Ella es... Un Verdadero Monstruo.

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Capítulo 9

Madison.*

Lo observo de reojo de vez en cuando, me parece tan raro que sea así, aparte teniendolo más de cerca me doy cuenta que nos vemos de la misma edad, incluso él se nota más joven.

— ¿Qué edad tienes? — Dije sin separar mi vista de la carretera.

Se quedó en silencio, quizás un par de minutos hasta que le dio la gana de contestar. Bueno quizás es porque no lo recuerda bien.

— Veintitres. — Reveló.

Me quedé rígida... Es más joven que yo, nació antes... No logro entenderlo bien.

— ¿Qué edad tenías cuando te encontraron? — Dije aún analizando el tiempo y la edad que debe de tener.

— Tres años. — Reveló como si nada.

— Entonces debes tener veintiocho, no veintitres. — Dije con obviedad frunciendo el ceño por su ignorancia.

Me dió un asentamiento, no me contradice, solo acepta lo que le pido, en cierto modo eso me agrada bastante.

— ¿Cómo fue que terminaste en ese asqueroso lugar? — Murmuré intentando saber más de él, tengo que conocer los puntos débiles de quienes me rodean... Aunque él parece no tenerlos.

Una vez más se quedó en silencio, hice una mueca, me agrada la idea de que contesten rápido.

— Mamá me echo de casa, su esposo era importante, yo no. Luego ese hombre me encontró antes de que me muriera de hambre. — Redactó breve.

Vaya... Al parecer lo recuerda bien.

— ¿Qué te hicieron? — Dije con bastante interés.

Bajo la vista, dejando que su cabello cubra parte de su rostro, se encogió en los hombros y luego miró al frente.

— No puedo decirte. — Dijo sin más.

Información importante que no debe ser revelada, aunque con solo verlo te das cuenta de todo el posible maltrato que ha recibido por muchos años... No entiendo cómo fue que soportó, mucho mueren, otros aprenden a odiar y una vez siendo fuertes matan... Pero él, se rindió y ha hecho todo lo que le ordenan por años.

— ¿Porqué no escapaste?, Tenías la oportunidad. — Dije encogiéndome en los hombros.

— No hay nada que me espere, muerto o vivo, ¿Qué más da?, ¿Qué diferencia hay entre la muerte y la cruel realidad? — Dijo girandose a mirarme.

Fijé mis ojos en los suyos por un momento, sonreí de lado, al parecer si habla si haces que lo haga.

— Tienes razón. — Dije aún con esa sonrisa plasmada en mi rostro.

Ninguno de los dos dijo más, solo me dediqué a conducir en silencio, aún hay demasiado que recorrer, los días se van con rapidez, la vida lo hace y me prometo a mi misma que no voy a caer muerta, no antes de haber terminado con los Miller...

Narrador.*

Zed miraba por la ventana, ni siquiera comprendía que hacía ahí, tampoco ni en qué año estaban... No sabía su edad y la mujer a su lado desprendía una rara vibra negativa que incluso para él era notoria.
Su mente vagaba, no sabía que argumentar, ni como dialogar, nunca le habían enseñado. Su habla se desarrolló debido a que cuando su madre lo dejó en la calle ya sabía unas cuantas palabras, al ser llevado a la carnicería y recibir gritos poco agraciados fue aprendiendo por si solo.

Bajó su vista a sus manos, estás están llenas de cicatrices.
El auto se detuvo de golpe, eso hizo que mirara a un lado, topandose con otro auto el cual está detenido.
Miró al frente, dándose cuenta que estaban parados afuera de una tienda de servicio.
La mujer a su lado solo abrió la puerta y salió dejándolo sólo. Su vista se fijó en la ventana, todo estaba oscuro, pero había algo dentro de él que le pedía que se fuera de ahí, que quizás solo así conocería la libertad que le había sido arrebatada muchos años atrás.

Pero no lo hizo, había aprendido, su cerebro tenía muy presente que era lo que había sucedido las veces en las que intentó irse.
La puerta se abrió una vez más dejando ver a esa chica, traía en sus manos una bolsa con cosas dentro. Se la entregó.

— Come. — Le ordenó y encendió el auto.

Sacó un paquete de galletas y un jugo empezando a hacerlo, había tranquilidad en su interior, pero un recuerdo hizo que cada vez su quijada se moviera más lento.

— ¿No te ha gustado? — Murmuró frunciendo el ceño.

Bajo la cabeza y asintió, continuó, sin darle más importancia a lo que ya había pasado, el tiempo no se regresa y la única manera en la que podría ser feliz dejando todo de lado sería que su memoria se borrará por completo...

Michael. *

Preparamos lo necesario para el viaje que haremos. Si pienso como Zack podré llegar a él. Bien, necesito irme lejos, lo suficiente para que no me atrapen y no sepan que soy yo el asesino de muchas personas, así mismo el secuestrador de un chico que es sumamente parecido a mi ex amor de toda la vida.

— Se fue de país idiota, piensa más rápido. — Dijo la voz en mi cabeza con fastidio.

Hice una mueca, gran parte del tiempo me hace quedar como un imbécil.

— Lo que pasa es que eso eres, antes eras un bastardo engreído que no se dejaba dominar en ningún aspecto y ahora eres un tipo que incluso me da lastima hacer daño. — Dijo soltando un bufido.

Solo pude rodear los ojos, demostrando que eso me a dado en el orgullo.
Hace un par de horas que el efecto de los medicamentos se retiró de mí cuerpo, creí que sería muy difícil y que cuando menos lo pensará terminaría matando a alguien.

— Eso es porque no quiero que lo hagas, no aún. — Dijo con emoción.

No, eso no pasará y si lo hace será porque yo lo he ordenado, el cuerpo es mío y la mente también, se hará lo que yo diga.
Mostraba firmeza, eso hizo que la voz se quedará en silencio, cuando menos lo piense regresaré, seré una vez más el que se escondió en el pasado, mostré una sonrisa sombría y subí mi mano a mi rostro, soy tan increíble e interesante que nadie podrá contra mí, ya verás Zack, te enseñaré quien es un verdadero psicópata; tendrás que aprender de mí...

Zack.*

Me enderece, me senté en la cama y me giré un poco a mirar a André quien está desnudo entre las sábanas. Tuvimos un buen momento, creo que eso justifica la falta que tuvimos en las clases.
Tomé mi boxer y me lo coloque, así mismo una pantalonera. Me puse de pie y me senté en el sillón que está pegado a la pared, observando cómo duerme tan tranquilo.



Margarita Barraza

Editado: 21.01.2020

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