Ella es... Un Verdadero Monstruo.

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Capítulo 30

Madison.*

Me le quede mirando sin saber cómo es que cambió tan rápido. Observé el cuerpo de Zack, hice una mueca, al parecer pude acabar con el menos complicado.

— Admite que Zack era bueno, quizás si su amado no estuviera muerto hubiera sido un verdadero problema. — Dijo la primera voz en mi cabeza.

Apreté la mandíbula, me sorprendí al sentir que me empujaban contra la pared. Sonreí y coloque el arma en su abdomen, jale el gatillo dispuesta a perforar su abdomen pero no funcionó, me quedé sin balas. Levanté la cabeza, topándome con una sonrisa llena de burla y satisfacción. 
Su mano me arrebató el arma y me dio con ella en el rostro obligándome a doblegarme.

— Vamos maldita perra no me decepciones. — Dijo sin dejar de golpearme una y otra vez.

Hice una mueca y subí mis manos a su cuello apretando, creí que sería suficiente pero en realidad no, su rostro solo demuestra lo mismo que Zack: Nada, no entiendo cómo es que estos bastardos logran no tener sentimientos, es bastante raro como pueden conectar la mente con el cuerpo. 
Lo tomé con fuerza y ahora hice que quedará contra la pared.

— Voy a matarte bastardo de mierda, después acabaré con todos los que están afuera, sobretodo con ese imbécil que tanto quieres. — Dije enfadada estrellando mi puño con su rostro una y otra vez.

Soltó una carcajada y se limpió la sangre con la lengua, probando de ella.

— Creo que necesitas más, déjanos salir a las tres Madison. — Dijo la tercera voz con emoción.

¿Dejarlas salir?, ¿Solo así?, No sé, aún no puedo entender muchas cosas que habitan en mi interior, dejarlos salir puede ser sumamente peligroso.

— Entonces deja que nos mate idiota. — Dijo la segunda voz con enfado.

— Tiene razón, vamos a morir, tienes que hacer algo. — Dijo la primera voz.

Bien, si la más consciente dice algo como eso, es porque tengo que hacerlo. 
Fijé mi vista en él, quien mantiene sus manos en su cabeza, no te gusta lo que eres Michael, puedo sentirlo, te molesta ser un psicópata, pero sobretodo te molesta ser como Max y todos aquellos que te lo han heredado. 
Pero tranquilo, me haré cargo de que te vayas al infierno, tendrás la oportunidad de reclamar por haberte hecho lo que eres…

Michael.*

Al igual que yo subió sus manos a su cabeza.

— Eso indica que hará lo mismo que tú, es raro, déjame salir también. — Dijo la voz en mi cabeza.

Negué, si voy a acabar con ella será porque lo he hecho por mí mismo y por la locura que he logrado controlar. 
Retiró sus manos, dejando ver una gran sonrisa.

— Dejemos de jugar. — Dijo inclinando su cabeza a un lado.

Hice una mueca por ello. Corrió a mí, sin darme cuenta ya tenía un cuchillo encajado en el brazo, hice una mueca, dándome cuenta que la cordura regresa a mí y con ella el dolor de sentir.
La empujé, pero no sé alejó mucho, se recargó en la pared en lo que aprieta el mango del cuchillo que ha encajado en mi brazo. Solté un jadeo y ella una carcajada, no lo pensé dos veces, solo estrelle mi cabeza con la suya una y otra vez, buscando que se haga para atrás aunque sea un poco para que pueda tomar ventaja.
Deje de golpearla al darme cuenta que no se va a alejar.

Soltó una carcajada en lo que un hilo de sangre bajaba por su frente.

— Mírate Michael, no eres más que basura, el último de todos los Miller, seguro el más inútil. — Dijo sacando el cuchillo de mi brazo.

Apreté la mandíbula e hice una mueca.

— No me interesa, no tengo nada que ver con los Miller, mi apellido es Jefferson. — Dije enfadado tomando su brazo.

Se rió de mí una vez más e intentó hacer lo posible para que el cuchillo me diera, me hice a un lado y estrelle mi puño contra su rostro. Eso la hizo apartarse, me agaché y tomé el arma que estaba tirada a un lado. Camine a paso rápido a ella y estrellé el arma contra su rostro una y otra vez, la sangre empezaba a salpicar, eso me hizo reír, cada vez que la golpeaba mi risa aumentaba cada vez más.
Tomó mi mano y me observó de acerca, manteniendo su rostro junto al mío.
No borre mi sonrisa en lo que ella se vía tan molesta.

— ¿Qué pasa?, ¿Te ha dolido? — Dije tomando su cabello.

La estrelle contra la pared hasta que me empujó haciendo que caigamos al suelo juntos, quedé debajo de ella a lo que levantó el cuchillo, dispuesta a darme en el rostro, lo hubiera hecho si no me muevo rápido, el cuchillo quedó encajado justo a un lado.
Me hice para el lado derecho, dejando que quede ahora abajo. Tomé la lámpara que estaba ahí y le estrelle con su cabeza una y otra vez.
La sangre una vez empezó a saltar sobre mí, una y otra vez, mi manos no se podían detenerse, solo deseaba acabarla ya.

Se quedó en el suelo, cubierta de sangre, en lo que su respiración se escuchaba bastante acelerada.
Me levanté y fui donde estaba el teléfono, tomé el cable y regrese a dónde está. Pase el cable por su cuello enredandolo y la levanté, permitiendo que mis ojos vean su sufrimiento.
La arrastre hasta las escaleras, las subí y cuando llegue a la parte de arriba enredé el cable con uno de los barrotes. 
Me agaché a su altura y tomé su rostro con mi mano.

— Esto va por todo lo que le has hecho a mi familia. — Dije sombrío.

La empujé, haciendo que quede colgada. 
Baje las escaleras con lentitud en lo que se mueve con desesperación, buscando poder salir de esa situación.
Llegué abajo y la observe desde ahí, su rostro demuestra lo desesperada que está.

— No debiste meterte con nosotros. — Dije pasando mis manos por mi rostro, dejando que la sangre que tenía en las manos lo manchen.

Dejó de moverse a lo que me quede neutro. Listo, la mate. Solté una carcajada y me recargue en la pared, sintiendo como la adrenalina fluye a gran cantidad.
Me puse de pie y caminé con lentitud por el gran pasillo de la casa. Mis pasos se detuvieron frente a una puerta de madera, la abrí, baje las escaleras hasta detenerme frente a una gran puerta de metal. La abrí, dejando ver un gran cuarto, con tantas cosas de tortura que no puedo contarlas.
Tomé un machete y sonreír.



Margarita Barraza

Editado: 21.01.2020

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