En Otra Vida

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Prólogo

02 de Octubre de 1990

- Eres un idiota, a final de cuentas merecías morir - la pequeña voz de la joven junto al féretro se inundaba con sus lágrimas que caían de una a una sobre sus mejillas.

- Ojala estuvieras aquí para poder decírtelo de frente, maldito imbécil - a pesar del enojo de la joven, la tristeza era el sentimiento predominante.

Un apuesto muchacho de cabellos tan negros como su ropa se acercó a la chica sollozante. La habitación en la que se encontraban era inmensa, y la mayor parte de las personas que ahí se encontraban eran desconocidos para la muchacha junto al ataúd, todos vestían sus más elegantes ropas negras y un montón de cámaras y reporteros estaban al tanto de todo lo que ocurría, el olor a flores junto con el de las velas y el de la muerte ahogaban el ambiente.

- Verónica, deberías tomar un descanso no te ves muy bien - el joven de cabellos negros vestía una cazadora negra y botas de motero desgastadas, todo su atuendo combinaba con sus ojeras y barba de un par de días sin rasurar.

- No me iré, le prometí al imbécil de ahí dentro que lo atormentaría toda mi vida si me dejaba - Verónica apuntó al féretro y siguió sollozando.

- Sé que esto es muy difícil para ti que Leo se haya ido, pero necesitas dormir.

- No me iré, se lo prometí - esta vez los pequeños sollozos se convirtieron en un llanto desolado y desgarrador, a lo que la prensa que estaba presente respondió con flashes de sus cámaras.

- ¿Por qué no me hizo caso y dejó esa porquería antes de que lo matara? - el joven de las botas desgastadas contuvo sus lágrimas apretando los dientes y se acercó aún más a la chica desconsolada para abrazarla. Más flashazos volaron.

- Ven, debemos dejar este lugar antes de que te desmayes.

- ¡No, por favor no me hagas irme! - ante esas palabras el muchacho no tuvo más remedio que hacerle caso - quiero estar con él.

Algo en el joven estalló al escuchar lo último que había dicho la Verónica. Sin poder contenerse soltó el delicado cuerpo de la joven y salió lo más rápido que pudo de la habitación con lágrimas escurriendo de los ojos.

Verónica se encontraba sola de nuevo frente al féretro, esta vez tuvo el valor de posar una de sus manos en la madera tallada del ataúd.

Los recuerdos eran dolorosos y lejanos, el nudo en la garganta de la chica se hacía más grande con cada respiración y el final de su sufrimiento parecía inexistente. Los momentos que habían vivido juntos se reproducían sin piedad en la cabeza de Verónica, cada una de las palabras que Leo le había dicho resonaban en sus oídos como una tortuosa canción. Sabía que él nunca se iría de ella por más que lo intentara, era cuestión de tiempo para que la muchacha comenzara a desmoronarse poco a poco.

- Te lo dije, amor - los ojos de Verónica no se separaban del lugar en el que Leo yacía - Te dije que acabaría mal para los dos, pero eres un testarudo que nunca escucha.

Ahora las palabras que la chica profesaba se perdían en el silencio de la habitación, Leo ahora ya no escuchaba pero Verónica aún no lo comprendía por completo, le habían dicho que el tiempo sanaría sus heridas, pero el tiempo solo era como el jugo de un limón.

- Te juro que estaremos juntos de nuevo, así sea en otra vida - más lagrimas brotaron de los ojos de Verónica y tapándose la boca con la otra mano logró vocalizar - Nada me podrá separar de ti en nuestra próxima vida.

Y sus palabras, se volvieron realidad.



Sandra GarCe

Edited: 09.12.2018

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