos a mi cabeza, no es posible, maldición, odio todo, no puedo soportar la idea de tenerlo, no quiero, solo deseo una vida normal a lado de André.

— No seas dramático quieres, estoy aquí para ayudarte, aunque no lo admitas ha sido tú quien me despertó. Sabes que alguien viene hacer daño y prefieres que este de tu lado. — Explicó.



Margarita Barraza

Editado: 21.01.2020

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