Emma, la caída de un ángel

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Capítulo 76

Jared

— ¡Emma!— grité desesperado por romper la pared que bloqueaba la entrada.

— Jared, detente. — Verno me tomó por la espalda y trató de parar mis golpes dirigidos a la pared. — Jared, basta, no puedes romperla y sólo conseguirás dañarte. — tomó mis manos en las suyas y después hizo que la viera a los ojos. — Tienes que calmarte.

— No me voy a calmar, Verno. — aparté sus manos con brusquedad y la mire con ojos asesinos. — Es Emma quien está ahí.

— ¡Baruck no se atrevería a herirla! — gritó para que parara mis golpes pero no lo hice.

Un estruendo se escuchó detrás de Verno y los dos volteamos, el techo de nuestra habitación había caído y puse a Verno detrás mío por si fuera Baruck.

Un cuerpo se lanzó por el hoyo que había generado y se sacudió el polvo.

— Dudo mucho que no se atreviera a hacerme daño. — dijo Emma mientras miraba su cuerpo en el espejo de cuerpo completo. — Las puertas nunca disminuyeron su velocidad y después chocaron entre sí.

Peinó su cabello y se dirigió al bolso que estaba tirado por entre los escombros, revisó que todo estuviera bien y nos vio.

— Estás viva. — dijo Verno algo asombrada.

— ¿Por qué no debería estarlo? — Emma frunció el ceño y se colgó el bolso de lado. — No hay que perder más tiempo, Baruck no va a tardar en venir. — Emma se colgó el bolso que había dejado y que por cierto ya no recordabamos ninguno de los dos.

Una explosión se escuchó detrás de la pared que bloqueaba la pared y después una seguida de la otra. Emma observó el muro fijamente después abrió los ojos con impresión y la pared que nos bloqueaba se derrumbó instantáneamente.

— No se irán con lo que me pertenece. — gruñó Baruck con una espada en mano.

— Nadie te pertenece. — le gruñí.

— No, Jared. — advirtió Emma posando su mano en mi hombro. Se acercó a Baruck y en un movimiento rápido le golpeó la cabeza dejándolo inconsciente en el piso. — Vámonos. Ya.

Nos dirigimos a la ventana y Emma voló primero mientras yo cargaba a Verno en mis brazos y la llevaba al hoyo de arriba donde se dirigía Emma.

— Vamos, no hay tiempo. — dijo Emma mientras tomaba mi mano y yo jalaba a Verno por pura inercia.

Nos abalanzamos al hoyo y caímos como unas bombas en el suelo generando un estruendo que había llamado la atención tanto de súcubos como de ángeles.

Las súcubos le gruñeron a Emma y ella les sonrió de lado retándolas.

— ¿Tienes mi espada, Jared? — me susurró y yo asentí descolgando la funda que colgaba de mi espalda. Se la entregué y ella la desenvainó poniéndola frente a sus ojos y tocándola de una parte del filo. — pugnare mihi.

¿Pelea conmigo? ¿Qué significaba eso?

Los brazos de Emma empezaron a llenarse de nuevo de venas con icor, su cara se deformó como la vez que habíamos luchado por última vez pero seguía teniendo el toque de la verdadera Emma.

Se abalanzó contra las súcubos y éstas lanzaron un alarido mientras corrían a Emma. Ella las partía con un sólo movimiento de su espada sin fallar en ninguna ocasión incluso su expresión en el rostro parecía de pura satisfacción por lo que hacía.

— Vaya, ella es impresionante. — se acercó Nerea con cansancio y observó como unas súcubos perseguían a Emma mientras ella sonreía. — No pensé que peleara tan bien, se veía tan asustada cuando bajó de esas escaleras.

Una súcubo la atacó por la espalda y Nerea la partió en dos con su espada, incluso las chicas se veían mucho más fuertes que las que pelearon en este mismo lugar por primera vez, aunque ya tenía a Emma esto era justo lo que quería y lo que Verno había logrado. Si no fuera gracias a ella nunca hubiéramos encontrado a Emma.

— ¡Emma! — gritó una voz desde las mismas escaleras por donde ella había bajado. Ella abrió sus ojos con gran impresión al ver a Baruck en la cima de las escaleras. — ¡No te atrevas a desobedecerme! ¡No me abandones!

Emma guardó su espada y voló por el hoyo que había en el techo.

Vamos, antes de que mande a alguien a perseguirnos, vámonos.

— Vamos, no dejen a nadie atrás, corran— les grité a todos los ángeles y empezaron a evacuar el área, unos que otros seguían luchando y se rehusaban a dejar la pelea en ese momento. — Milton. — le señalé a los ángeles que aún seguían peleando y luego le señalé el techo. — Vamos.

Ya había agarrado a Verno por la cintura cuando Nerea chocó contra nosotros, se sacudió y se levantó ayudándome y después ayudé a Verno.

— Perdona... Yo — volteó hacia todos lados buscando desesperadamente entre las cabezas que luchaban en el suelo. — Jared, no encuentro a Danniell. — dijo con una expresión asustada.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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