Ellah mil canciones

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Capítulo 2

Una vez estoy dentro de casa siento mi pecho tan pesado y mi respiración está agitada. Aun estoy espalda contra puerta, una mano en frente y la otra sobre mi pecho me dejo caer al suelo. Varias lagrimas caen por mis mejillas sin poder evitarlo, lloro en silencio mientras los recuerdos de aquel día me invaden. Estaba tan feliz dentro del cuarto terminando de arreglarme cuando su Mike su hermano me avisó de que él no se presentaría, salí corriendo del cuarto hacia la iglesia, claramente no pensaba bien en esos momentos, no estaba ahí pero yo si estaba ahí parada en medio de todos y puesta en charola de plata para que me comieran viva.

Mi corazón está corriendo una maratón y estoy segura que ese punsaso en el pecho es igual de doloroso que pincharte los dedos con miles de espinas. Su ausencia y traición fue como enterrarme tres dagas en el pecho directo al corazón. Nos tomó dos años planear la boda, entre invitados y asignar la fecha fue lo más complicado. Esperar ¿Para qué? Para nada, así ¡Para que me dejara plantada! Su familia y la mía estaban ahí presentes.

¡Tuve que tragarme mi orgullo al ver los rostros de todos cuando me decían cuanto lo sentían!

¡Yo fui la que tuvo que sonreír y decir que no pasaba nada! y ¡Eso fue lo mejor que tuvo que pasar porque ya podía ver hacia otros horizontes!

Hoy que realmente presentía que sería un gran día resultó ser el peor. Mis lagrimas comienzan a caer sin poder detenerlas. Honestamente a este punto no hago nada para detenerlas, Siento que todas las fuerzas se fueron con solo verlo.

Solo su presencia sirvió para demostrarme que no soy lo tan fuerte que pensaba que era, aun soy débil y eso de “ ¡Ya no me duele!” Esas palabras no surtieron efecto. Hasta hoy comprendía que no solo los productos tienen su fecha de caducidad, sino que también las palabras.

¡Me siento tan miserable por no ser lo suficientemente fuerte como para no llorar e impedir que su sola presencia arruine la confianza que me costó construir. Fue como construir una hermosa muralla desde 0 desde los escombros.

Fui el tema de conversación por dos años "Como dejaron a Ellah", "¡Pobrecita Ellah!" y "¡Ella tiene la culpa por ser tan confiada pero como iba a pensar que un hombre como él podría aceptar estar el resto de su vida con alguien como ella" ese último comentario fue de mi padre, dicho en mi cara frente a varios vecinos frente a la casa. 

Por sobre todos los comentarios estaba el más doloroso “¡Que ilusa Ellah, como pensó que alguien como él se fijaría en alguien como ella, la gorda Ellah!” Ese comentarío dolió mas que todos porque… Ese me lo dije yo frente a un espejo y me lo repetí miles de veces.

Hasta un día cansada de revolcarme en autocompasión decidí mirarme ante el espejo sosteniendo en cada mano mis defectos y virtudes, uní ambas cosas y aprendía a aceptarme tal cual soy, no fue fácil  y fue un poco largo creerlo porque puse a prueba eso de “los 22 días” en donde haces o repites lo mismo durante ese tiempo hasta que lo haces por iniciativa. Fue como reprogramar a mi cerebro a aceptar y a quererme.

Al verme al espejo aun veo a la chica gorda pero eso ya no me daña, he aceptado que para cambiar debo aceptar que todo cambio lleva un proceso y que muchas veces el proceso es largo.

Aun tengo mis recaídas y el padre tan amoroso que me ha tocado no contribuye en nada.

Como siempre digo “la vida no es un caminar de rosas.”

-¿Y eso que la señorita ha regresado tan temprano?- Esa es la voz burlona y alcoholizada de mi padre, la luz se enciende dejando ver a papá con la camisa de fuera, el pelo despeinado y sosteniendo una cerveza gallo. -¡Porque lloras si tienes el trabajo de tus sueños!- no le respondo a pesar de que tengo la respuesta en la puta de la lengua. A penas puede sostenerse de lo borracho que está, se tambalea y ríe -¡Meterte con los hombres, eso es lo único que haces bien! y la verdad mientras pagues lo que te comes y gastas en la casa me doy por bien servido- Cierro los ojos y cuento hasta 10. 

¡Lo que como y gasto! Me rio internamente, claro. ¡Si la única que aporta en la casa soy yo! ¡Soy yo!

-¡Responde!- me grita tan cerca que siento su aliento asqueroso a cerveza.  Al no recibir respuesta de mi, gruñe y acto seguido mi cara es volteada tan fuerte que lloro del dolor. Mi mano toca el área afectada ¡Me ha dado un puñetazo!

-¡Y que quieres que te diga!- Grito sin poder contenerme -¡Quieres que te diga lo injusto que eres con tu única hija!- me limpio las lágrimas ignorando las palpitaciones en mi lado derecho de la cara. -¡Quieres que te diga que ya no eres el padre amoroso que solías ser y que estoy mejor sola que contigo y...- no puedo continuar porque dos puñetazos mas me lo impiden, tirada de lado en el suelo con la respiración en un hilo. Sus golpes fuertes, fueron dados con tanto odio.

-¡Para que aprendas a no reprocharle nada  a tu padre!- me grita y da un sorbo a su bebida.-¡no quería una hija, yo quería un varón!- arrastra las palabras. Esas palabras si que han causado el efecto esperado. No consigo respirar profundo  por el dolor.

-¡Mi padre  ahora si eres mi padre!- digo con tantas ganas que siga golpeándome porque, ya no tengo fuerzas para nada más, solo quiero que me golpee hasta que ya no despierte, siempre ha sido así con él, luego la partida de mamá han sido golpes tras golpes, insultos tras insultos.



Slowstar D.

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En el texto hay: maltrato, amor, amorpropio

Editado: 06.02.2020

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