En tu Casa o en la Mía

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Capítulo 14

 

Levantarme esta mañana no fue fácil. Anoche Vincent no me envió ningún texto, lo cual me decepcionó un poco. Recordé lo de ir más despacio, así que opté por no enviarle nada tampoco. No quiero que crea que soy una intensa. Arturo me llamó a las siete para confirmar su presencia hoy en la revista y prometió llevarme un presente. Las galletas de coco dieron resultado, pues Cam le abrió la puerta a Adam esta mañana. Se despidieron muy sonrientes los dos. ¡Necesito sexo!

—Buenos días, Alec. Luces cansada, querida. —Saluda Brenda. Ella por el contrario luce esplendida.

—No tuve una buena noche.

—Oh, Cariño. —Saca unos sobres verdes de su escritorio y me los extiende—. Ten, tómate uno de estos y te sentirás mejor.

—¿Qué es? —Lucen como aromáticas. ¡Odio las aromáticas!

—Es guaraná. Te va a dar energía. —Sonríe.

—Oh, bueno. Gracias. —Tomo los sobres y me retiro a mi oficina.

—Buen día, señorita Alec. —Saluda Eunice.

—Buen día, Eunice. —Camino directo a mi escritorio y le solicito a mi asistente, me prepare el guaraná. Debo ponerme en acción.

Diez minutos después, Arturo llega. Lo presento con Zamara a la cual le agrada inmediatamente. Nos informa que debe firmar el contrato y le pide a Brenda que lo lleve a su nuevo escritorio.

Mientras Arturo se presenta, reviso mi blog, para ver si puedo encontrar algo con qué iniciar esta semana. Efectivamente, mi pregunta ya tiene varias respuestas y publicaciones, Eunice viene y me acompaña para filtrar lo importante.

Hay varios comentarios. Algunas mujeres manifiestan que se callan, pues temen decirle a sus esposos cómo se sienten y sus principios no les permiten ser infieles; otras sí hablan perfectamente de todas sus aventuras extra matrimoniales, incluso alguna da a su amante el calificativo de “Auxiliar de servicios extraconyugales”, lo cual me hace reír, a Eunice no tanto. Una usuaria de nick Iris llama mi total atención.

Iris: ¿Qué tal Medusa?

Llevo doce años de casada, mi esposo es un hombre amoroso y comprensivo, pero en la cama era un total fiasco. Sé que suena duro, pero es la verdad. Él fue criado bajo unos principios religiosos que lo limitaron en cuanto a exploración y libertad sexual. Cuando nos conocimos, él estaba haciendo el curso para ser sacerdote, tenía sólo dieciocho años (por supuesto su familia me odia). Dicha familia lo instruyó en cuanto a que el sexo es algo vergonzoso y sucio, estaba prohibido dar y experimentar el placer; algo que considero muy extremo. Yo tenía diecinueve años y una historia de cinco novios. Por supuesto, no era virgen y ya había experimentado muchas cosas. En fin, fue amor a primera vista.

Salimos por un tiempo, nos enamoramos cada vez más y después de una lucha con su familia y la mía, nos casamos. Un año después aún no teníamos relaciones sexuales.

Nuestra primera vez fue espantosa. A pesar de que él estaba excitado y apenado a su vez, tanta presión hizo que terminara demasiado rápido. Fue un poco decepcionante para mí, pero comprendí que era algo desconocido para él. Con el tiempo las cosas no mejoraron, él se preocupaba tanto por rendir ante mis ojos que esa presión y ansiedad le hacían eyacular antes que yo lograra mi orgasmo. No lograba estimularme de la forma adecuada y en ocasiones llegó a lastimarme (cualquiera hubiera renunciado pero yo lo amo). Preocupada por ello, empecé a consultar con médicos; hasta que un día hablé con una sexóloga, la cual me informó que un encuentro sexual debe ser participativo e incluyente, me mostró el hecho de que si yo no conozco mi propio cuerpo, mis puntos de placer y deleite, ¿cómo puedo esperar que otro lo haga? Me enseñó cómo estimular a mi esposo adecuadamente, cómo retrasar su eyaculación, trabajar la respiración, la relajación y también me mostró todas las ayudas que a la hora de la intimidad pueden rendir a la pareja.

Hoy en día, aunque mi esposo no es un completo salvaje en la cama, tenemos muchas ayudas y muchos juegos que nos dejan a ambos siempre satisfechos.

Considero que en un matrimonio o relación de pareja formal o no formal, la comunicación y la confianza son indispensables para poder conocer y comprender el cuerpo y amor del otro.

Saludos,

Iris.



Maleja Arenas

Editado: 11.07.2019

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