Ella es... Un Verdadero Monstruo.

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Capítulo 35

Narrador. — Luke. —

El doctor empezó a quitar ese yeso de mi pierna, permitiendo que sonreía, podré irme lo antes posible de aquí. Han sido los dos meses más largos de mi vida, no me gusta estar en el mismo lugar que James, aparte... Creo que él tiene una relación con alguien, en las noches lo he escuchado tener sexo. Sin poder evitarlo me sonroje, es raro escuchar a tu hermano gemir como loco.

— ¿Tiene fiebre? — Murmuró el doctor tocando mi rostro.

Negué y desvíe la mirada.

— Hace calor en la habitación. ¿Cuándo podré irme de aquí? — Pregunté con emoción.

— Necesito que descanse su pierna un poco más señor, en una semana podrá irse. — Informó sonriéndo.

Le di un asentamiento, lo mejor es que cada vez estoy más cerca de irme lejos de aquí.
El doctor salió y James entró, hice una mueca y desvíe el rostro, cada vez que lo veo recuerdo lo que sucede por las noche y me hace sentir avergonzado, las paredes de esta casa deberían ser más gruesas.

— ¿Tienes fiebre? — Cuestionó tocando mi rostro.

Negué quitando su mano... No es que no sepa nada de sexo, de hecho como médico debo conocer todo eso, pero... Yo, nunca lo he hecho, no porque no quiera, es solo que tengo mucho que estudiar, Eliza no ha terminado su carrera y yo tampoco, no sería sano tener a un bebé si no estamos preparados.

— Te han quitado el yeso, que bueno, podrás irte lo antes posible. — Dijo neutro.

Sonreí, así es, podré irme y no volver jamás.

— Sí. — Me límite a contestar sin darle las importancia.

Me dió un simple asentimiento y se giró, yendo a la puerta, salió dejándome solo.
Guardar rencor es malo, estoy molesto, mucho más que eso, pero también me siento mal por ser así con él, seguro se ha equivocado, quizás si hablo con él y le digo que todo lo que ha estado haciendo está mal recapacité y comprenda que también se puede ganar dinero haciendo las cosas bien, dejando de lado que los Miller somos malos.
Sonreí y asentí seguro, lo más probable es que salga toda la mañana, pero una vez que regrese voy a charlar con él y hacer que comprenda.

Me puse de pie, recargandome en la pared, tome el bastón que James había traído para mí y me apoye en él.
Empecé a caminar con lentitud hasta llegar a la puerta, ahora que puedo daré un recorrido por la casa.
Salí de la habitación, mirando el gran pasillo, comencé a caminar de un lado a otro. Vaya que es grande, fijé mi vista en los cuadros de arte que seguro costaron una fortuna, recuerdo que papá hablaba de ellos, los compraba con artistas muy famosos, es increíble.

Con mucho cuidado baje las escaleras, llegando al primer piso y al gran salón, esta casa es impresionante. 
Sonreí y caminé un poco más rápido al ver el piano. Me senté con algo de esfuerzo y solté un suspiro. Coloque mis manos en él y empecé a tocar con tranquilidad.
De un momento a otro mi adrenalina subió haciendo que vaya más rápido, cerré los ojos dejándome llevar hasta que retiré mis mano y abrí los ojos dándome cuenta que todos me miraban, baje la mirada apenado y empezaron aplaudir haciendo que me sienta más avergonzado.

— Eso es increíble señor Miller. — Dijeron algunas de las empleadas.

Me coloque de pie y fui a ellas empezando a platicar. De un momento a otro ya estábamos en la cocina preparando carne y algunos postres.

— ¿Dónde aprendió a cocinar estos platillos señor? — Preguntó una de ellas.

Me sonroje un poco al recordar que Eliza me enseñó.

— Mi novia cocina increíble, y como a las chicas les gusta el desayuno en la cama tenía que aprender. — Dije sonriendo.

Todas sonrieron amables y colocaron su mano en mi hombro.
Gracias a todo incluso olvide el descanso que debía hacer para que la pierna sanará.
En lo que la comida estaba, me propuse seguir caminando y viendo que tanto a cambiado el lugar.
Me adentre a uno de los pasillos que siempre me dieron miedo. Empecé a caminar por él, hasta notar la última puerta, está tiene un candado. 
Detuve mis pasos frente a ella y sujeté el candado, este se abrió, alcé una ceja, todo dentro de mí indicaba que no, que ahí hay algo que no quiero ver, pero también había otra parte que me indicaba que tenía que entrar.

Sin pensarlo más solo abrí la puerta, topándome con escaleras. Alcé una ceja y las baje con cuidado, me tomó solo unos minutos, al llegar al final ví una puerta color café, está algo descuidada comparada con las de la casa. Lleve mi mano a la manija y la giré, hasta que se abrió. Pase mi mano por la pared, buscando el interruptor, al entrar sentí un olor horrible.

Encontre el interruptor, lo presione logrando que la luz se encienda.
Me di la vuelta, mis ojos se abrieron y lleve mi mano a mi boca, sintiendo como mi estómago se revuelve. Me giré dejando caer algo de vómito, agradezco no haber desayunando.
Fijé mi vista en todo lo que hay en la habitación... Es tan horrible, inhumano, solo alguien sin corazón ni conciencia en capaz de hacer algo como esto.

— Ayuda. — Empezaron a susurrar.

Apreté la mandíbula y mire a todos lados, notando que hay un pequeño cuarto, olvide mi pierna por completo y corrí ha ese lugar. Entré, notando que es un baño, está limpio, busqué el botiquín, al encontrarlo una vez más regrese a ese lugar tan horrible, quizás tanto como el infierno.
Me acerque a uno de esos hombres que tenía muchas heridas, al verme negó.

— Ya basta por favor, no le hemos hecho nada... Él volverá, dijo que iba a arrancarme la lengua. — Dijo sumamente asustado.

Negué, tomé su mano e hice que me mirara fijamente.

— Eso no va a pasar, voy a curarlo y dejare que se vaya. — Dije seguro.

Me miró fijamente y me dió un asentamiento. 
Tomé el bote de alcohol con algunas cosas más que funcionan bien. Desinfecte la herida y eche un par de pomadas, limpie su rostro con agua y cosí algunos cortes.
Al terminar con él fui con los demás de estaban ahí, tanto mujeres como hombres.



Margarita Barraza

Editado: 21.01.2020

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