En el Foso

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CAPITULO 13. Secuestro

No recordaba con exactitud lo que había sucedido porque todo lucia confuso y como en un sueño, no se podía identificar las cosas con claridad pero hice el intento.

Recordaba la carta y después recordaba haber estado en un partido pero no recordaba con exactitud qué había sucedido después.

¿Me habían golpeado? Si, y una voz había llevado escalofríos a mi piel.

Entonces como si fuese una señal la cabeza comenzó a palpitarme y logre sentir una parte de la cara, fría.

Las manos me dolían quizá no tan fuerte como mi cabeza y las piernas las sentía incomodas, dormidas.

Cuando abrí los ojos todo se volvió borroso y quise hablar pero me di cuenta de que tenía una mordaza en la boca que hacia arder las comisuras de mis labios por lo fuerte que apretaba, una mordaza mojada por la saliva. Mis manos y pies estaban amarrados también y yo estaba echada en lo que parecían asientos de auto, colocada como si fuese un costal de papas.

Las ventanas estaban oscuras filtrando la luz que provenía de las lámparas de afuera por lo que adivine que serían lunas negras pero aparte de eso todo lo demás me fue difícil de percibir.

– Oh, estas despierta cariño –murmuro el hombre que me tenía amordazada.

No pude responderle ni soltarle la sarta de maldiciones que lo incluían a él y a su familia al igual que no podía sentarme porque los cinturones de seguridad me aprisionaban de una manera ingeniosa pero él, quien me contemplaba con total seguridad me puso los pelos de punta multiplicando el dolor de cabeza que antes tenía.

– Tranquila, no voy a hacerte daño.

Quise replicar recordándole que quien me había golpeado la cabeza había sido él pero no le di el lujo de que se regocijara en su trabajo, por lo contrario, me concentre en otra cosa contando mentalmente tratando de mantener mi temperamento o eso... hasta que sentí miedo, miedo al observar al chico que estaba sentado en la parte de abajo del auto, con la espalda recostada en la puerta y el resto del cuerpo, uno largo, doblado e inconsciente.

Temía un labio partido con un hilo de sangre bajándole hasta la barbilla, cabello hacia adelante, ya no llevaba una capucha. Lucia mortalmente pálido y estaba tan bien sujeto como yo aunque sin la mordaza porque lucia como si nunca fuese a despertar, él no lo necesitaba.

Levante la vista medio molesta y completamente aterrada, él rio cuando encontró mis ojos en los suyos por el retrovisor.

– ¿Un conocido tuyo? –negué con la cabeza tratando de darle una respuesta– ¿entonces quién es? –su ceño se frunció y su mandíbula se apretó pero un coche patrulla paso por al lado de nuestro carro iluminándolo temporalmente de rojo y azul, algo que capto más su atención.

Malditos idiotas, pensé. Yo estaba siendo secuestrada por este chico y no se enteraban de nada.

Me moví tratando de liberarme pero él se molestó y entonces se estaciono como si tuviera todo el tiempo del mundo para después acercarse a mí.

Seguí moviéndome dispuesta a tratar de golpearlo pero él no me dio tiempo de eso, por lo contrario, levanto una mano con una inyección a la vista y al siguiente segundo, con la música enmascarando mis gritos a través de la mordaza, me lo puso.

– Ahora dormirás tranquila, lo necesario para llegar a nuestro destino.

Caí dormida muy a mi pesar.

Cuando desperté me había sentido desorientada pero luego me había dado cuenta de que no estaba sola y de que la poca iluminación de la habitación significa que estaba en un cuarto, probablemente encerrada.

A mi cabeza vinieron diferentes posibles maneras de cómo podría reaccionar ante tal situación pero ninguna me pareció correcta porque por el momento aunque estaba asustada, también era consciente de que me encontraba bien, eso sin contar el chinchón en mi cabeza que me incomoda por estar en el suelo y quizá una leve fiebre.

Abrí mi boca probando si podía mover la mandíbula y después la deje cerrada de manera adolorida.

Bien podría gritar pero si eso funcionase entonces no me habrían sacado la mordaza, o al menos la parte lógica de mi creía eso.

Otro detalle, hace frio y sabía que ya no estamos en Buenos Aires, Argentina.

– Estas despierta.

Habló otra voz en la oscuridad.

Había buscado la voz masculina de inmediato, una voz que hacía a mis nervios hormiguear, una suave vos, profunda no de manera gruesa pero sí melodiosa. Una vos que hace unos días antes había oído cantar y quería creer que podía sacarme de este sueño.

No conteste hasta que lo vi.

Él estaba frente a mí, al otro lado de la habitación con la penumbra de esos ojos grises observándome. No puede captar mayor detalle que eso e inconscientemente me encuentre buscando algún otro dato de nuestro entorno.

Paredes y suelo de madera. Una mesa a un costado de la única ventana pequeña y alta la cual solo mostraba oscuridad. Posiblemente una despensa a mi izquierda y por donde estaba Landon una puerta que tiene tres manchas oscuras, así que deducía que eran seguros para no dejarnos huir.



Alejazul

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En el texto hay: amor y aceptacion, secuestro, muertes

Editado: 28.01.2019

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