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Capítulo 02

“En un calabozo iluminado sólo por el fuego de las llamas de las antorchas una chica llora en soledad. Su rostro, escondido entre sus rodillas, yacía húmedo debido a su llanto. Pronto, escuchó pasos aproximarse y levantó la cara. Su fleco castaño cubría sus ojos llorosos.

-Elizabeth Lawler. – Pronunció un viejo señor vestido de blanco.

-P-Padre Aldrich… u-usted, ¿va a sacarme de aquí, verdad? – Habló ella apegando su tembloroso cuerpo a la reja de la celda.

El hombre la miró con pena y bajó la mirada.

-Elizabeth, yo…-

-¿Está todo listo, Padre Aldrich? – Interrumpió otro hombre, al parecer también perteneciente a la Iglesia.

Elizabeth no comprendía lo que ocurría, sólo observaba confundida. Aldrich asintió y el otro hombre sonrió. Con una seña hizo que dos hombres se acercaran, abrieron la celda y sujetaron a Elizabeth con fuerza. Ella forcejeó asustada.

-Elizabeth Lawler. – Habló el hombre y levantó el rostro de la chica, descubriendo sus ojos dorados. – Esos ojos se ven peligrosos, ¿no cree usted, Padre Aldrich? – Éste sólo apartó la mirada.

El hombre soltó su rostro dio media vuelta para acercarse al Padre Aldrich, quien sostenía una bandeja con un antifaz de acero. Él la tomó entre sus manos y volvió a Elizabeth.

-¿Q-qué es eso…? ¡¿Qué va a hacerme?! – Exclamó ella pero él rió. – ¡Aléjese de mí!

Su llanto y gritos desesperados llenaron el pedregoso calabozo, el hombre fundió el antifaz al rostro de Elizabeth mientras rezaba.

-Oh, gran señor de los Cielos, protégenos del mal que acecha dentro de esta mujer. El poder del Dragón de la Destrucción reina dentro de ella y podría escapar mediante esos ojos malditos. – Oró. – Bendice este sagrado antifaz forjado con acero.

Aquellos gritos cada vez se hacían más y más perturbadores. De pronto, los muros del calabozo cayeron, aplastando a aquellos miembros de la Iglesia; un enorme Dragón había irrumpido en el lugar.

Elizabeth yacía temblando en el suelo, sujetando su rostro adolorido. El Dragón se acercó y con su hocico la ayudó a levantarse. Ella lo reconoció y acarició mientras lagrimeaba.

-Gracias, por venir a rescatarme. – Le agradeció ella y el Dragón suspiró. – No, tranquilo. No llegaste tarde. – Sonrió. – Sácame de aquí. – Pidió y se subió a su lomo.”

***

Elizabeth despertó de aquel sueño, de nuevo ese sueño. Se levantó de la cama y tocó su antifaz recordando aquel dolor. Sintió ganas de ver a Camila, de seguro estaba cantando; quería oírla.

Fue a la mazmorra y con una sonrisa en su rostro la llamó:

-¡Camilaa! – Gritó pero se le hizo extraño no escuchar sus cánticos. – ¿Camila?

Al adentrarse en la mazmorra, aquella escena la paralizó por completo: El Dragón yacía despierto hurgando los restos del cuerpo de Camila.

El brazo de la chica, reposaba alejado del Dragón, era lo único que se había salvado.

Elizabeth miró esto horrorizada y su grito de dolor se dejó oír en toda la caverna. Esto era lo que ella más temía. Ese Dragón era un monstro, fue una estúpida al creer que podría ser un ser pasivo.

El dolor de su antifaz no se comparaba con el dolor de haber perdido a Camila. De seguro se había desmayado antes de la hora segura y el Dragón despertó lleno de odio.

¿Qué podía hacer ahora? Perdió a su mejor amiga… la única que la comprendía y ayudaba, su compañía en la oscura soledad en la que habitaba.

-No debo perder tiempo. – Habló tratando de recuperarse. – Debo enviar una postal al Reino.

 

**To be Continued**



Cmrb19

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En el texto hay: fantasia, tragedia, aventura

Editado: 02.01.2019

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