En Otro Tiempo

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CAPÍTULO 1

Asesinato, muerte, sangre, dolor, homicida... Yo debí estar muerta o al menos, hasta donde tengo entendido, voy a morir, pero ¿Quién? No recuerdo haber tenido conflictos con alguien, tampoco es que diga que soy la persona más afable del mundo pero... Creo que para que alguien llegue a cierto extremo debe tener una muy buena razón.

Me sentía asustada, desconcertada, alegre, triste, la verdad es que no sé qué es lo que siento. Mi estómago estaba hecho un revoltijo de emociones, sentimientos que, cosa que no me había pasado antes, se habían intensificado ¿Qué debería hacer?

— ¿Entonces tú crees que Tini está con Yatra? —preguntó el ojiazul al momento que en husmeaba en mi lapto—. Yo digo que sí, hacen bonita pareja. Además, ella no está mal.

Vale, no puede ser real. De seguro Gasparín me está gastando una broma muy pesada. Le he estado dando muchas vueltas a un asunto sin sentido, lo que debería hacer en estos momentos es tomar un poco de aire fresco y relajarme, esto va a pasar... esto va a pasar.

— Saldré a pasear por unos momentos —comenté, convencida de que si lo decía en voz alta las cosas dejarían de tornarse raras. Me acerqué a mi armario para tomar un abrigo, se hacía tarde y entonces el frío haría su aparición—. No me esperes.

— ¡¿Uh?! ¡¿Qué!? ¿Estás loca? —paré en seco al ver que Gasper me obstruía el pase para poder salir de mi habitación—. ¿Qué parte de que un maníaco está suelto por ahí esperando a que des un paso fuera para poder acabar con tu vida no entendiste?

Sonreí con ironía— La parte en la que todo esto no es más que una pésima broma —volví a dar un paso al frente estirando mi brazo con la intención de hacer girar la perilla, pero al parecer Gasparín se rehúsa a que yo puedo cumplir mi cometido— ¿Y ahora qué? Déjame salir.

— ¿Crees que todo esto es un chiste? —lo miré con evidencia, alzando las cejar para completar mi expresión, él solo bufó—. Vale, yo solo quiero cumplir con mi deber, pero tú me la haces muy difícil.

— ¡Ay! ¡Ya deja de actuar! ¡Nada de lo que dices es verdad, todo esto es solo una guasa! —respiré profundamente para continuar hablando, antes de que aquel individuo me interrumpa—. A ver, empecé mal mi mañana y por eso estoy así, tú no eres más que parte de mi imaginación. Así que, cerraré los ojos, contaré hasta tres y tú ya no estará ahí parado. Uno... Dos... Tres... —con un ápice de temor abrí el primer párpado, luego el otro. No había nadie—. ¿Ves Eli? Ya pasó, no estás loca después de todo.

 

* * * * * * * * * * * * * * *

 

De no ser por la anciana de 68 años (apróx.) seguramente no me hubiera dado cuenta de que mis piernas estaban temblando y de que si no me enfundaba mi chaqueta cogería un resfriado, pasado mañana empiezan los parciales en mi colegio y no puedo faltar, más quisiera yo.
Sin ser descortés, mi despedí con un simple "adiós" de la abuela y me dispuse a dar marcha hacia la salida del parque infantil ¿Qué?, no es raro que una niña que pasa de los 15 vaya a un lugar así..., raro sería que con mi edad quisiera ir a un "Casino" o vestirme de "Conejita Playboy".

Con intención de poder llegar a casa, y teniendo en cuenta que no cogí suficiente dinero al salir, me dispuse a cruzar la pista y poder ir a la plaza, ahí había una parada de autobuses. Al llegar al letrero tomé asiento en el banco de color blanco, aunque con lo sucio que estaba parecía crema, en eso  me di cuenta de que no había nadie más que yo ahí sentada, mejor, no quería compañía, necesitaba estar sola.

— ¡Eh! ¡Eli! —vale Liz, dile adiós a la soledad. Al saber de qué dirección provenía la voz giré el rostro por el lado contrario, disimulando el no haber escuchado nada y estar distraída—. ¡Lizzy! — ¡Pero que persistente! Cada vez la voz era más audible, se acercaba; así que, me levanté con la in tención de poder irme de ahí… demasiado tarde mi reacción— ¡Elizabeth!

— ¡¿Pero qué diablos quieres?! —«Dios Santo, muérdete la lengua y piensa rápido»—. Martín, amm...

— ¿Amm...? —jugó imitando mi voz—. Oye, primero, me dolió lo que dijiste; segundo, si tienes hambre podemos ir a comer, pero tú invitas.

— Lo siento ¿Qué haces aquí? ¿No es muy tarde? —traté de mantener la calma. «Rayos ¿No dicen que por la boca muere el pez?»

— Eso mismo venía a preguntarte —sonrío y metió las manos en el bolsillo de su abrigo, se veía tan lindo con aquel sobretodo de color crema—. Yo acababa de salir del cyber y te vi; entonces, para no estar solo, decidí acompañarte.



La Española

Editado: 20.06.2019

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