Embarazada de la Bestia

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Capítulo 26 -Primera Parte.

 

Ryan.


 

Filadelfia

Año, 1973.


 


 

Sus pasos era amortiguadores del desolador silencio que reinaba en aquella gran habitación.


 

Sus ojos observaban con profunda preocupación a la chica que, segundos antes, había desaparecido de su lado para luego regresar minutos después, pálida como una hoja de papel, sus ojos revoloteaban con desesperación y, por un breve momento, pudo ser capaz de percibir que algo no iba bien con ella y, en nada.


 

Rígida como una piedra, se encontraba parada en medio de la puerta, su larga cabellera negra cubría la mitad de su rostro dándole un aspecto más oscuro de lo que de verdad podía encontrar en su interior. Ryan suspiro profundamente, la amaba tanto que una parte de él dudaba si todo lo que ocurría a su alrededor era verdadero, quería vivir una vida a su lado, lejos del odio, lejos de todo los problemas que los rodeaba gracias a necio hermano, quería escapar con ella y una parte de él supo que estaría dispuesta, por él, por los dos.


 

La idea había andado en su cabeza ya semanas, pues la sola oportunidad de imaginarse una vida lejos de lo que significaba su apellido lo hacía soñar con cualquier cosa y, si era a su lado, mucho mejor. Como los chiquillos esperanzadores, se vio más allá de las montañas, en un pequeño pueblo donde la paz reinara tanto como el odio que en ese instante veía sin reparo.


 

El sentimiento volvió a brotar de sus poros, tanto, que en un segundo de frenética emoción, murmuro mirándola a los ojos —: Huye conmigo.


 

La rígida había abandonado el cuerpo de Carol, el murmullo caló sus oídos de manera suave y refrescante, sin embargo, Ryan pudo ver más allá de su mirada como la duda empezaba a brillar en sus negras iris, su agarré sobre sus hombros se suavizó cuando, en un momento de tensión, ella se alejó.


 

—¿Qué? —susurro incrédula, luego de unos largos minutos, frunció su ceño mientras empezaba a frotar sus manos con nerviosismo, como siempre lo hacía cuando algo no le quedaba claro, pero por más que trataba de buscar su mirada, ella la apartaba.


 

—Ven conmigo, —volvió a proponer, hasta vez, un tanto ansioso —lejos de aquí, podemos rehacer nuestras vidas como siempre lo hemos soñado, los dos, juntos.


 

Juntos...


 

—Huir contigo, dejar a Scott y todo lo que su familia ha hecho por mí.


 

Una sonrisa brotó de sus labios, no era amable, ni tierna y carecía de todo lo bueno que aquel chico mostraba en aquel instante, Ryan observo como el rostro que tan bien conocía, se desfiguraba con astucia y malicia y, sin poder percibirlo, fue capaz de lograr ver un pequeño destello azulado en su mirada.


 

—Puedo hacer mucho más de lo que él ha hecho por ti, —hablo, con desesperación —déjame mostrarte lo que el mundo puede ser lejos de todo ellos.


 

Carol retrocedió, aún recia. La idea recorría su cabeza como un monto de cosquilleo en el frío del invierno, su respiración se dificulto con el pasar de los segundos y, por unos instantes, empezó a sentir como algo extraño y oscuro decidió nublar su mente.


 

—Esperas que nos escapemos, —balbuceó, pequeñas punzadas golpeaban su sien —vigilando nuestras espaldas del bruto de tu hermano, huyendo y viviendo como animales, no lo has llegado a creer, ¿cierto?


 

—El maldito de Scott te a separado de mí con sus tontas ideas de que somos peligrosas.


 

—No, él solo ha dicho la verdad y esto lo hago con mera lucidez porque yo ya no te amo —las palabras brotaban de sus labios sin consentimiento propio y, cuando quiso gritar por ayuda, sus ojos se vio envuelta en en aquella oscuridad, la misma que, sin reparo, empezaba a salir otra vez por sus labios. —Creí que lo hacía, pero veo esta noche con más claridad la clase de niño que eres, iluso y un tonto soñador de ver un cambio en esta insulsa familia, eres patético e indignando de cualquier clase de amor, Ryan.


 

—No dices la verdad, no piensas con la claridad que juras tener, tu me amabas hace minutos de salir por esa puerta, ¿qué ha cambiado?


 

La chica se resistió a seguir, no obstante, los golpeteos en su sien cada segundos palpitaba con frenética locura, una mueca surgió y sin poder detener lo que ocurrió a su alrededor, le dio la espalda, dolida y con deseos de llorar un mar de lágrimas, sin embargo, nada brotaba de sus ojos.


 

—Luego de todo, tú madre te abandonado aún sabiendo que no eres parte del descontrolado comportamiento de tu hermano, si la mujer que te dio la vida pudo irse y odiar una parte de ti que ella alguna vez amo de tu padre, —murmuro volviendo a posar sus ojos en él, con indiferencia, concluyó —¿qué esperanza quieres sentir tú?, Pobre niño abandonado.


 


 

Lágrimas traicioneras abandonaron sus ojos, Ryan tembló antes sus secas palabras y, no porque fuera ella precisamente quien se las dijera, sino qué, en pensar que podía confiar con otra persona que no fuera Damon en contárselo. Era un secreto, su secreto, de sus hermanos.


 

—Porque me dices todas estas cosas, tú más que nadie sabes qué...


 

—¡¿Qué?!, —exclamó, sin compasión —maltrato tú sensibilidad corazón con la pura verdad.


 

—¡Lo juraste, te confié!...


 

Una sonrisa aún más grande que la anterior adorno sus comisuras y, de nuevo, pudo ser capaz de ver aquel brillo en sus ojos.


 

—Yo no te debo nada y nunca lo haré, no somos iguales y, si pensaste lo contrario, hice muy mal mi trabajo.



Massiel29

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En el texto hay: lobos, brujas, vampiros

Editado: 14.01.2020

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