Ella es... Un Verdadero Monstruo.

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Capítulo 37

— Luke. —

Baje del tren, mirando a los lados. Al encontrarla sonreí, sus ojos se posaron en mí a lo que corrió a mi dirección, baje la pequeña maleta y extendí mis brazos, recibiendola en ellos.
Se pegó a mi pecho, coloque mi mano en su cabeza y suspiré sintiendo alivio, ahora está conmigo, ya no hay necesidad de regresar otra vez y dejarla sola.

— Tenía miedo, creí que no volverías, al recibir tu carta estaba muy feliz. — Dijo separándose de mí, permitiendo que vea la tristeza en sus ojos.

Coloque mi mano en su mejilla y negué, mostrando una débil sonrisa.

— No te dejare, te amo, lo importante es que he regresado. — Dije seguro.

Me dió un asentamiento y bajo su vista a mi pierna la cual no está completamente recargada en el suelo.
Debido a la pelea mi pierna continuó en mal estado, pero era obvio que no iba a quedarme, solo tome el primer tren que ví y vine para acá.
A mi mente llegó todo lo que había sucedido, las mentiras que le he dicho a Eliza me ayudaron a sentirme culpable, debo decirle, en algún momento seré su esposo y no puedo ocultar a mi familia.

— Tengo algo que decirte. — Murmuré tomándo su mano.

La lleve conmigo a una de las bancas que había ahí. Nos sentamos juntos, tomé algo de aire y la observé fijamente.

— Soy: Luke Miller. No vengo de una familia disfuncional que nunca me ha apoyado a estudiar.
Mi padre es... Era mejor dicho, un millonario que vendía y compraba personas, alguien con dinero sucio. Siempre fuimos de la alta sociedad, pero nada de eso importa si el dinero que se ganaba era siendo malo.
En realidad no fui a ver a un amigo para que me prestará sus libros.
Fuí a ver a mi hermano, quien lamentablemente es igual a papá y ha hecho cosas horribles. No me gusta pertenece a esa familia, quería ayudar a mi madre, quien por desgracia habían sido comprada por mi padre, pero no pude hacerlo. Mi hermano los mato, ha ambos, solo... Para que yo volviera. — Explique mirándola fijamente, grabando en mi cabeza su expresión.

Toda ella me deja ver lo sorprendida que está, no la culpo, le revele cosas que incluso a mí me hacen quedarme rígido.

— ¿Tu familia... Era... De los que compraban esclavos?, No puedo creerlo... Se necesitaba mucho dinero para eso... No solo eso, tierras y lo que comercializaban en esa época. — Dijo sumamente nerviosa.

Solo pude bajar la cabeza, lo he revelado, ahora aquí seré la peor persona, alguien que ha hecho cosas horribles junto a su familia.
Apreté los puños un poco, es injusto que haya tenido que nacer en ese núcleo familiar, es un asco.
Sentí que sus manos suaves tomaron las mías con delicadeza.

— No conozco a tu familia Luke, no sabía nada de eso antes y aún así tú has logrado que me enamore de ti, no solo eso, muchas personas te aprecian y esperan que seas un gran médico. 
No importa lo que haya en los expedientes de tu familia, lo que en realidad importa es lo que eres tú, un chico sumamente inteligente, noble, empático, amable, agradable y amorosos. — Dijo mostrandome una gran sonrisa.

Coloque mi mano en su mentón y me acerque a ella, juntando sus labios con los míos.
Nos besamos con lentitud, como si con ese beso me enseñará que en realidad me ama y que no importa lo que mi familia haya hecho. Y es verdad, no tengo nada que ver con ellos, soy yo y con ello me basta.
Nos separamos a lo que le sonreí y pegue su frente con la mía.

— Te amo. — Dije seguro.

— También te amo. — Contestó dejando un beso en mis labios.

Nos miramos un momento, nos colocamos de pie para ir a nuestro departamento.
Solo nos llevó llegar ahí un par de minutos.
Al hacerlo Eliza abrió la puerta, dejándome sentir el aroma de nuestro hogar, deje la maleta en la sala e hice que me acompañará al sofá. Nos sentamos juntos, no pude evitar tomar sus manos entre las mías.

— Quiero hacer una promesa. — Dije sonriéndo un poco.

Podía ver qué estaba algo confundida por mis palabras.

— Una vez que haya terminado mis estudios te pediré matrimonio... Espero aceptes ser mi esposa, sino, entenderé que quizás no me deseas a tu lado y me iré. — Murmuré sintiendo una presión en el pecho al imaginar algo como eso.

— ¿Estás loco?, Es obvio que me voy a casar contigo, sería sumamente tonto dejar ir al mejor hombre que pude haber conocido. — Dijo con emoción.

Me quedé en silencio, ¿Habla en serio?, ¿De verdad soy un buen hombre?, Mate a alguien, no pude salvar a nadie en esa casa... Dudo de la idea de ser un buen hombre. 
Levanté la vista y sentí como de manera sorpresiva pegaba sus labios con los míos. Me quedé inmóvil un momento, después reaccioné y seguí su beso.
Subí mi mano a su nuca acercándola más a mí. Intensificamos la velocidad, dejando que la adrenalina y la excitación se nos suba.
La recosté en el sofá, sus piernas rodearon mis caderas en lo que bajo lentamente mis besos por su cuello en lo que deja salir débiles jadeós.
Sus manos bajaron a la orilla de mi playera y la retiró dejando mi torso desnudo. Pasó su mano con lentitud y me miró fijamente.

— Eres tan fuerte. — Susurró cerca de mis labios.

La bese con rapidez, restregando mi cuerpo contra el suyo. Retiré su blusa con lentitud, dejándome ver su torso.
Despacio toque uno de sus senos, mostró excitación y colocó su mano sobre la mía, eso hizo que moviera más rápido mi mano. Levanté la vista, dándome cuenta que le gusta, se muerde el labio.
Me incliné sobre su pecho y pase mi lengua con lentitud sobre uno de sus pezones. Lo adentre por completo a mi boca, eso la hizo gemir con fuerza y que su mano fuese a mi cabeza, acariciando mi cabello.

Chupe y jugué con cada uno de sus pezones. Los solté y baje por su abdomen, dejando besos en él. Continúe bajando hasta la orilla de su falda, la desabroché y bajé, dejando ver su ropa interior. Toque por encima con lentitud, de inmediato sentí humedad, retiré su última prenda, aquella que me dejó ver su parte íntima.



Margarita Barraza

Editado: 21.01.2020

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